*Por Liliana Carmona, poeta autodidacta chilena

Y un día

o seis días,

se juntó la luna, el sol y las eternas galaxias.

Y en el juego de Lilith,

la energía creó

a la mujer y el hombre…

y dijo ámense!!!

Muchos hubo que se abrazaron a sí mismos,

porque cada género contiene en sí el cincuenta por ciento de femenino y masculino.

Otros se espejaron en los ojos del otro diferente.

Entonces se enredaron sus cuerpos,

Y el ser viril penetro a la fémina,

Y se entregaron al éxtasis del amor.

 

Otros se miraron con sus pares,

Hombre con hombre,

Mujer con mujer.

Se entendieron, se encantaron, se sonrieron.

Y querían enredar sus cuerpos,

Hasta consumarlos al fuego del placer.

No sólo como tales,

Si no cómo almas

Que se buscan y se encuentran en la infinidad de vidas,

Que se ligan por la eternidad!

Pero

estaba prohibido.

El castigo venía

de la sociedad y los otros!

Frustrados se escondían en las tinieblas para siquiera mirarse.

Pero..

Cuando el amor ES

Entonces, Se sueltan los tabúes y cadenas.

Se toman de las manos férreas,

Son las mismas manos del alma,

Que los enlaza en eternos!

Y…

La diversidad vino,

aunque siempre había sido!

Y, se amarraron y enredaron, besos, cuerpos y caricias.

Y sostuvieron el amor diverso,

en libertad de pasiones sin tensiones.

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