*Por Kuñambaje

Se acerca el 8 de marzo, día en que las mujeres paramos para seguir reclamando reivindicaciones como ayer, como hace años, siglos enteros, porque nunca nos regalaron nada, siempre trataron de acallarnos y que fuéramos funcionales a un sistema en el que las de las responsabilidades fuéramos nosotras y los de los privilegios  los hombres.

Es cierto, hemos avanzado. Sin embargo me pregunto, como trabajadora de la salud mental, ¿qué implica ese avance? Creo que el sistema sigue tan vigente como hace siglos y ha logrado adaptarse y hasta mimetizarse confundiendo conquistas y libertades con más opresiones.

Como creo que lo personal es político, creo también que mi cuerpo resiente esta opresión vestida de conquista. Soy trabajadora de salud mental precarizada con años de experiencia y formación. Siento que mi trabajo no vale, contraria a la consigna del 8 m, y digo que no vale porque la sobrecarga laboral en la oficina y la doble jornada laboral que significa el asumir las responsabilidades de crianza y cuidado no equiparan el bajísimo salario. El contrato precario que firmo cada seis meses por no ser apadrinada o “recomendada”, el no acceso a un seguro médico y las consecuencias de tratar de sostener económicamente una crianza monomarental, que implica un desgaste físico y mental y cada mes parece más difícil, me oprime el sistema, me angustia, me violenta.

Me apasiona militar en los espacios que habito y creo que las únicas que pueden salvar a las mujeres son otras mujeres pero hay días en que la realidad de no tener dinero para comprarle una simple merienda a mi hije me rompe el alma.

En un país en el que la desigualdad se normaliza de una manera aberrante, el acceso a la formación académica y el campo laboral se consideran privilegios y más aún si una es mujer, entonces el ver estas realidades, hace difícil ver opresiones en mujeres miradas como “privilegiadas”, pero si escuchamos a la de a lado, si ponemos atención nos podríamos sorprender. Me pasa a mi cuando veo a mi madre cumplir el rol de buena ama de casa, que aun con título profesional y ganas apasionadas de seguir aportando en su campo laboral, debe dejar su pasión, para dedicarse a sus responsabilidades; cuidar a su hija discapacitada y a su marido, porque eso es lo que el patriarcado le enseñó que es ser una buena mujer…¿entonces de qué hablamos cuando hablamos de conquistas?

Cuando escucho de varones cis privilegiados  frases como “por qué tienen tantos días ustedes las mujeres” o “ya tienen muchos derechos”, me dan ganas de contestar pero sé que mientras no exista una conciencia real de privilegios y responsabilidades y cómo nos afecta a todas y a todos no podremos reivindicarnos en igualdad.

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