*Por Cyn Encina
No nos callamos más, reza el lema del próximo 25N que identifica a nuestra actitud de cara a una sociedad con un sistema del que ya estamos hartas.
No hace muchos días una amiga me preguntó «¿no te parece muy evidente que el mundo está cambiando?», normalmente digo que en Paraguay somos una parodia de aldea, tendiendo a avanzar en reversa y no parar hasta ser lo más parecido posible al siglo 18, sin embargo esta pregunta me hizo replantear esta visión.
¿Cómo realmente es nuestra relación de seres individuales respecto a nuestra sociedad y cultura? Voy a tratar de responderme esto teniendo en cuenta algunos eventos personales.
No había cumplido ni 12 cuando de vuelta a casa en un colectivo atestado de gente un hombre adulto se pasó apretando todo el camino su miembro erecto contra mi espalda, que era lo que le permitía mi altura. No dije nada, de hecho, aún no tenía la capacidad de interpretar lo que estaba pasando, tampoco lo hizo el joven oficinista que estaba sentado frente a mi, ni nadie más en todo el 40.
En mis años de adolescencia, me refiero a los 90’s, con una amiga, fuimos a una parada a tomar el micro, ambas identificamos desde lejos a un hombre que acostumbraba acosar a las estudiantes a la salida de las clases exhibiéndose, masturbándose y alimentando su libido con nuestro horror. Lo que decidimos fue volver a la calle paralela de la cual habíamos venido y caminar unas 10 cuadras para evitarlo, ¿sabían nuestros padres o las instituciones educativas que pasaban estas cosas? pues no.
En la ciudad que tiene más academias de danza que centros de salud, decenas de niñas y adolescentes, fuimos psicológica, y hasta físicamente torturadas por «maestros» de ballet, quienes acaso desplazaban sus frustraciones artísticas en correcciones con sañas en sus alumnas. No sólo nosotras no decíamos nada, tampoco lo hacían nuestras madres, fieles encargadas de las actividades de sus hijes, ellas por el contrario, reforzaban esta conducta que estaba muy normalizada en nuestras vidas, me pregunto cuántos traumas y desórdenes alimenticios de niñas que jamás serían bailarinas se podrían haber evitado si nos hubiéramos quejado. ¿Alguien se paró a decirles que exageraban bastante en sus maneras de enseñar? Nadie.
He conversado con algún que otro bailarín que enseñaba en esa época, fue grata mi sorpresa cuando me confesó que es impensable que utilicen esas mismas técnicas en las niñas de hoy. Tenemos que ser más creativos me dijo, pues ellas no te permiten portarte así, YA NO SE CALLAN MÁS.
Nuestras niñas, gracias a los cambios del mundo, ya no se callan, nuestras adolescentes gritan a rabiar un atropello contra ellas, y nosotras, las mujeres adultas que tan sumisas fuimos hace 20, 30 o más años, ya salimos a decirles a nuestros maridos, amigos, jefes, maestros, tíos, hermanos: Basta de tus abusos, tus privilegios te los voy a cuestionar y me voy a encargar de que paren ya con su violencia machista y patriarcal. No es fácil, todavía falta para que el mundo deje su enorme misoginia a un lado, pero igual ahí estamos, hace años que empezamos a gritar y ¡no nos vamos a callar nunca más!
*Cyn es informática feminista, en sus tiempos libres  baila y comparte esta pasión con su hijo, quien espera siempre sea nuestro aliado.

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