Imagen: Luis Robayo/ AFP

*Por Vane Mari

Todavía hay quienes se cuestionan la participación de la mujer en la política, algo que no sorprende pero indigna. Para nosotras hoy discutir esto es una obviedad: ¿Por qué no vamos a participar en política si nuestras vidas está atravesada por ella? No hay persona ni sociedad que pueda pensarse ni vivir por fuera de la política;  hasta sería un contradicción no hacerlo. Los procesos históricos nos van posicionando como sujetos y portadores de experiencias a través de la cual se construye la subjetividad y desde allí uno se ubica o es ubicado en la realidad social. Es decir, como sujetos experimentamos nuestras propias experiencias, nuestras realidades vividas en la vida social y es aquí donde aparece la concreción y realización de conciencia social, una identidad común de clase.

Sin embargo, durante mucho tiempo fuimos sujetas con identidades impuestas y experiencias forzadas como fruto de una sociedad patriarcal que siempre ha marcado en la vida de las  mujeres dónde tenían que estar, qué tenía que hacer y quiénes tenían que ser; y ya sabemos que para las sociedades patriarcales y capitalistas como las nuestras, somos las únicas que vamos a garantizar futuras fuerzas de trabajo acompañada de una ardua tarea doméstica que claramente fue y sigue siendo en algunos casos muy silenciosa. Si bien estas costumbres fueron  la historia de nuestras vidas durante mucho tiempo, fue la política feminista la que llevó a las mujeres a ser vistas como un objeto de investigación histórico. ¡Una gran paradoja!  Por eso, a medida que “lo social” encontró un lugar entre lo doméstico y lo político en el siglo XIX, se estableció a las mujeres como un nuevo tipo de colectividad sociológica.

Mientras los vaivenes  políticos, económicos y sociales  estaban siendo “resueltos” por los machos, las mujeres estaban silenciosas, ocultas pero experimentando sus propias experiencias, esas que más tarde ayudarían a reconstruir la historia completa y a unirlas en la voluntad de resistir injusticias y dominaciones pero con la convicción de que nada mejor que las mujeres para resolver los problemas de las mujeres.  Así fue como sucedió por ejemplo hace un poco más de cien años con la celebración del Congreso Femenino Internacional en la inmensa  Buenos Aires de 1910; este hecho histórico puso a las mujeres en el centro de la escena, ya que para ese entonces Argentina contaba con luchas y huelgas protagonizadas por las mujeres quienes lo único que pedían era que sus derechos sean reconocidos y que pudieran tener participación política. Algunas de las cuestiones a discutir fueron el rol de la mujer, la disparidad salarial y la ley de divorcio, entre otras.

Podríamos decir entonces que  es innegable la conexión que existe entre la experiencia personal y las grandes estructuras sociales y políticas y es por eso que resulta imprescindible que los problemas de las mujeres sean discutidos por  mujeres, nadie más que nosotras vivimos y sentimos la opresión, la dominación y la explotación de un sistema íntegramente patriarcal.

Si no lo sentís, si no lo vivís, si no sentís bronca, impotencia y dolor cada vez que una mujer es víctima de violencia de género en cualquiera de sus formas, si no te tiembla el cuerpo cada vez que escuchamos las injustas desigualdades por la que pasamos, difícilmente lo puedas cuestionar y discutir hasta haber generado cambios estructurales en la sociedad. Y entonces se hace inseparable lo personal y lo político, no pueden los hombres llevar nuestras voces si no sienten ni viven en carne propia tales injusticias y desigualdades,  esto no implica que no acompañen porque también son parte de la historia, el debate y los cambios sociales y políticos por los que tenemos que seguir luchando.

Como sujetas históricas, como seres sociales atravesadas por emociones ya no queremos más que nos dejen afuera de nuestros propios cuerpos, de nuestros propios discursos y de nuestro propio sentir, decir y decidir. No es tiempo de soluciones personales, más bien, las acciones son y deben ser colectivas para generar una transformación social y cultural real.

1 comentario

  • Realmente injusto no estar como parte activa de la legislación de cada país. Tanto maltrato y atropello nos lleva a actuar de inmediato NO MAS SILENCIO

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