Ilustración: Emma Gascó

*Por Cony Oviedo

La verdad que asumirse feminista trae muchos aprendizajes y sobre todo nos tiene en la búsqueda permanente para crear formas de relacionarse donde primer el amor, la ternura, la escucha, el respeto y esto solo por nombrar algunas de las cosas sobre la cual nos construimos y por supuesto a diario nos encontramos con contradicciones.

Las mujeres que nos declaramos feministas estamos constantemente pensándonos y repensándonos, no es fácil serlo, menos cuando la sociedad apunta constantemente a las mujeres por todo, la sociedad patriarcal que nos prohíbe equivocarnos. Estamos planteando un proyecto de vida, un proyecto político con la certeza de que la forma actual de relacionarnos no sirve porque nos oprime, nos golpea, abusa de nosotras, nos mata.

Cansadas de los “no entiendo”, “están exagerando” y cómo cuesta interpelarse, como cuesta tratar de preguntarse como nos relacionamos en general pero sobre todo con las mujeres, no pocas veces terminamos defendiendo prácticas machistas/patriarcales, tal vez siempre resulta más fácil jugarse por los privilegios, por no mover absolutamente nada de su lugar.

Y todavía debo defender mi cuerpo en cada esquina, en cada colectivo en el que viajo, en mi lugar de trabajo porque soy mujer y no me está permitido ser libre completamente.

Ser Feminista es una invitación para todas, una invitación a ser libres juntas, a equivocarnos y reconocer que estamos aprendiendo y desaprendiendo. Es cierto que no tenemos todas las respuestas pero lo cierto es que tenemos la posibilidad de reconocernos compañeras, que tenemos la posibilidad de continuar luchando día a día para construir esa sociedad fraterna, justa, solidaria, de amor que tanto anhelamos porque estamos construyendo juntas desde donde nos toca, como nos es posible.

Creemos y crecemos con las que nos antecedieron, nos dejaron su legado de lucha y seguimos por nosotras, por las generaciones que vienen. Seguimos con la convicción de que un día las cosas van a cambiar, vamos a caminar tranquilas por las calles, vestidas como nos guste, sin el temor a que tomen nuestros cuerpos o nuestras vidas a la salida de una fiesta, del colegio, del trabajo o en nuestras casas.

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