Globos de Oro

El movimiento Me Too- A mí también- se tomó la premiación de los Globos de Oro. Vimos desfilar trajes y vestidos negros que buscaron resignificar el sentido de la alucinante y frívola alfombra roja.

Los noteros ya no hablaban del diseñador o de quien es la mejor o peor vestida, al menos el canal farandulero que yo ví, pues fue inevitable comentar el sentido del negro y de las acompañantes de muchas actrices que, en una acción sorora perfectamente organizada, llevaron a mujeres dirigentas de movimientos sociales que luchan por la igualdad de género en distintos ámbitos de Estados Unidos.

Pero la acción no se quedó en la ropa o en las acompañantes. La transmisión mundial de este evento sirvió como parlante, a veces de forma directa y otras veces como sarcasmo, de la tremenda brecha que existe entre hombres y mujeres de la industria cinematográfica.

Natalie Portman, por ejemplo, no calló cuando leyó los nominados a mejor director e hizo notar que eran sólo hombres y la necesidad de mostrar a muchas directoras mujeres que están por ahí.

Y es que así es el mundo del arte, lamentablemente. Una vez en una clase de historia del teatro argentino, en el año 2015 y a semanas de la primera marcha #NiUnaMenos, un compañero preguntó cuantas mujeres dramaturgas veríamos en el cuatrimestre. El docente quedó pasmado, ninguna dijo.

Cómo es posible que en toda la historia del teatro argentino no haya ninguna dramaturga digna de enseñar en la Universidad Nacional de Artes, pregunté. Es cierto dijo, es algo que hay que reparar comentó el profesor, un poco avergonzado diría yo.

Y si, porque en el arte como en todas las otras disciplinas o quehaceres de la humanidad el patriarcado caló hondo y nos discrimina por nuestra condición de género. Qué paradójico, pienso ahora que escribo, dentro del pensamiento patriarcal siempre el teatro o la actuación fue ligado a lo femenino. Recuerdo comentarios de los mayores cuando se enteraban que el hijo de tal iba a ser actor, ese debe ser maricón decían.

No se como será ahora, cuénteme.

Pero bueno, esta desigualdad de género en un mundo tan sensible y maravilloso se expresa en el no reconocimiento del trabajo y también en situaciones macabras como el acoso y el abuso sexual. Acciones disciplinantes que nos recuerdan nuestro lugar, aún en espacios libres y de máxima creatividad.

Es triste, porque son tus pares, tu igual, muchas veces tu partner de escena, compañeros que no logran deconstruir el viejo discurso de que estás ahí por ser una mujer fácil y no por ser una persona que vibra con su trabajo y que gusta de su cuerpo desinhibido.

El acoso es una constante de nuestras vidas, en la calle, en la escuela, universidad o trabajo lo vivimos minuto a minuto. Es probable que mientras escribo o lees esta reflexión miles de mujeres estén siendo acosadas en el mundo. Durante décadas nos callamos pero hoy hemos dicho basta.

Muchas cosas nos diferencian con las actrices de hollywood. Pero hay algo que nos pone a la par. Somos mujeres que vivimos día día con la condena de serlo en este mundo capitalista y heteropatriarcal. Que nos castiga por plantar nuestra bandera en el espacio publico negado para nosotras y que por el sólo hecho de habitarlo pasamos a ser parte de lo público por lo tanto de libre posesión de los machos.

Como todos los lugares en el mundo del arte también tenemos que deconstruirnos, decolonizarnos, despatriarcalizarnos y convertirnos en amplificador de igualdad y equidad.

Me gusta lo que sucede con las mujeres de hollywood, me gusta que con sus acciones nos pongan como protagonistas de esta gran escena que es la vida. Que nos conviden a la rebeldía y a la militancia feminista. Compartamos su lucha, construyamos la nuestra.

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