Por Vane Mari*

Este jueves se estrenó la película “Marylin”, un largometraje inspirado en hechos reales.

Marcelo Bernasconi hoy es Marilyn y está condenada a cadena perpetua por haber matado a su madre y a su hermano cuando tenía 18 años. Cambió su identidad sexual estando detenida en la Unidad 32 del complejo penitenciario de Florencio Varela, provincia de Buenos Aires; sus días transcurren en el pabellón 11 de esa Unidad, uno de los pocos destinados a personas trans.

En el año 2009 protagonizó un doble crimen que conmocionó al país, atravesada por el desprecio, la discriminación y el hostigamiento familiar por su orientación sexual terminó con la vida de su hermano primero y su madre después, a ambos les disparó por la espalda y a sangre fría. La vida de Marilyn era un infierno y ya estaba condenada pero por la sociedad y la familia porque era el puto, el raro, el oprimido, el que tenía que silenciar sus sentimientos por el que dirán. ¡Era la vergüenza de la familia!  Pero a todo eso le puso fin y aunque es consciente que tiene que pagar por esos homicidios, en el penal encontró la libertad de ser quien se siente, Marilyn.

Esta historia de dolor, odio, emoción violenta y rechazo a la diversidad tiene a la pantalla grande como espacio de reconstrucción de los hechos, que en una co-producción chilena y dirigida por Martín Rodríguez Redondo ya obtuvo su premio mayor en el Festival LGBTQ de Tel Aviv en el Medio Oriente en junio de este año y que desde el 11 de octubre ya se puede ver en los cines argentinos.

Marcelo desde jovencito sintió que su sexo biológico no le pertenecía, no se reconocía como tal, no cabía en su cuerpo la hombría. Nació en Bartolomé Bavio un pueblo en las afueras de La Plata, ser pueblerino y homosexual no es compatible y  el trabajo de campo es para ¡machos!   Su vida estuvo invadida por rechazos, discusiones, falta de contención y comprensión familiar respecto de su orientación sexual y se tenía que hacer macho a la fuerza, ocupar el lugar de su padre como jefe de familia y hacer el trabajo rural luego de que este falleciera.   Tuvo una crianza contradictoria, su madre deseaba que naciera mujer pero fue hombre y será porque tuvo una maternidad frustrada que a lo largo de su infancia le compraba al niño muñecas, vestidos y sandalias pero cuando Marcelo ya de adolescente le confesó a su madre que era homosexual sólo recibió agresiones y rechazos. También sufrió la humillación de los mismos pueblerinos, muchos de los hombres que durante el día la despreciaban, a la noche la llamaban para tener sexo. Soportó todo tipo de  injusticias  pero hubo algo que no pudo tolerar y fue que su propia madre y su hermano lo culparan por la muerte de su padre quien falleció producto de una enfermedad terminal pero su papá no sólo sabía de la homosexualidad sino que también lo aceptaba.

Marilyn lleva varios años detenida y a pesar del dolor por lo ocurrido busca salir adelante, terminó sus estudios secundarios estando privada de su libertad con  promedio diez, es preceptora de la escuela que funciona en la Unidad 32 y es muy responsable en sus tareas; se permite soñar con que algún día puede ser una periodista o profesora de biología pero sobre todo se permite sonreír, algo que no hacía Marcelo.

-¿Qué sentiste cuando te propusieron hacer la película y qué te pasó cuando la viste terminada?

-Marilyn: Cuando me llego la propuesta de la película por parte de Martín Rodríguez quien es el director y fue el guionista, yo lo primero que pensé  fue que sería un documental, más apuntado a eso. Tuve cinco, seis encuentros de varias horas con Martín donde fue grabada toda nuestra conversación donde yo contaba lo que había sido mi vida; eso fue hace seis años atrás y Martín se dedicó a escribir el guion, cuando estuvo todo me volvieron a visitar los productores y me dijeron que ya se estaba filmando la película y que tal vez no encuentre mi historia en primera persona porque tenía mucha ficción. Yo pensé que me iba a encontrar con cualquier cosa, esperaba otra cosa y cuando me trajeron la película que fui la primera persona que la vio había un 80 por ciento de realidad, yo tenía sensaciones, aromas del campo, fue algo muy mágico, era verme yo dentro de la película. El protagonista que es Walter Rodríguez y hace de mí tuvo gestos que yo creo que los especificó el director, muy parecido a mí, así que me sentí y me siento muy identificada con la película.

¿Cómo llevas tus días en el penal militando tu sexualidad en este contexto tan machista?

-Marilyn: El servicio es muy militarizado y allá por el 2010 cuando di mi primer paso como Marilyn era muy distinto: no se podía salir del pabellón vestida de mujer, maquillada o usar el pelo suelto. Fueron años de luchas, ponerse una remerita  ajustada y que el servicio te negará salir o te metiera para adentro y al otro día insistir con la misma remera o perseguir al jefe de requisa hasta que  autorizaba la entrada de algún maquillaje.

El servicio y el área sanidad nos llamaba por el nombre masculino. Luego de tanta lucha logramos que sanidad nos llamará por nuestro nombre femenino poniéndolo en grande en las historias clínicas. Hoy por hoy hasta el jefe de penal nos llama por nuestro nombre.

En lo personal soy muy militante por los derechos y la diversidad.

Esta historia de Marilyn es una de las tantas que atraviesa la comunidad LGTBQ que luchan día tras día para visibilizar quienes son y quienes se sienten. Pelean contra una sociedad que les dice que es lo que está bien y que es lo que está mal, les hablan de valores, moral pero se olvidan de la persona que vive, sueña y planea la felicidad a su medida.  La película de Marilyn pone ante nuestros ojos un relato que nos hace permanecer en silencio durante algunos minutos y pensar cuantas Marilyn aún están construyendo y reconstruyendo sus vidas, cuántas de ellas aún están buscando un lugar en el mundo, sin rechazo, sin discriminación ni desprecio. Quizás la película refleje a muchos que hoy viven una condena social sólo por sentirse distinto, quizás nos interpele, quizás nos conmueva pero sea lo que sea que nos genere tiene que servir para dar un paso más en la lucha por la diversidad.

 

 *Licenciada en Comunicación Social Universidad Nacional de Quilmes, Argentina.

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