Imagen: Mila Amarilla Marichal

*Por Noelia Díaz

La arrastró del cabello a lo largo de un pasillo, la golpeó y la metió dentro de una habitación. Entre cuatro paredes sin cámaras y sin testigos la siguió violentado. Creyó  que la había matado. Cuando ella vuelve en sí, con las últimas fuerzas que le quedaban logra escapar aprovechando que él fue al baño.

Hizo la denuncia a la policía. Ella sabía que también la violó, pero la negligente justicia la sometió a un examen ginecológico 72 horas después, los restos de semen ya habían desaparecido del interior de su cuerpo.

Estaban saliendo hacía 3 meses. Durante todo este tiempo la trató con respeto y cumplió con los mandatos de conquista correspondientes. Sin embargo, ese día en que casi la asesina, se portó violento durante toda la noche. De vuelta de la cita, ella le dijo que daba por terminada la relación, no quería un hombre así como compañero. Él que siempre lo tuvo todo, estaba seguro que ella, su cuerpo, su vida, era territorio de conquista el cual él ya había dominado y le pertenecía… su propiedad no tenía derecho a marcharse para ser de alguien más y decidió matarla.

Arlette Contreras fue víctima de un intento de feminicidio en el 2015. Las heridas de su cuerpo ya cicatrizaron, más el daño psicológico sigue presente y aún no le permite contarme su terrible historia sin quebrarse, sin llorar.

Ella es peruana, y su caso tomó estado público tras la viralización de las imágenes de cuando era violentada. Todo quedó grabado en una red de circuito de cerrado… todo menos lo que ocurrió en el interior de la habitación en donde él la siguió golpeando. Pero aunque parezca imposible de creer la violencia que quedó documentada no fue suficiente para dos tribunales de sentencia que resolvieron que su verdugo era inocente. La presión mediática e internacional lograron que ambos juicios fueran anulados. Arlette debe soportar un tercer juicio oral y ser nuevamente re-victimizada en un interminable y tortuoso camino en busca de justicia.

La terapia la ayuda a seguir. Su activismo en el movimiento «Ni una Menos» de Perú también la mantiene a salvo de caer en depresión estando lejos de su familia y sus amigos. Luego del primer juicio debió dejar su ciudad natal, Ayacucho, porque su agresor está libre y ella no tienen medidas de protección.

El marco legal existe, el femicidio está tipificado como crimen en la legislación peruana, pero la corporación machista puede más que el propio orden jurídico, ético y moral. La lealtad entre los hombres no se quiebra, es uno de los pilares fundamentales del patriarcado y llegar al corazón de quienes forman parte de ese sistema corporativo es el desafío del feminismo, según lo reflexiona Rita Segato. La antropóloga argentina, participó, junto a Arlette Contreras del lanzamiento de la «Ley modelo Femicidio/Feminicidio» presentada en la sede central del Organización de Estados Americanos por el MESECVI.

En una conferencia magistral Rita mencionó que lo más importante de esta ley modelo es que incluye medidas de prevención. Además de la necesidad de establecer mecanismos de resarcimiento y reparación a las víctimas directas e indirectas de la violencia machista.

Mencionó que el punitivismo no es suficiente y obviamente no está dando resultados. Segato considera que para llegar a transformar los mandatos de masculinidad se debe invertir en publicidad, en información, en mensajes claros. Convencer a los medios masivos de comunicación que matar o violentar a una mujer no es un crimen menor, no es cosa solo del género femenino, sino que es problema de todos y todas y que hoy por hoy es la forma en que se lleva adelante la «guerra sin nombre». Una guerra en que los poderes políticos, económicos y religiosos usan los cuerpos de las mujeres para destruir y conquistar sus objetivos. Sí, los cuerpos de las mujeres, porque somos nosotras el núcleo central que sostiene las sociedades, que sostiene el mundo.

A la pregunta sobre cómo se detiene la guerra, referida al escenario bélico informal contemporáneo que se expande en América Latina. Ella responde: «Desmontando, con la colaboración de los hombres, el mandato de masculinidad, es decir, desmontando el patriarcado, pues es la pedagogía de la masculinidad lo que hace posible la guerra y sin una paz de género no podrá haber ninguna paz verdadera».

*Noelia Díaz es periodista feminista, secretaria general del Sindicato de Periodistas del Paraguay, activista por los derechos de todas las personas.

Deja un comentario