*Por Michel Riquelme.

La aprobación de la Ley de Identidad de Género en Chile en septiembre del año pasado marcó un hito para la comunidad trans, no sólo porque fue una lucha de años que nos costó muchas energías y recursos, sino porque abre el primer paso para el reconocimiento legal de todas las diversas identidades trans, porque sí, son muchas.

Si bien en el pasado el movimiento trans reivindicó el ser hombre o mujer, como únicas posibilidades de existir, hoy habemos muches que cuestionamos y reivindicamos estar fuera de ese binarismo. ¿Qué es ser un hombre? ¿Los varones trans son menos que los varones cisgénero? ¿Queremos ser como ellos? Son algunas preguntas que yo no tengo cerradas y creo que no tienen por qué estarlo, hoy no es necesario, ni pertinente entrar en ése estrés por las categorías cuando las luchas contra la violencia y la discriminación son más urgentes.

Hablo de varones trans porque yo transité de mujer a varón y luego de varón a una identidad no binaria. Aunque actualmente mi expresión de género es masculina, no quiero, ni soy un varón trans, mi carnet de identidad aún tiene la F (sexo femenino) y prefiero que me digan le/elle a ella o él. Gracias a esta vivencia, que reconocí en mi tránsito, es que me liberé de muchas opresiones que no me hacían sentido.

Aunque la existencia de nosotres está cuestionada hasta dentro de la comunidad trans, yo no aguanto el “transnómetro” que queremos imponernos a nosotres mismes. Ya tenemos suficiente con el “cistema” que nos niega derechos y oportunidades en múltiples dimensiones de nuestra vida. Esta nueva ley de identidad no reconoce a las identidades no binarias, neutras o fluidas que algunes vivimos, dejando en claro que sólo hay reconocimiento para aquellas personas que encajen en lo que debería ser una mujer o un varón cisgénero.

En el parlamento no lograron entender que las identidades no son estáticas y que vinimos a detonar la idea del género como construcción dual inamovible. Una vez más se demuestra la lejanía con la realidad, la falta de comprensión y educación que tienen las y los legisladores, así como el estrés que les produce no saber dónde encasillarnos. Y aunque les demos las soluciones, se niegan a aceptarlas.

El desamparo en el que quedaron les niñes y adolescentes trans menores de 14 años es otro de los vacíos graves de esta norma. En la Asociación Organizando Trans Diversidades tenemos casos de familias ejemplares que supieron escuchar y respetar a sus hijes, revisar sus estructuras y comprender con amor y respeto que la expresión de la identidad no tiene edad. La verdad es que sus experiencias nos llenan de orgullo y esperanza a quienes no tuvimos la posibilidad de crecer en familias que nos respetaran. Sin embargo, el Estado y sus instituciones les cerrarón las puertas.

La situación de la infancia en el país debería ser una de las preocupaciones más importantes para todes, especialmente de niñes de comunidades vulnerables como la trans, pero no, han decidido esconder esta realidad y dificultar su crecimiento pleno, libre y en igualdad de condiciones. Se perdieron la oportunidad única de hacer las cosas bien, su transfobia se evidenció una vez más y la ignorancia se impuso.

Hoy nuestra labor como adultes trans es protegerles, luchar y continuar visibilizando nuestra propia vivencia, para que las personas que tengan hijes sepan que la identidad es un sentimiento interno, que no tiene edad, ni viene determinada por los genitales, que la vivencia trans es parte de la riqueza de la diversidad y que tenemos la responsabilidad de cuidarla. Continuaremos haciendo nuestro trabajo porque es lo correcto, porque afuera aún no entienden, porque hay vidas que salvar y honrar.

 

*Michel es Activista Trans, participante de Organizando Trans Diversidades, OTD Chile.

 

Michel Riquelme, activista trans.

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