Por Agus Villa*

La Cámara de Senadores de Argentina tenía una cita con la historia el #8A: aceptar o rechazar el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que venía con media sanción de la Cámara de Diputados. Después de unas 8 horas de debate, 38 votos negativos con 2 abstenciones 1 una ausencia, dieron la victoria al rechazo del proyecto contra 31 votos positivos. El debate por el aborto legal fue uno de los más vistos en la historia de nuestro país y también fue para muchxs el primer debate legislativo que presenciaban. La movilización popular que significó en la sociedad este debate, generó que mucha gente viera por primera vez, desde la sesión en Diputados del #13J, conociera y escuchara, a los y las legisladores que eligieron con su voto. Muchxs que conocieron la frustración por una representación que no estuvo a la altura, ni siquiera pretendió querer estarlo, de las convicciones de toda esta generación de ciudadanxs politizadxs y movilizadxs.

Cuando llegás tarde a tu cita con la historia

Lxs senadores y senadoras, perdieron la oportunidad histórica de ser parte de una de las ampliaciones de derechos más importantes para las mujeres y de avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria para todxs. Desoyeron interesadamente el clamor popular que pedía a gritos, bombos y lluvias de glitter, que legislaran sobre una realidad que afecta a la vida social de miles de mujeres y niñas en nuestro país. Decidieron anteponer sus creencias personales, religiosas y machistas antes que atender una cuestión de salud pública y avanzar en la resolución de una de las situaciones que más desigualdad de género propicia en nuestra sociedad.

Los senadores y senadoras se perdieron la oportunidad de  garantizar el derecho de las mujeres o personas gestantes a acceder a la interrupción voluntaria del embarazo. Y con ello, perdieron la oportunidad de transformar la situación de clandestinidad en la que se realizan aproximadamente 500 mil abortos al año. Perdieron la oportunidad de proporcionar condiciones salubres y seguras para realizar una práctica milenaria que seguirán practicando. Perdieron la oportunidad de tener estadísticas reales y confiables sobre la cantidad de abortos que se realizan en Argentina, poder generar un comparativo entre provincias y regiones para apuntar soluciones territoriales específicas. Perdieron la oportunidad de crear consejerías con información adecuada, atención previa y posterior a la interrupción voluntaria del embarazo de carácter médica, social y psicológica. Perdieron la oportunidad de permitir a niñas y adolescentes (menores de 16 años) terminar un embarazo producto de una violación de manera autónoma, sin tener que recurrir a su violador y otros encubridores, sin tener que pasar por la humillación de buscar en quién confiar y no las traicione. También, para personas con capacidad restringida.

Perdieron la oportunidad de incorporar “personas gestantes” en el Código Penal. Perdieron la oportunidad de condenar a la autoridad o profesional de un establecimiento de salud que obstaculice o niegue un aborto en los casos legalmente autorizados y de crear un listado de objetores de conciencia donde pudieran respaldarse legalmente aquellxs médicxs que no quisieran ejercer la práctica; resguardarlos a ellos y a todas las personas gestantes con el derecho a ser bien atendidxs. Perdieron la oportunidad de garantizar los derechos a la dignidad, la vida, la autonomía, la salud, la integridad, la diversidad corporal, la intimidad, la igualdad real de oportunidades, la libertad de creencias y pensamiento y la no discriminación. Perdieron la oportunidad de legalizar el aborto, porque la despenalización no alcanza y no es suficiente.

Perdieron la oportunidad de aprovechar la mirada del mundo: de ser ejemplo, de ser la llama que prende a todo un continente para rejuvenecer su lucha contra el machismo.

Perdieron la oportunidad de ampliar los horizontes de su lugar político y representar a las nuevas generaciones: las que crecieron al calor de la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad de género, las que no se conforman con la legislación que avala desigualdades sociales y estructuras de poder inequitativas. “Las chicas piden que reglamentemos lo que ellas ya ganaron en la calle: poder decidir” dijo en su intervención Ana Almirón, senadora del FPV-PJ por Corrientes.

