*Por Kuñambaje

En mi país, Paraguay  se legitima la violencia hacia las mujeres y niñas desde el discurso en las calles, en la casa, en el trabajo, la voz de ellas es silenciada con la culpa, con la vergüenza, llevándolas al aislamiento y la sensación de estar completamente solas y sin salida

Cuando empecé  a escribir, no sabía por dónde empezar. Sólo recordaba los rostros de ésas mujeres, sus miradas… miradas de desesperanza, de cansancio, de profunda tristeza y a veces miradas de rabia, hartas ya de tanto manoseo a sus derechos, a su dignidad, a su vida. Ellas traídas y visibilizadas por primera vez por un sistema  judicial que lo que hace es poner en duda su capacidad de cuidado como madres y detrás de cada interacción con operadores de justicia, ser juzgadas por ser libres, por salirse de un ciclo violento y “abandonar” a sus familias como les dicen aquellxs encargados de garantizar el debido proceso. Con muchísimo temor empiezan a relatar el calvario que pasan para que le tomen una denuncia, para ser escuchadas.

Ellas, que ante constantes episodios de violencia ejercidas por sus parejas o ex parejas decidieron salir y denunciarlos ante las instituciones recibiendo un “si ya te tomamos la denuncia” en la comisaría, en la que ni siquiera se tomaron la molestia de anotar sus datos y los del agresor y mucho menos entregar una copia de la denuncia, pues ésta muchas veces ni siquiera se redacta; o en la fiscalía en donde la acción se limitó a tomar una denuncia que no tuvo seguimiento y quedó ahí, ¡encajonado! Sólo cuando los agresores las denuncian por supuesto  maltrato a sus hijxs son vistas, juzgadas y prejuzgadas por malas madres, por parecer “provocativas” por no quedarse en ése ciclo, juzgadas y revictimizadas con una celeridad que las sorprende, una celeridad que ellas desconocían porque en sus procesos, los que ellas iniciaron para poner fin a la violencia, no existen. Relatan cómo lxs operadores simpatizan más con sus agresores que con ellas. Cómo las juzgan por su vestimenta con miradas de desaprobación, como las juzgan por decidir iniciar una nueva relación y están cansadas. Cansadas de intentar protegerse a ellas mismas y a sus hijxs. De sólo encontrar un muro de prejuicios, mediocridad y justicia patriarcal. Sabiendo que no serán tomadas en cuenta y siendo concientes de que los agresores encuentran en el sistema de justicia y sus operadores, aliados para seguir sometiéndolas y ejerciendo poder sobre ellas.

Ellas que son tomadas en cuenta y puestas bajo el dedo acusador solamente cuando la ex pareja, agresor, las denuncia por maltrato, que te cuentan que el padre de sus hijos no pasa la cuota alimentaria pero que la justicia no hace nada para resarcir éso, que detallan llorando los mensajes ofensivos y abusivos que reciben, que te explican con muchísima culpa que han decidido iniciar una nueva relación y entienden que es por éso el castigo de la sociedad, de su familia, de su agresor y finalmente de la propia “justicia”.

Ésta realidad deja en evidencia la pobrísima formación en cuestiones que tienen que ver con los derechos de las mujeres de aquellxs encargadxs de recibir y dar seguimiento a la denuncia, pues desestiman las denuncias de las mujeres y le dan celeridad a las denuncias de los hombres dando una clara perspectiva de desigualdad en cuánto al acceso a la justicia y del déficit en las políticas de igualdad de género que deberían ser efectivas y prioritarias en las instituciones públicas.

*Kuñambaje es una bruja feminista, trabajadora incansable contra las violencias y cree en la construcción de una sociedad en que la justicia sea una realidad para todes y no sólo de unos cuantos privilegiados.

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