*Por Myrian González Vera

En la mañana de ayer, 15 de octubre, se hallaron restos humanos en una fosa cercana a la casa que había habitado Meliza Fleitas, una joven de 19 años, cuyo padre había denunciado su desaparición en agosto del año pasado, debido a que hacía mucho tiempo no sabía nada de ella. Aunque la policía aún no confirma que es ella, su padre y amigos que llegaron hasta el lugar, dijeron que la ropa y el calzado encontrados en la fosa eran de Meli. Con inmensa tristeza dijeron que habían insistido a la Fiscalía que investigaran la desaparición, porque sospechaban del hombre que era su pareja que también había desaparecido y sabían que era violento. Dieron pistas, pero la Fiscalía no las tuvo en cuenta. Los agentes fiscales no actuaron en clave de género.
Nos duele decir que estamos ante un nuevo caso de feminicidio por omisión del Estado.

¿Qué es feminicidio?

No todos los asesinatos de mujeres son feminicidios. Por ello es importante conocer a qué nos referimos cuando hablamos de feminicidio. Diana Russell y Jane Caputi dieron a conocer el término femicide (en inglés) en 1990 para definirlo como “el asesinato de mujeres realizado por hombres, motivado por odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad de las mujeres[1].  Basadas en investigaciones posteriores, Russell fue ofreciendo clasificaciones sobre el femicidio: femicidio íntimo, no íntimo, o por conexión, según sea el tipo de relación establecido entre la víctima y el homicida[2].

En América Latina varias fueron las teóricas y feministas que continuaron analizando el fenómeno, pero fue Marcela Largarde, antropóloga mexicana, la que incorporó otros elementos a esta definición y lo llamó feminicidio (porque al pasar al castellano femicidio era la “voz homóloga de homicidio y solo significa homicidio de mujeres”) y lo definió como “genocidio contra mujeres y sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados violentos contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de niñas y mujeres”[1]. Ampliando su acepción, Lagarde incluía la responsabilidad del Estado en la comisión de estos crímenes, por acción, pero sobre todo por omisión:

“Hay condiciones para el feminicidio cuando el Estado (o algunas de sus instituciones) no da las suficientes garantías a las niñas y las mujeres y no crea condiciones de seguridad que garanticen sus vidas en la comunidad, en la casa, ni en los espacios de trabajo de tránsito o de esparcimiento. Más aún, cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones. Cuando el estado es parte estructural del problema por su signo patriarcal y por su preservación de dicho orden, el feminicidio es un crimen de Estado. El feminicidio se fragua en la desigualdad estructural entre mujeres y hombres, así como en la dominación de los hombres sobre las mujeres, que tienen en la violencia de género, un mecanismo de reproducción de la opresión de las mujeres” (Lagarde, op.cit).

En Paraguay 48 mujeres asesinadas el año pasado. A mitad de octubre de 2018 ya contabilizamos cerca de treinta. Varias de esas mujeres guardan una historia previa de violencia doméstica; algunas decidieron separarse de sus maridos, concubinos o parejas para librarse de la violencia en la cual vivían, pero no recibieron el apoyo del Estado para dar cumplimiento a órdenes de restricción y alejamiento de sus agresores; otras fueron tomadas como rehenes y violadas para después ser asesinadas… De violencia de género están teñidas las historias de aquellas mujeres que fueron víctimas de feminicidio. Porque el feminicidio es el último eslabón de esta cadena de opresiones del ser mujer en sociedades donde no se les garantiza igualdad, no discriminación y justicia.

La descripción de Lagarde sobre las acciones y omisiones del Estado nos recuerdan a cómo opera el nuestro. Porque ¿cuántos feminicidios se hubieran evitado si las instituciones encargadas de brindar servicios de atención y contención a víctimas de violencia hubieran operado con eficiencia? ¿Cuántas mujeres podrían estar vivas si el Estado dispusiera de mayores presupuestos para que aquellas Divisiones de Atención Especializada a las mujeres víctimas de violencia de género, doméstica e intrafamiliar, creadas entre 2010 y 2011 hubieran continuado brindando y ampliando sus servicios? ¿Cuántas niñas y niños podrían estar disfrutando de sus madres si que es el Estado hubiera dispuesto centros de prevención y atención a la violencia doméstica, intrafamiliar y de género en cada ciudad o al menos en cada Departamento del país?

