Ilustracion: #LaFreedom @Libertadfree

 

 

Por Azul Verzura*

Reuniones con amigues, pizzas, birra, vino, cigarrillos y colillas por todas partes, salidas con compañerxs, encuentros o fiestas y siempre el mismo tema:

¿Qué les pasa a los tipos?

Tras incontables conversaciones y sesiones de terapia, libros leídos, charlas con profesionales o compañerxs tanto de vida como de la militancia en particular, éste tema no para de resonar. Es evidente y bastante claro que construir un vínculo en un momento de reflexión y solidificación de sedimentos nuevos, generar lazos es bastante ambiguo.

Por un lado, la sororidad nos permitió –entre  nosotres- poder construir vínculos desde una perspectiva más humana y con la competencia relegada. Es decir, que comenzamos a entender que existe un sistema que nos oprime y nos quiere separades. Nos quiere débiles y matándonos entre nosotres. La comprensión ya está saldada. La práctica está en proceso. Más de una vez te has encontrado en una situación donde la sororidad se ve un poco oculta y nos cuesta reproducirla, pero eso no quita al insaciable intento y el constante trabajo de querer llevar a cabo una relación entre nosotres desde otro ángulo. Perfecto, entonces, a veces cuesta tener presente en el día a día a la sororidad porque –claramente- somos víctimas de un sistema que se encargó de chipearnos así. Pero creo fervientemente, que hoy, ya es un debate saldado y que debemos entender que el feminismo no es sólo aborto legal y sororidad. Y mucho menos, reducir a eso la unidad entre nosotres.

Por otro lado, el feminismo nos abrió  las puertas a la nueva ola de la “libertad” sexual y entenderse como sujetes deseantes es un nuevo régimen de vida. No solamente al nivel sexual, refiriéndose al sexo en sí, sino también el reconocimiento del propio deseo como bandera altamente política. Es decir, que poder identificarse como dueñe del deseo y del gocees también posicionarse ante cualquier causa o hecho desde otra perspectiva. Es elegir. Y que hoy podamos elegir quedarnos o irnos, poner un limite, sacar una mano donde no queremos que nos las pongan, armar o cortar un vinculo, es también parte de este proceso emancipatorio altamente político. Y refiriéndome a “político” lo establezco desde un espacio histórico-social donde entenderse por fuera del liberalismo, de la vereda de enfrente, reflexionar sobre mi deseo no como individual, sino también como algo que nos engloba a todes. A su vez lineado, claramente, con la responsabilidad que se anuda al reconocimiento de nuestro nuevo –lamentablemente nuevo- derecho: el desear y cumplirlo.

Justamente ya el poder desear y que la culpa no nos pese es también estar preparades para haceros responsables del mismo, y con toda esa fuerza que generamos, poder reproducirlo a otres y cumplir el deseo de: cualquier cosa.

¿qué es lo difícil entonces?

Lo difícil de estar preparades, con voluntad y ganas de que nuestro deseo se cumpla sin rollos de “fracaso” o “frustración” es que del otro lado la empancipacion del deseo y la responsabilidad todavía tenga grises.

Entender la dificultad de poder concretar o construir algo con un chabón (heterosexual cis) debe tener algo que ver con eso; con la incapacidad de que se puedan hacer cargo. Cuando hablo de “hacerse cargo” me estoy refiriendo a hacerse cargo de todo. Hacerse cargo del sí y del no. Hacerse cargo si queres estar o si te queres ir. Dejar de salir conmigo o invitarme a salir. Decirme que tenes novia o si sólo queres divertirte. Hablar y actuar.

La falencia nace desde el desequilibrio entre nuestra revolución del deseo -diría Luciana Peker- y su miedo a la perdida de vaya unx a saber qué. Entonces, nuestro deseo (en el caso que queramos entablar un vínculo con varones cis) se ve imposibilitado ante esta falta de ¿huevos? ¿Amor?O ¿ganas de hacerse cargo?

 

*Azul es escritora y editora de http://reviradas.com.ar/ militante nacional, popular y feminista.

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