Por Selene Yang[1]

¿Te preguntaste por qué muchos mapas no muestran espacios o territorios que sabés que existen? ¿O por qué no podés encontrar un centro de atención a violencia de género, pero sí 20 talleres de mecánica a tu alrededor?¿O simplemente por qué casi todas las calles de tu ciudad tienen nombres de hombres y no mujeres?

Es porque un mapa es un espejo de las subjetividades y experiencias que atraviesan a quien los produce, es decir los mapas no son fieles representaciones de un espacio pensado como imparcial para todes. Los mapas trabajan al servicio de los intereses y son representaciones de quiénes los generan, así pues, se puede definir que un mapa no es un texto objetivo sino un marco interpretativo en la articulación de relaciones espaciales.

Al historizar el imaginario social respecto al uso del espacio y las maneras de apropiarse del mismo -hoy también desde el campo de las tecnologías-,  se puede pensar la sociedad como una creación indeterminada de sentidos y prácticas que han sido producidas por hombres, desde su visión de la realidad, y desde sus propias experiencias, de las cuales, las mujeres hemos sido excluidas. Entendiendo de alguna manera esa dicotomía entre lo público masculino y lo privado e íntimo como femenino que permea desde lo cotidiano y nuestros roles del hogar, hasta las delimitaciones, usos y narraciones sobre la producción del espacio. Esta exclusión se ve también reflejada en la posibilidad al acceso a la educación y tecnologías. Es por esta misma premisa que los actuales mapas, esos dispositivos visuales que están a mano desde nuestros celulares, no son sino una visión sesgada del territorio que condiciona nuestro andar por el mismo.

A partir de estas reflexiones, de la incipiencia del feminismo en las comunidades tecnológicas, y de la necesidad de concretar espacios seguros -no clubes de exclusividad- para mujeres, nace el colectivo Geochicas, el cual es una iniciativa de mujeres mayoritariamente hispanohablantes de Latinoamérica y España (también con menor presencia en África y países de no habla hispana en Europa), enfocadas en trazar un mapa donde el discurso del espacio pueda también ser disputado desde la comunidad de OpenStreetMap (OSM).

OpenStreetMap es la equivalencia cartográfica a Wikipedia, siendo la base de datos geoespaciales abiertos más grande del mundo, que nació como alternativa colaborativa a los grandes consorcios como Google Maps. Esta comunidad se autodetermina como voluntaria, horizontal y abierta, y los datos son cargados por más de 5 millones de usuarios, sin embargo sólo un 3%[2] de quienes producen estos datos son mujeres (Budhathoki, 2010).

Estos números, no sólo se reflejan en la construcción de un mapa sobre el espacio, sino que también son resultado de la falta de mujeres en ciencias y tecnología, la falta de accesos y un reforzamiento cultural sobre a qué debemos dedicarnos las mujeres, o en “qué somos buenas”, y así una compañera una vez nos dijo: “A nosotras no nos regalaban autitos teledirigidos cuando éramos niñas, nos regalaban muñecas”, entonces no cabe sorprenderse de las lógicas de producción de conocimiento que derivan en sesgos educativos, laborales, culturales, políticos y sociales.

Geochicas actualmente cuenta con más de 190 participantes de 22 países con diferentes antecedentes y recorridos académicos, desde Humanidades, Geografía hasta Ingeniería en Sistemas y Programación; sus trabajos y proyectos se han presentado en más de 20 eventos, conferencias y paneles en más de 10 países. Todas estas acciones están enmarcadas en incidir en el rol de las mujeres en los espacios de toma de decisión en las comunidades tecnológicas, a la vez en la participación de las mujeres en las actividades de sus comunidades y en la representación de los intereses de las mujeres en la comunidad y en el mapa mismo.

A través de dos años de trabajo continuo, desde Geochicas hemos liderado diferentes proyectos en varios países de Latinoamérica y España. Durante 2016 y 2017 se realizaron diferentes mapeos que abarcaron temáticas desde feminicidios y clínicas oncológicas en Nicaragua, como campañas de visibilización como #MujeresMapeandoElMundo, y la Encuesta Internacional sobre Representación de Género en OpenStreetMap. Al mismo tiempo se fomentan espacios de formación entre pares a través de los ciclos de webinars impartidos por las participantes y comunidades aliadas a la colectiva.

Geochicas es la táctica sorora dentro de lo que podría ser una “resistencia alternativa” que es la comunidad de OpenStreetMap, es decir es otra resistencia en la resistencia frente a la producción de datos y el capital simbólico del conocimiento, sin embargo aún dentro de una lucha conjunta con los compañeros maperos, no sólo disputamos las significaciones del espacio a través de un punto georeferenciado, disputamos también nuestra capacidad de enunciarnos y forjar nuestro propio correlato del espacio, para trazar nuestra propia narrativa, donde las sensibilidades son las que determinan el transitar de muchas en un territorio que es ajeno, -porque el territorio nunca fue determinado, ni mucho menos elegido por las mujeres-, y apologético, pero que pretende una inclusión vaga, un determinismo dicho y escrito en piedra sobre el cómo se debe de vivir siendo mujer.

 

«Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. (Del rigor de las ciencias, Borges)

 

En Geochicas reflexionamos desde la interseccionalidad rizomática de nuestros feminismos, nos planteamos nuestras trayectorias y cómo llegar juntas a un determinado estado de discusión, pero también porqué es que no hemos podido llegar antes, creemos que se puede tener una relación amorosa entre la geografía y el feminismo; entre la academia y la experiencia; entre el espacio y nosotras.

Este desdibujamiento de los límites espaciales y políticos impuestos se constituye en  una declaración de amor y admiración a todas esas mujeres maperas que rompen techos de cristal, que no pretenden cumplir expectativas, pero sí disputan sus cuotas de poder, que no se dejan ser vistas de menos, sino que hacen de ellas los espacios, que transitan las calles sin veredas; porque en este mundo, dentro y fuera de pantallas, son ellas las que cuestionan todo, las que te dan una clase sobre sororidad y lucha siendo profesoras de la vida y de la experiencia colectiva.

 

[1] Selene Yang es co-fundadora y coordinadora de Geochicas. Investigadora académica del Centro de Investigación en Comunicación y Políticas Públicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina. Candidata doctoral en Comunicación también en la UNLP.

[2] Participants motivantions to contribute geographic information in an online community. POr Nama Raj Budhathoki, 2010. https://www.ideals.illinois.edu/bitstream/handle/2142/16956/1_Budhathoki_Nama.pdf

6 comentarios

  • Hermoso artículo!! que lindo encontrar siempre compañeras que están pensando en otras líneas, en algunas que una nunca se ha planteado y chan! ahí estaba sucediendo esto!! Gracias Emancipa, gracias Selene!

  • ¿Y por qué no colaboran en Google Maps? También es voluntario, con mucha más gente que la usa y sirven los datos y muchas mujeres que son voluntarias. Y los datos que muestran es de acuerdo a los que va mas gente.
    No tengo muy en claro para que es Open Source Maps, pero nunca me encontré con los problemas que mencionan.

    • Utilizamos OpenStreetMap porque es una base de datos abierta, libre y colaborativa. Los mapas privativos y comerciales como Google Maps comercializan con los datos de las personas que aportan.

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