El feminicidio en la ley paraguaya

Desde fines de 2016, la Ley N° 5777 “De Protección integral a las mujeres contra toda forma de violencia” incluye la figura del feminicidio como un hecho punible de acción penal pública. El artículo 50 de la ley establece que: “El que matara a una mujer por su condición de tal y bajo cualquiera de las siguientes circunstancias, será castigado con pena privativa de libertad de 10 a 30 años cuando:

  1. El autor mantenga o hubiere mantenido con la víctima una relación conyugal, de convivencia, pareja, noviazgo o afectividad en cualquier tiempo;
  2. Exista un vínculo de parentesco entre la víctima y el autor, dentro del cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad;
  3. La muerte ocurra como resultado de haberse cometido con anterioridad un ciclo de violencia física, sexual, psicológica o patrimonial contra la víctima. Independientemente de que los hechos hayan sido denunciados o no;
  4. La víctima se hubiere encontrado en una situación de subordinación o dependencia respecto del autor, o éste se hubiese aprovechado de la situación de vulnerabilidad física o psíquica de la víctima para cometer el hecho;
  5. Con anterioridad, el autor haya cometido contra la víctima hechos punibles contra la autonomía sexual; o
  6. El hecho haya sido motivado por la negación de la víctima a establecer o restablecer una relación de pareja permanente o casual”.

La importancia de que el feminicidio haya sido incluido en la ley radica en que se necesitaba nombrar a tantos asesinatos de mujeres que se caratulaban como crímenes pasionales o se encubrían bajo otros rótulos que ocultaban el contexto o la historia de violencia de género que había detrás, y con ello se invisibilizaba que sus perpetradores fueran hombres que creían ser dueños de la vida y el cuerpo de las mujeres.

Si como sociedad queremos combatir la violencia de género -que se basa en una relación desigual y machista-, es preciso nombrar, sancionar y condenar las acciones violentas generadas sobre la base de relaciones desiguales en las que los hombres ejercen su poder sobre las mujeres. En pleno Siglo XXI aún vivimos en el marco de una sociedad tradicional donde las relaciones entre mujeres y hombres están basadas en un sistema patriarcal y machista porque se mantiene la idea de que el hombre es el jefe, el patriarca; es un orden impuesto hace mucho tiempo y que ubicó a las mujeres en posiciones de subordinación bajo el dominio masculino.

Las leyes también son herramientas de cambios culturales. El Estado debe hacer cumplir la ley, y ante muertes violentas de mujeres, investigar con la lupa del feminicidio, tal como se establece en el Protocolo de Acción Interinstitucional aprobado por la Corte Suprema de Justicia. Meliza se merece. Y también Paola Colmán, cuya muerte estuvo rodeada de hechos llamativos. El fiscal de la causa prometió retomar las investigaciones en 30 días que ya se están cumpliendo. No, no me olvido de Paola, quien murió en extrañas circunstancias y espera que su muerte sea esclarecida.

*Myrian González Vera es Investigadora social y capacitadora del Centro de Documentación y Estudios (CDE), articulista de Violencia de género para los Informes Anuales de la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy), feminista e integrante de la Coordinadora de Mujeres del Paraguay (CMP) y de la Articulación Feminista del Marcosur (AFM).

[1] Marcela Lagarde (s.f) “Antropología, feminismo y política: Violencia feminicida y derechos humanos de las mujeres”. Artículo disponible en:  https://www.ankulegi.org/wp-content/uploads/2012/03/0008Lagarde.pdf

[1] Graciela Atencio. Feminicidio.net – 04/03/11. “Feminicidio – femicidio: Un paradigma para el análisis de la violencia de género”. Disponible en: https://feminicidio.net/sites/default/files/seccion_feminicidio_paper_02.pdf

[2] Véase la definición de estos tipos de femicidios en: Patsíli Toledo Vázquez (2009) Feminicidio. Disponible en: http://www.infosal.uadec.mx/derechos_humanos/archivos/15.pdf

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