Imagen: Diario Bae Negocios

*Por Cecilia González Gerardi

El pasado jueves 25 de abril se realizó el acto de inauguración de la 45° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Como muches, asistí a la misma esperando el milagro de poder entrar a la sala Jorge Luis Borges donde se realizaría la apertura con la presencia de la antropóloga Rita Segato, ya que la actividad fue restringida a la asistencia con invitación especial de ciertas personalidades o amigues, quizás previendo la posibilidad de que hubiera protestas o incidentes puesto que se presentaban funcionarios de Cambiemos como oradores.

Llegué temprano y aproveché para recorrer los stands en un día en que en general circula poca gente y une puede transitar tranquilamente por ellos, verificando los altísimos valores de los libros, inaccesibles para muches, y la diversidad de criterios acerca de los descuentos otorgados a estudiantes o docentes, así como los valores de aeropuerto de las cafeterías en el interior del complejo.

Llegada la hora, me instalé, como muches, en el lugar donde transmitirían la ceremonia a través de una pantalla gigante, a falta de la dichosa invitación excluyente. Hacía frío y había empezado a garuar.

Me alegra decir que no fui la única que soportó el mal tiempo. Para muches de nosotres Rita es une referente del abordaje en las luchas feministas que es importante leer y escuchar. No para recibir ciegamente todo lo que plantea, sino para repensarnos y repensar nuestras luchas. Y quizás vislumbrar los aciertos y algunos errores.

Así que allí aguardamos. Mientras veía la cola de les privilegiades que esperaban más de la cuenta para ingresar a la sala. Mientras esa misma espera me hizo reparar en el lema de la feria que estaba colgado de un banner, y que a esas alturas parecía un mal chiste para todes les que estábamos excluides de pasar. El lema rezaba “Leer  abre las puertas”. “Y la feria te las cierra”, pensaba mientras mascaba y rumiaba cierto resentimiento de clase.

Finalmente, lluviecita y viento mediante, el acto comenzó.

No voy a describir de esa tarde-noche todas y cada una de las palabras que se dijeron. Me interesa destacar un par de cuestiones.

Se va la primera

Cuando subió al escenario a hablar el secretario de Cultura de la Nación Pablo Avelluto, un grupo de jóvenes, y no tanto, con banderas y carteles se acercaron a clamar por los bachilleratos cerrados por este gobierno. Me pasaron por al lado e inmediatamente sentí que estaba del lado correcto de la sala. Los manifestantes no dejaron hablar a Avelluto, o mejor dicho, él continuó hablando en un tono desencajado, en ese diálogo de sordos a que nos tiene acostumbrados este gobierno. Habló por encima de ellos. Habló gritando. Habló pidiéndole a la Fundación El Libro, organizadora del evento, que tomara cartas en el asunto para poder hablar tranquilo. Habló, sí, pero nadie pudo escuchar más que los cantos de afuera. Que no insultaron a nadie, como mienten algunos medios periodísticos. Solo cantaban sus consignas en defensa de los bachilleratos populares. Y tampoco los desalojaron, como dice algún medio por ahí. Por el contrario, avanzaron sobre las vallas y pudieron llegar a las puertas de la sala sin problemas. El frío retrocedió durante esos minutos.

Se va la segunda: Rita

Cada vez que fue nombrada la recibimos con nuestro clamor: “Aborto legal en el hospital”. ¿Qué decir? Su discurso completo puede encontrarse fácilmente en las redes.

Habló de desobediencias y de dignidad latinoamericana. Habló de descolonización de los saberes así como de las condiciones de producción de esos saberes. Habló de las editoriales nacionales que ya no existen por las políticas de los gobiernos liberales. Habló de los monopolios extranjeros que se benefician con nuestros grandes autores y teóricos. Habló de su posicionamiento desde la descolonización. Habló de Ni una menos y de no caer en el coloniaje de teorías feministas creadas para los contextos norteamericano y francés. Habló de la trasposicón del Me too a contextos para los que no fue creado, como una forma más de coloniaje. Habló de pensarnos desde, por y para Latinoamérica. Y habló de los bachilleratos. Habló de lo que se tenía que hablar.

Se va la última

Me queda una sensación muy fuerte de esa tarde noche del jueves. Estar adentro o afuera de un espacio que excluye también marca un posicionamiento. Al final, me tocó estar del lado donde el clamor se eleva por sobre la sordera y la ceguera de nuestros gobernantes y de quienes los sostienen por sobre la clara realidad que se vive por fuera de esos mundos inventados que se sueñan los funcionarios de Cambiemos. Porque las condiciones que produjeron entran a la fuerza y arrasan con los relatos mentirosos por más que intenten cerrarles la puerta. Si yo fuera Rita, quizás no habría aceptado estar en ese espacio de haber sabido que la asistencia era con invitación especial. Ni sabiendo la historia de la Fundación El libro, responsable de la organización de la Feria. No sé si lo supo. Y claramente no soy ella. Aunque entiendo que deben ocuparse los espacios para transmitir los mensajes a la mayor cantidad de gente posible, esa circunstancia me aleja de su figura pública, y me acerca a su escritura, que debe transitarse con la tersura de ir a contrapelo de las enseñanzas del patriarcado y sopesando sus complejidades, para no caer en la lectura superficial que muchos hacen de ella quedándose con algún concepto polémico por no profundizar en su teoría.

Pese a esto, creo que esa noche quedó demostrado que ningún gobierno puede tapar con estructuras de cartón pintado y papel crepé de colores los gritos de un pueblo que se organiza para poner los puntos donde hay que ponerlos. Quizás llegue el día en que los que están afuera no solo sean nombrados por los de adentro sino abrazados para ponerse hombro a hombro al frente de la lucha por nuestros derechos.

Desde el asfalto del otoño, una mirada inquieta los saluda.

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