Queridas compañeras, en este 8 de marzo que ha sido una marea de emoción, le escribo a todas las que marchan, movilizan, intervienen la ciudad, hacen un cartel, cuelgan una bandera desde su ventana, se ponen una cinta lila en su muñeca, a todas las que están y estuvieron, para hacerles una declaración de amor y agradecimiento.

Sin duda todas las que llevamos la lucha feminista y por los derechos de las mujeres bajo la piel hemos sentido un mar de emociones en estos días. En Chile, se ha vivido una jornada que ya es histórica, pese a que aún no se realizan la mayoría de las marchas convocadas en el país por la tarde, y que inició el lunes recién pasado con la intervención de los nombres de las estaciones del Metro de Santiago y siguió con una serie de iniciativas para manifestar nuestra voluntad de huelga.

Lienzos desplegados en espacios públicos, volanteos masivos, lectura de poemas, stand up comedy en la calle, entrevistas en los medios, columnas de opinión, funas en redes sociales, partidos de futbol, ollas comunes, cientas de mujeres bailando una coreografía feminista; son algunas de las postales que nos ha regalado el movimiento feminista esta semana para llenarnos los ojos de lágrimas alegres.

Así mismo que se nos ha llenado el corazón de amor, se nos ha llenado de ira con el femicidio número 10 sucedido ayer jueves 7 de marzo en Quintero, donde un hombre asesinó de un balazo a su ex esposa, afuera del colegio de su pequeña hija. Se nos ha llenado de rabia con la carta del decano de una universidad a sus funcionarias afirmando que la movilización a él le parece ridícula o con los dichos de un concejal afirmando que las mujeres no tienen nada porque salir a marchar este día.

En este día tan lleno de emociones, tan lleno de lucha, tan lleno de convicción, les quise escribir, porque se me hace necesario agradecerles por darme la oportunidad de tener todas estas emociones y de paso, salvarme la vida. El amor, la sororidad, la alegría ante un triunfo de una mujer que no conoces e incluso la rabia frente a las acciones de algunos hombres, son emociones que llenan mi cuerpa y mi alma para seguir el camino en esta sociedad de injusticia.

Sabemos todas compañeras que a ratos se vuelve eterno el camino y la posibilidad de seguir luchando para destronar al patriarcado y al capitalismo se hace pesada. No hay nada que hacer cuando ya te pusiste los lentes y no dejas de ver lo que a cada segundo el patriarcado nos hace a las mujeres y también a los hombres- aunque no lo entiendan algunos- para perpetuar la opresión.

Quiero agradecer a todas las compañeras que he tenido en mi vida y que me han hecho la mujer que soy. A mi compañera madre que me parió, crio y enseñó a luchar; a mi compañera hermana que me enseña a ser fuerte frente a la adversidad cada día, a mis compañeras tías que me enseñaron de lucha y alegría en la oscuridad, a mis compañeras de partido que me muestran la consecuencia y la demanda justa, a mis compañeras periodistas que me enseñan de compromiso y lucha contra un gigante egoísta, a mis compañeras de aquelarre, a mis compañeras de amistad, a mis compañeras de crianza, a mis compañeras emancipadas, a mis compañeras periodistas.

Amo con profunda fuerza a mis compañeras de vida, cada acto sororo que han tenido conmigo, cada acción de sus vidas que me hace admirarlas y respetarlas, cada decisión que toman para hacer una vida más alegre y liviana; y así mismo amo con profunda convicción al movimiento de mujeres en cada momento de creativa lucha, en cada poema que escriben, en cada ilustración que realizan, en cada canción que cantan, en cada reggeton que bailan sin tabús, en cada beso que dan por placer, en cada decisión que rompe un esquema, en cada acción de compromiso por otras que ni siquiera conocen.

El año 2018 viví una crisis estructural de la que recién estoy empezando a sanar. La depresión, la angustia, el pánico y los deseos de desaparecer se apoderaron de mis sentidos. Miré por la televisión y las redes sociales el inicio de la gran ola feminista de mi país y de otros territorios. Mis crisis de pánico me impidieron ir a charlas que me invitaron, a marchas históricas, a hacer entrevistas que hubiese querido hacer, incluso escribir palabras que tenía en la punta de los dedos.

En ese momento de crisis hubo una red que me salvó la vida, armada de mis compañeras, que sin conocerse entre ellas, sin saber que pasaba muchas, tejieron una red que hizo que la caída tuviera ventanas con vista al sol.

En esa red también están las jóvenes que se movilizaron en la universidad más conservadora del país, encapuchadas y mostrando sus tetas al aire; en las que hicieron carteles con mis heroínas pop, sacando a marchar a Leia y Hermione; están las estudiantas que se tomaron sus universidades y lograron inéditos protocolos contra el acoso; está en las que se decidieron a organizarse y nos sorprendieron con nuevas agrupaciones feministas cada semana; están las miles que se movilizaron y dijeron con fuerza “yo te creo hermana” y “no estás sola”.

Suelo decir que la sororidad me salvó la vida y en este día internacional de la mujer lo reafirmo. Gracias compañeras, cada una de ustedes, las que me conocen y las que no, cada una de ustedes me ha salvado la vida y hoy le digo al mundo que les amo de manera profunda, apasionada, sorora y salvajemente feminista.

Suya en cuerpa, cabeza y alma

Danae Prado C.

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