Se perdieron modificar una ley vigente desde el año 1921. Probablemente porque sus ideas, sus convicciones y su forma de hacer y pensar la política siguen en 1921.

Afuera la juventud, adentro los dinosaurios

El presidente del Interbloque Cambiemos por Formosa, Luis Naidenoff, cerró el debate diciendo que “La historia nos demuestra que cuando se trata de ampliar derechos y autonomía, la sociedad siempre está a la vanguardia y la política, un paso atrás”.

Lo que pasó en el senado nada tuvo que ver con lo que pasó afuera; no pudieron resolver en el recinto lo que las mujeres ya resolvieron en la calle: sacamos el aborto del closet; ya no es tabú, lo hemos contado, lo hemos socializado, lo pusimos en escena y demostramos que es una realidad de todos los días, de todas las mujeres y personas gestantes, de todas las clases. Toda emoción que contuvo y vivió la calle, las reuniones, los volantes, las redes sociales, las movilizaciones, la articulación transversal, la aglutinación generacional, no tuvieron correlato en el Senado; quedaron fuera y lejos del recinto. El resultado estuvo lejos de reflejar y representar a una sociedad que avanza cada vez más sobre el reconocimiento de sus derechos, que encuentra su punto de partida en una realidad que no le es suficiente y pone en su horizonte la posibilidad de que las instituciones garanticen una realidad mejor.

“Vencerán pero no convencerán” dijo potentemente Miguel A. Pichetto en el discurso de cierre del bloque Justicialista, ante la inminente victoria del rechazo del proyecto. La sensación de desamparo ante la brutalidad de los argumentos esgrimidos por quienes votaron en contra, demostrando un profundo desconocimiento de la realidad de las mujeres y niñas en nuestro país, es alarmante. Una amiga me despertó esa mañana diciendo que “le provocaba miedo” que gente así fuera la que decide sobre nuestros cuerpos. Porque no es sólo por el desconocimiento en sí, sino por la falta de empatía para revertir ese desconocimiento; la falta de vocación a la hora de investigar y conocer sobre qué se está decidiendo y legislando. La mayoría de los senadores fueron a decir lo que pensaban, sin mediación alguna de argumentos políticos, económicos o sociales. Una incluso reconoció no haber leído el proyecto que se estaba tratando. Evocaciones a experiencias personales, madres e hijxs; a la iglesia, amigos sacerdotes y curas. Conclusiones apresuradas y sin fundamento sobre reacciones físicas y psicológicas en la mujer. Reclamos insólitos sobre los derechos de un embrión. Hablar del aborto como si significara el fin de la vida humana, “si no existiera la vida, no existiría este Senado” se apuró a decir el senador del PRO por la Provincia de Buenos Aires, Esteban Bullrich que además, es ex Ministro de Educación de la Nación.

Los chistes y memes de dinosaurios explotaron las redes: las paredes del Senado separaban el futuro y el pasado, lo nuevo y lo viejo. La senadora Nancy González, del bloque FPV-PJ por Chubut, instó a sus compañeros de recinto “¿Qué estamos esperando? ¿Que venga otra generación a votar esta ley?”. Parece que sí. De los tres senadores con los que cuenta la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sólo Fernando ‘Pino’ Solanas (Proyecto Sur-UNEN) votó a favor del proyecto. La grieta no es “capital o interior” como nos quisieron hacer creer desde el discurso antiderechos: es modernidad o medioevo.

El futuro está en la calle y, si algo vimos ayer, es que esta representación política les queda muy, pero que muy chica. La ley no saldrá este año ni el que viene, será el siguiente. Y ahí estaremos y seremos todavía más. Que festejen hoy los antiderechos, anti mujeres, lesbianas, trans y travas: el hoy todavía es suyo; festejen sobre las cenizas de lo que ya empezó a desaparecer. Nosotrxs ya empezamos a festejar el mañana.

Como dice la frase que escribió Charly pero que ya es de todxs: los dinosaurios van a desaparecer.

¡Que sea Ley!

 

*Agus es politologa y militante feminista.

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