*Por Vane Mari

La madre que nos parió no sale desnuda pocas horas de después de haber parido a lucir su cuerpo. La madre que nos parió no se maquilla para disimular las ojeras que le deja el trabajo de parto. La madre que nos parió no usa ropa de cama sexy sino la que le resulte más cómoda. La madre que nos parió no se preocupa por su cabello peinado ni por sus uñas pintadas. La madre que nos parió no está pensando en la ropa de moda ni en tendencias.                                               La madre que nos parió tiene dolores pos parto, tiene sangrados, sus pezones duelen, no duerme, tiene los pies hinchados, está cansada, camina despacio, se ducha lento, se extrae leche y se hace curaciones. La madre que nos parió existe, es de carne y hueso. La madre que nos parió, siente.

Pero ¡los estereotipos no perdonan ni a la madre! El tiempo del puerperio parece correr. Inmediatamente después de parir tenés que ser lo que los otros desean que seas, o ¡no serás! Constantemente nos bombardean con tapas de revistas y con publicaciones  sobre cómo debería verse una mujer que transita un embarazo y cómo debería verse una mujer que acaba de ser madre. Existe un exceso de información con tips de cómo ser una madre exitosa. Todo es tan ideal,  tan perfecto que la flamante madre es impecable; no se cansa, no se frustra, no se deprime, no llora sino que sonríe a toda hora y logra, para la mirada de los otros, un encuentro armonioso con su bebé.

Es absolutamente natural que las mujeres que están por ser madres (y las que fuimos también!) investiguen, busquen información, lean todos los blogs y redes sociales e instalen aplicaciones en su celular sobre maternidad. En casi todos esos medios de información y comunicación la maternidad que nos cuentan está idealizada, que si el parto natural, que si le das la teta, que si haces colecho, que si duerme de tal o cual forma, todos parecen tener la fórmula mágica de cómo enfrentar el cambio más maravilloso y movilizador de tu vida. Sin embargo, muchas cuestiones parecen más vinculadas a la moda que al orden del deseo; hacer valer nuestro derecho al parto humanizado, respetar la voluntad de la madre es muy distinto a evitar ciertas situaciones médicas sólo por ser parte de una moda, forzar un parto domiciliario, negarse a una cesaría son algunos de los temas más discutidos. Lo mismo ocurre con la lactancia exclusiva, que si bien no podemos negar que es lo más saludable para el crecimiento y desarrollo del niño, no se puede plantear como algo absoluto y verdadero para generar el vínculo amoroso con el recién nacido; muchas mujeres tienen dificultades para amamantar pero en todo lo que leemos y vemos  se carga tanto a la mujer con esa maternidad ideal que cuando por algún motivo no logra amamantar como desea, se genera una gran frustración. Muchas veces tanta información nos termina llevando hacia un horizonte que no alcanzamos jamás, cuando creemos estar cerca las vivencias personales nos termina dando un golpe de realidad que nos demuestra que cada artículo y cada tapa de revista carecen de subjetividad, no importa lo que piense o sienta esa mamá, lo importante es que dice el mercado, que es lo que está de moda y por lo tanto vende.

Todo este “deber ser” que nos corre constantemente, no es otra cosa que violencia de género. La violencia simbólica es una de las formas de ejercerla y en este caso, los medios de comunicación nos dominan todo el tiempo y aunque nosotras reconocemos que esto existe somos parte de un sistema puramente estratégico de poder. La violencia simbólica suele ser invisible, subyace en todos los dispositivos de comunicación que consumimos siendo estos los medios a través de los cuales se reproducen las relaciones de desigualdad y discriminación, naturalizando estas prácticas como parte de una identidad cultural.

Cuando el tema de la maternidad es abordado desde diferentes publicaciones y juegan visualmente con determinadas imágenes están poniendo a la mujer como objeto, como mercancía, como algo que vende a los ojos de los demás, venden un cuerpo estereotipado, que solo sigue patrones de belleza, o al menos eso creen. Se produce una especie de control y manipulación que va penetrando en la mente de la mujeres que intentan construir una imagen semejante a la impuesta pero que muchas veces al no verse identificadas se termina generando un estado de frustración y humillación por “no pertenecer a los estándares del mercado”.

La violencia simbólica es una violencia sutil, silenciosa es la manera de naturalizar y reproducir comportamientos y valores que afectan de manera directa a los cuerpos, a los sujetos. Sin embargo, lejos de acabar con esta problemática se van multiplicando publicidades y mensajes y esto se debe a que en las relaciones de poder hay algunos que dominan y otros que resisten, y cuanta más resistencia ponemos pareciera que se alimenta mucho más a los estereotipos socialmente “aceptables”.

Lo más reconfortante es que estamos en una etapa de concientización donde podemos reconocer e identificar rápidamente las formas, los modos y los medios con los que  quieren borrar de un plumazo nuestras subjetividades, nuestro sentir, nuestro pensar y eso nos permite seguir dando batalla, porque sabemos que nuestro lugar no es la resistencia sino la transformación de la conciencia colectiva, una revolución de mujeres exigiendo a gritos nuestro lugar, nuestro derecho y nuestros cuerpos. Aunque nos quieran deshumanizar y encasillar en estereotipos maternales, hay algo que no podrán evitar y es que sintamos el deseo real y concreto de ser madres y cuando eso sucede somos mucho más que una tendencia, una moda o un consejo sobre el oficio de ser madre. Somos experiencias, somos emociones, somos risas y llantos, depresiones y alegrías, somos frustraciones y pasiones. Somos quienes realmente queremos ser y elegimos ser madres a nuestra manera.

*Vane Mari es licenciada en Comunicación Social, egresada de la Universidad Nacional de Quilmes en el año 2008. Tiene 35 años, vive en Quilmes, es casada, es madre de Josefina. Trabajó en políticas públicas, comparte saberes y experiencias pero sobre todo aprende de nuestro hermoso territorio y sus habitantes.

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