*Por Romiña Aquino González

¿Qué dice sobre nosotres nuestra lengua? Nuestra forma de comunicarnos, de referirnos a las personas y a las cosas. ¿Por qué utilizamos el masculino como genérico para hablar de toda la diversidad de personas? ¿Por qué hasta en el lenguaje las mujeres somos invisibilizadas?

Para nosotras, las feministas, todos los espacios son de disputa. Donde antes había una situación de violencia normalizada, nosotras ponemos el ojo y la cuestionamos. El lenguaje es uno de esos lugares en donde ya no nos sentimos cómodas y donde por años fuimos reducidas a un segundo plano.

La disputa por el lenguaje es quizás más complicada, porque la violencia pasa más desapercibida. Muchos nos llaman exageradas e incluso se enojan irracionalmente, porque al parecer lo que dice la RAE es sagrado. Sin embargo, nosotras no estamos en posición de dar ni un paso atrás.

Empecemos definiendo que lenguaje es la capacidad que tenemos las personas de comunicarnos y entendernos mejor. Y la lengua o idioma, es el sistema lingüístico al que le damos forma y sentido para poder nombrar las cosas y nombrarnos a nosotres.

La palabra es hablada, por lo que hacemos la lengua al hablar, de acuerdo a las necesidades que tengamos. La lengua muta y se transforma, como el contexto sociocultural y político, y es ahí donde cobra importancia la RAE, como ente que recoge y regula dichos cambios. Su función es estar atenta a cómo hablamos las personas, para incorporar las palabras al diccionario.

Pero, ¿de quién es la palabra?

La Real Academia Española es una institución que nunca ha sido dirigida por una mujer.

En los años 1889, 1892 y 1910 le rechazaron a Emilia Pardo Bazán, novelista y catedrática, con el argumento de que “las señoras no pueden formar parte de este Instituto”. En los últimos 8 años se ha ido compensando esa presencia femenina, en comparación a los últimos 300 años. Actualmente son 8 mujeres de 46 miembros que la integran. En la Academia Paraguaya de la Lengua Española, la realidad tampoco es muy diferente, ya que de 25 miembros hay 8 que son mujeres.

La estructura de la RAE es solo el reflejo de nuestra sociedad, donde todos los ámbitos han sido espacios de conquista para nosotras. Antes, ni siquiera podíamos escribir literatura, solo bajo seudónimos de varones.  Entonces nos preguntamos, ¿Históricamente quiénes han sido los dueños de la palabra?¿Quiénes han tenido el uso y el poder de regular dicho sistema? Los varones blancos, heterosexuales, de clase media/alta. Las mujeres siempre fuimos objetos, pero no sujetas de derechos.

El hombre, como máxima para referirse a todas las personas. El hombre por antonomasia, para ser todas las personas. Excluyendo, limitando, invisibilizando.

Pongamos un ejemplo sencillo: “En una sala están cuatro mujeres y un hombre. Llega otra persona y les dice ¡Vamos todos afuera!”. Lo más probable es que todes les asistentes se levanten. Pero si la persona decía “¡Vamos todas afuera!”, el hombre se sentiría excluido, como pasa casi siempre. ¿Pero por qué ellos no se incluyen también en el genérico femenino? ¿Por qué nosotras tenemos que continuar cediendo espacios y visibilidad?

El ingeniero, el arquitecto, el presidente, el médico. Los ingenieros, los arquitectos, los presidentes, los médicos. La enfermera. La maestra. La cocinera. La costurera. Las enfermeras. Las maestras. Las cocineras. Las costureras.

Utilizar el masculino como neutro no solo excluye, sino que también genera estereotipos, asociando las carreras/profesiones de mayor status (y que requieren mayores capacidades) a los hombres y las actividades de servicio y cuidado, a las mujeres.

Incluso, se ha comprobado que utilizar un lenguaje más inclusivo con niños y niñas, desdoblando ambos géneros, favorece a que se hagan la imagen mental de dichas profesiones e incrementa el interés, en especial de las niñas, hacia ciertas profesiones que eran consideradas solo de varones.

Idioma sexista

El género de las personas es una construcción social y cultural, basada muchas veces en el sexo biológico. Son los roles y las características con las que cierto grupo de personas se identifica, pueden ser mujer, hombre, trans, no binaria, etc.

El género gramatical es la forma de organizar las palabras. Todos los sustantivos tienen género gramatical, y pueden ser femeninos o masculinos. Pero también existen sustantivos comunes en cuanto al género y con género ambiguo.

El problema con el género gramatical es que se reduce al binarismo hombre/mujer y deja totalmente afuera a otras identidades. Ni el “neutral” ni los desdoblamientos son suficientes para abarcar y contener.

Empezamos a usar “x” o “@” para expandir los límites de las palabras, sin embargo, suele pasar que como no hay forma de pronunciar dichas vocales se termina leyendo con el género masculino. Entonces surgió la opción de utilizar la “e”, como símbolo para integrar a todes, para que varones, mujeres y personas no binarias se sientan parte de.

Elles. Nosotres. Les chiques. Les alumnes. Les amigues.

Muches (en especial hombres) dicen que estamos destruyendo el lenguaje e incumpliendo las reglas de la RAE que aseguró que la letra
“e” como marca de género es ajena al sistema morfológico; sin embargo se olvidan que la lengua no es estática, que si hoy está establecida de cierta manera, no siempre ha sido así.

Los cambios sociales impulsan y exigen nuevas formas de relacionarnos también. Nosotras queremos igualdad, en todos los ámbitos, queremos que se nos reconozca ahí donde siempre fuimos negadas, y nuestra lucha también va de la mano con el reconocimiento de los derechos de todas las personas, como las trans o las no binarias.

Nos estamos apropiando de la lengua y la estamos haciendo un lugar cómodo y seguro para habitarla. 

*Romiña es una comunicadora feminista, poeta y soñadora en sus tiempos libres. Amante del chipa guasu y la birra.

 

 

 

 

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