Ilustración: @lola.vendetta

Por Juan Manuel Ciucci*

La avanzada feminista nos permite asumir una oportunidad largamente ansiada: poner en discusión la masculinidad que hemos heredado. Parte de las incomodidades, de las rupturas que venimos intentando, pasan evidentemente por ahí. A muchos nos faltó la óptica que el feminismo nos propone para sumar a nuestros reclamos de justicia social, la necesidad de la igualdad no sólo política o económica, sino de géneros.

Y entender al género como una construcción es quizás la llave que nos guiará hacia las nuevas masculinidades que vienen avanzando. Ahora bien, ¿cómo construimos esa deconstrucción? ¿Con qué herramientas contamos, y qué nos exige poner de nosotros mismos para lograrla? Ante tanto debate en torno a los feminismos, esta pregunta sin embargo continúa siendo marginal, y los varones se sienten tanto más autorizados a decirles a las pibas lo que tienen que hacer (en especial en temas de política coyuntural) que en debatir con otros varones sobre su lugar en este proceso.

El último Encuentro de Varones Antioatriarcales realizado en el partido de Avellaneda, Gran Buenos Aires, demostró un creciente interés por la temática, a la vez que puso en evidencia que el camino está recién empezando. Son más preguntas qué certezas las que uno se encuentra al participar, y si bien esto es positivo para que nos sumemos quienes iniciamos ésta búsqueda, revela la falta de formación y teorizacion que al respecto tenemos.

Es primordial reforzar/comenzar la construcción de estos espacios propios desde donde pensar una masculinidad antipatriarcal. Tanto en el trabajo, la agrupación política o social, el gremio o la academia. Buscar la unidad entre la práctica y la acción como varones, para organizar desde ahí nuestro caminar en el feminismo. Es en este momento y en las calles donde se da la lucha, y nuestro accionar debe enfocarse en incentivar/provocar/convocar a otros hombres a cuestionar sus practicas y privilegios, y sumarse a esta nueva manera de entendernos. Es así como podremos poner en jaque nuestro rol de genero opresor, y construir una igualdad verdadera.

Masculinidad y poder

En el taller al que asistí durante el Encuentro se abordaban los machismos al interior de las organizaciones políticas. Me interesó porque en el marco de mi militancia, es un tema que atraviesa de modo urgente nuestra realidad. Fue sugerente constatar que en el inicio de la actividad fuimos los menos quienes nos definimos feministas, y los más los que por primera vez participábamos de la experiencia.

Un punto crucial fue el planteo por parte de algunos compañeros de un problema que se vive con asiduidad en los barrios: qué hacer cuando nuestro referente territorial es un gran compañero que sabe organizar la barriada, pero que ejerce violencia al interior de su familia, o con compañeres. Y casi justificando esto: qué hacer ante quien casi nada tiene, y al que encima le pedimos que deje a un lado sus pocos privilegios asignados. Surgen inevitables las preguntas:

¿cómo considerar «un gran compañero» a un violento? ¿Qué privilegio se justifica si está construido desde la violencia? ¿Por qué la búsqueda de una nueva masculinidad intenta sostenerse en estas complicidades?

Estos planteos dan muestra de la defensa/avanzada patriarcal al interior de las organizaciones políticas, que comienzan a temer que el feminismo realmente haga caer sus prácticas de poder patriarcales. Que se lleve puestos a los referentes, que ponga fin a una historia de dominio y ocultamiento, que tome la agenda pública y cambie el orden de prioridades que el patriarcado ha impuesto. Que muestre en los hechos que otro mundo es posible.

Un comienzo que como varones podemos dar es cambiar en nuestras mentes esa lista de deberes que nos han dicho son previos a todo reclamo feminista, esa «contradicción principal» que deja para mañana todo lo que las pibas exigen hoy. Cambiar la cabeza en torno a nuestras prácticas públicas y privadas, construyendo una masculinidad que se asuma antipatriarcal, en camino hacia una deconstrucción que debe ser radical, porque la hora así lo exige. Que abandone el intento por explicarles o enseñarles a las compañeras lo que deben hacer, y tome en serio la tarea de reunirse con otros varones para en conjunto elaborar un nuevo modo de habitar este mundo.

Tomando del feminismo su voluntad de acción y reflexión, de un cuerpo en acto que nos interroga por todo aquello que hemos dado por válido. No hay modo de transformarnos sin una práctica vital que sin dudas puede herirnos o complejizarnos, hacernos dudar de nosotros mismos. Pero con la certeza de que será un camino que nos permita liberarnos de todo aquello que nos dijeron un hombre era, y que hace tanto ya que nos resulta insoportable ser.

Juan es de oficio periodista, milita en la Agencia Paco Urondo, e integra el Grupo Revbelando Imágenes y Mecha Colectivo Audiovisual

 

 

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