Ilustración: Sol Díaz @unasoldiaz

 

 

Por Daniela Poblete Ibáñez*

Hace tres años que venimos inundando el mes de marzo con esta nueva ola feminista. El 8 de marzo se resignificó recogiendo, en estos tiempos, el fundamento de su origen.

El paro internacional de mujeres, lesbianas, travas y trans se instaló y nos apropiamos de la más legítima herramienta de lucha, la huelga. En principio fue novedoso y a muchos les parecía una humorada y nos miraban sonrientes y decían apoyarnos.

Hoy esas mismas caras ya no nos sonríen tanto. Muchos se dieron cuenta que no sólo ocupábamos la idea del paro o la huelga en su forma, si no que y principalmente, en su fondo. Porque el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y nosotras lo somos en dos ámbitos, el productivo y el reproductivo. Esto es lo que se visibiliza con nuestra huelga, ese doble lugar de explotación en donde no sólo somos oprimidas por la patronal, sino que también por una estructura hetero y patriarcal que nos condena a trabajar en promedio 4 horas más que los hombres producto de las tareas del hogar o las tareas de cuidado.

Esto que parece una cifra o una cuestión de discurso feminista, es lo que ha sostenido una historia de violencias y vulneración de derechos que nos ha marcado a sangre y fuego. Autopercibirnos como trabajadoras en el plano de lo reproductivo es uno de los más grandes pasos emancipatorios que hemos tenido como colectivo y nos aporta un concepto estructural  en nuestra construcción como sujetas políticas, de derecho y social.

Por esto es que ya no nos sonríen tanto. Por esto es que son múltiples las estrategias que se utilizan para persuadirnos en nuestro paro. Estos días hemos escuchado sobre lo beneficiosas que son las jornadas de reflexión y también hemos escuchado que parar un #8M es perder una jornada de movilización por otros temas «mas contingentes o importantes», entre otras cosas.

Los dardos vienen desde fuego enemigo y amigo también. La comodidad y los privilegios tiemblan cuando las mujeres, lesbianas, travestis y trans nos movilizamos y ponemos en discusión la estructura económica que nos oprime. Tiemblan, porque visibilizar esto significa perder poder y también significa reconocer que muchos de ellos, en el plano de lo individual, y muchas organizaciones de esas que nos sonreían, son parte del andamiaje cultural que sostiene esta estructura económica capitalista que nos explota, discrimina, excluye y que nos mata.

No es lindo mirarse al espejo y autoreconocer que eres parte de esto, lo sabemos, pero si les sirve de consuelo, o de aliciente, tampoco es lindo mirarse al espejo y reconocerse discriminada, excluida, relegada, etc. Pero es liberador hacerlo. Se puede decir que ese es el momento en donde comienza el llamado proceso de deconstrucción, porque nadie quiere reconocerse feo o malo y ante eso tienes dos opciones: negarlo o cambiarlo. Les invitamos, les convocamos a cambiar y caminar este hermoso camino de la emancipación. Lo demás es sólo autorepresión y en ello no hay energía de transformación.

En este #8M y con lo avanzado que esta el movimiento feminista y de género en el mundo, decir que hay cuestiones más importantes, que nos estamos pasando, no adherir a nuestras demandas, no convocar al paro, no accionar con las cientas de formas en las que puedes colaborar sin ser el protagonista, es no reconocer que somos sujetas políticas que tenemos derechos y que tenemos toda la legitimidad para ocupar en forma y fondo las herramientas que hemos heredado de quienes han dado hasta la vida por conseguir lo que  hoy todes defendemos.

Tenemos un piso de derechos que ahora hay que profundizar y aquello significa igualar en la diferencia. No se trata de ser iguales porque no lo somos, se trata de tener igualdad de derechos y de acción ante la Ley, porque no nos afecta del mismo modo el ajuste a hombres que a mujeres u otros géneros, no nos afecta y no tiene el mismo origen el acoso sexual en los ámbitos educativos o del trabajo, no tenemos la mismas afecciones y por ello necesitamos licencias laborales que le sirven sólo a nosotras, no tenenos la misma remuneración ante el mismo trabajo, no tenemos las mismas opciones de desarrollo económico, político, académico, laboral, etc, etc.

Es por ello que trabajamos año a año por tener nuestro paro, nuestra huelga. Para visibilizar aquello que se supone natural por ser mujer y que no lo es, pues es en base a esa supuesta naturaleza en la que se basa y justifica la desigualdad. Tampoco nos sirve esa supuesta neutralidad. Millones son los ejemplos en la historia de la modernidad en la que nosotras hemos sido vulneradas en nombre de esa neutralidad. Lo que buscamos hoy es romper esquemas, estructuras y convenciones. Queremos refundar el contrato social y queremos ser parte de su redacción para que este incluida nuestra perspectiva.

Esta es nuestra revolución. Esto es lo que nos cruza, conmueve y moviliza día tras día. Se va  a caer es nuestra consigna pero no para destruir un mundo, si no para construir esa sociedad de libres entre libres que no sólo necesitamos las mujeres, lesbianas, travas y trans, porque el feminismo no sólo nos salva a nosotras, si no que es parte de esa perspectiva necesaria para que en tiempos de guerra, invasiones y crisis también nos salvemos como humanidad.

 

*Daniela es editora de Revista Emancipa Argentina.

 

1 comentario

Deja un comentario