Foto: Diario Hoy

*Por Airym Sarta

El pasado 3 de abril, solo un día después de haberse terminado, un mural colaborativo que decoraba el Anfiteatro del Lago de la República en Ciudad del Este amaneció manchado con pintura blanca. En las redes sociales, personas de grupos políticos conservadores de la ciudad aplaudieron el hecho, incluso mostrándolo como una iniciativa cívica.

“¿A quién pueden molestarle tanto los colores del arcoíris?”, se preguntaron las personas en el twitter. El escándalo que se armó en las redes sociales debido a este mural solo me recuerda a las prohibiciones militares de los años 70 en Argentina, en las cuales se censuraron cuentos por mostrar colores o elementos que representaran la democracia o por contener “ilimitada fantasía”[1].

La relación entre estas dos situaciones de censura tiene que ver con la manera en que los poderes militares nos han enseñado a “borrar” de la historia a quien piensa, siente o es distinto a las normas establecidas por quienes ejercen el poder. En el golpe de Estado del 76 en Argentina, la excusa para prohibir, censurar, borrar, hacer desaparecer fue que los militares pondrían el país en orden, ¿les es conocido este argumento?

No hace falta un golpe militar o una dictadura reconocida por todos para que la censura y la estigmatización lleguen a niveles alarmantes. Nos bastan la cultura militarista y la exaltación de valores nacionales. Recientemente el actual presidente del Paraguay (hijo del que fuera secretario personal de Alfredo Stroessner), quien ganara en elecciones democráticas en el 2018, comenzó a tener un abierto discurso de orgullo ante la dictadura militar de la que participó su padre, y desde que asumió el mandato ha conservado un discurso que enaltece los valores sostenidos por el partido de gobierno tal y como lo hacía el dictador “todo lo que ha marcado progreso en nuestro Paraguay, les guste o no a nuestros adversarios, lleva sello republicano y es obra del coloradismo”[2]. Nada más totalitario que presentar como adversarias a las ideologías de oposición.

Este rasgo del poder militar se caracteriza muy bien en el cuento “El pueblo que no quería ser gris”[3]. En el texto se narra la historia de un triste rey que, en vista de no tener nada más que prohibir, obliga a los habitantes de la ciudad a mantener sus casas de color gris, prohibiendo cualquier otro color y enviando tropas a detener a quien desobedeciera. El cuento obviamente describe la desobediencia a tan irrisoria prohibición y la manera en que las casas de las ciudades recobraron los colores. Sin embargo, debido a la censura, fue prohibido en setiembre del 76 y la mujer que lo escribió tuvo que salir exiliada.

Si a esta altura de la descripción todavía les puede parecer conspiratoria la relación que encuentro, hablemos de la autoría del hecho: los colores del mural de Ciudad del Este ofendían a personas que rechazan —y odian— la homosexualidad y lo dijeron públicamente a través de redes sociales, felicitando el vandalismo perpetrado contra el mural con el argumento de que reflejaba los mismos colores que la bandera LGBT (colores del arcoíris).

Puede que en este caso no fuera el poder militar el que ejerció la censura a través de su fuerza; sino, según la prensa local, ciudadanos que pertenecen a grupos opositores a quien lideró la iniciativa[4]. Pero lo primero que puede leerse es el odio contra personas trans, gais y lesbianas, incluso cuando detrás hay una contienda política electoral que nada tiene que ver con identidad de género u orientación sexual.

Lo que vemos en redes acerca de esta noticia no es un hecho aislado de gente borrando colores de una pintata. Se ha sumado a una campaña de desinformación que pretende asustar a la población y que, con medidas institucionales y a través de los medios de comunicación hegemónicos, en el último año ha estigmatizado el género, la educación sexual y las identidades trans en Paraguay: se ha prohibido a parejas gais frecuentar lugares públicos y se han publicado noticias falsas acerca de personas gais, además de la histórica negación de los hechos de violencia que afectan a personas trans en el país.

Ante un Gobierno que enaltece los valores tradicionales defendidos a ultranza por la dictadura militar y la premisa de hacer a su partido “fuerte y grandioso como antes”, el odio proveniente de sectores políticos fanatizados se convierte en legítima excusa ante la ciudadanía para que el Estado tenga la potestad de estigmatizar identidades, judicializar artistas y prohibir los colores, mientras miramos por las redes sociales como esta cortina de humo nos esconde sus fines políticos concretos, llevándose nuestros derechos civiles a su paso; pues, como escribieron Beatriz Doumerc y Ayax Barnes, este cuento que acá termina, por otro lado vuelve a empezar.

Acudo a quienes amamos la libertad que tenemos actualmente de expresarnos en todos los colores para que reconozcamos las prohibiciones en el sensacionalismo de la prensa, cuidemos nuestros afectos trans y no binaries del odio que les amenaza y nos amemos. Esa siempre fue nuestra manera de lograr que el rey se cayera de espaldas.

Airym es trabajadora social, escritora, feminista, activista por los derechos de las lesbianas y de todes. Es amante de los panes de verdad y podcastera en proceso.

 

[1] http://www.imaginaria.com.ar/04/8/pueblo.htm

[2] https://www.ultimahora.com/abdo-benitez-resalta-obras-del-stronismo-y-el-progreso-del-pais-gracias-la-anr-n1130233.html

[3] https://agmer.org.ar/index/wp-content/uploads/2013/04/el-pueblo-que-no-queria-ser-gris.pdf

[4] http://www.paraguay.com/nacionales/cde-vandalismo-en-anfiteatro-por-cuestiones-electorales-187703

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