Por Karina Cicovin*

A la hora de la merienda salimos rumbo al Congreso Nacional.
Hoy es un día importante, decían, mientras caminábamos hacia la estación de subte. Ellas tienen la edad de las veces que se presentó el proyecto por la interrupción voluntaria del embarazo.

Hoy fueron juntas, se conocen desde siempre. Nos acompañaron, las acompañamos. Vamos enlazando nuestra lucha. Aprovechamos de mirarlas, de disfrutar de este encuentro, de reírnos porque les molestaba el ruido intenso y «no podíamos escuchar».

Nos pedían esas vinchas con flores y luces que titilaban o el pañuelo del color que faltaba comprar. Entienden que desde su nacimiento se lucha por la libertad para decidir sobre nuestros cuerpos, sobre el cuerpo de las mujeres. Y nos preguntan ¿por qué no podemos decidir si es nuestro cuerpo? Desafían nuestras respuestas. Van por más. Nosotras vamos de a poco.

Ante la multitud se sorprendieron, no se alejaban y miraban atentamente los carteles del lugar. Un abanico de edades, generaciones diferentes en un mismo reclamo: Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.

Entre fotos y preguntas, intentamos caminar y el avance se hacía imposible. Volvimos al Molino y esquivando el humo de los chori, nos ubicamos estratégicamente.

Emprendimos el regreso, luego de varias cuadras, tomamos el subte y volvimos con los pañuelos de los colores que faltaban,
y con la certeza que llegará en breve el momento que SERÁ LEY.

*Karina es fotógrafa,  integrante de Istria estudio fotográfico/ colectivo de fotógrafas y fotógrafos dedicado al proceso técnico y creativo de la fotografía y es parte del equipo Revista emancipa Argentina.

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