Ilustración: Jazenlaluna

*Por Jazmín Coronel
Allí, en la plaza renombrada y tomada como Plaza de las Mujeres, con todo el día laboral encima y entre noticias sobre el nuevo feminicidio de la semana, se reúnen mujeres hartas pero no paralizadas.
Deciden, entre plenaria y plenaria, las chicas deciden que el lema este año es #NoNosCallamosMás.
Qué lindo el lema, qué lindo el logo. Soy feminismofriendly.
Pero ahí, de repente, corre la voz del nuevo lema y ocurre que todas tenemos algo para contar. Todas: tu amiga, tu prima, tu mamá, tu hermana, tu novia… tu ex.
Y ahí ya no suena tan lindo. El logo de una boca gritando se hace excusa para decir que se ve agresivo y que esa no es la forma.
Así como cuando la humedad toma una casa, y es imposible taparla y mucho menos evitar que se propague, los relatos van surgiendo.
Los secretos se despiertan, emigran de la cama matrimonial, se pasean por la cocina sin ganas de lavar cubiertos sucios, reciben a quienes quieran escucharlos en la sala. Salen al patio, un paso más… abren el portón y ahí está: el secreto se transformó en denuncia. Denuncia a la calle, denuncia pública.
Con todo este proceso, decir que las denuncias son una moda, es una cachetada de ninguneo a un proceso de dolor que venimos callando hace siglos.
Violentos somos todes y, (MUY importante: fuimos) si no admitís esto, y no hablas de esto, no lo debatís, no preguntas si llegaste a hacer sentir mal a alguien o no soportas el ser cuestionado, seguís igual. Seguís igual de macho… violento.
Interpelarte, date cuenta si fuiste violento con alguien y hacerte cargo es necesario, porque el ñembotavy (hacerse del que no está enterado) y el ninguneo al dolor provocado hace que los secretos salgan galopando al patio a abrir el portón.
Nadie sabe muy bien cómo reaccionar a las denuncias. Una vez que los secretos se pasean por el barrio, los vecinos no saben cómo actuar. Algunos no dudan en «elegir a un bando» como si fuera un equipo de fútbol, otros siguen saludando al denunciado, sintiéndose cómplices.
Es que es cierto, el arma/herramienta denuncia es todo un debate y todavía no sabemos contener tanta consciencia de la violencia a la que estuvimos expuestas durante toda nuestra vida en diferentes ocasiones. Personalmente admito que muchas veces me hallo en encrucijadas de cuestionarme la violencia que ejerzo al determinar al escrache como única medida y paso mucho tiempo dando vueltas mentales sobre los castigos y esa forma nefasta que la violencia logra filtrarse en nosotres sin que nos demos cuenta. Sobre todo, porque (y hasta a mí me sorprende un poco) albergo todavía una pequeña esperanza en la humanidad.
Pero, ante tanta violencia estructural y la cero voluntad que parece existir de muchos hombres de rever sus relaciones, que no se espere que las chicas no sientan el deber de hablar y proteger a otras.
Porque, finalmente, el lema es: No nos callamos más; pero la traducción es: Ante el sistema construido para violentarnos, nos cuidamos a nosotras mismas y lo hacemos en manada.
*Jazmin Coronel, Jazchu es feminista, comunicadora, ilustradora, historiadora de instagram, es compañera sorora que crea arte por donde va y colabora todos los días a tumbar al patriarcado.

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