Todos los días un nuevo caso de violencia sexual hacia una niña, un niño o un adolescente ocupa los espacios informativos de los medios de comunicación o es viralizada a través de las redes sociales. De enero a abril del 2019 la Fiscalía General del Estado registró 985 casos de abuso sexual de niñas, niños y adolescentes; es decir, 8 denuncias por día. Pero ojo, se trata de aquellos que llegan a ser denunciados porque muchos otros quedan en el silencio.

La violencia sexual es una terrible realidad en Paraguay, está presente en todos los ámbitos y estratos sociales; tal es así que hasta pareciera ser que la gente se acostumbró, que ya no despierta asombro, indignación o rabia. Está dentro de las casas, en los hogares, en las iglesias, en los espacios en los cuales las niñas, niños y adolescentes tendrían que estar protegidos; peor aún, tiene a los padres, a los abuelos, a los padrastros, a los tíos, a los hermanos entre los principales victimarios.

¿Qué hace el Estado frente a esta situación? Actúa con irresponsabilidad, no administra los medios para la prevención y la protección efectiva; niega – por ejemplo- una educación integral de la sexualidad con enfoque de género como un derecho humano de niñas, niños y adolescentes, que brinde conocimientos adecuados y apropiados, con base científica para el autocuidado, que les permita identificar situaciones de abuso y superar el miedo; que les permita entender que las niñas y las adolescentes no son objeto de uso, que nadie tiene derecho a someterlas de ninguna manera.

Hoy, a la par de criar potenciales abusadores y violadores por el marcado machismo que cruza las bases de la cultura, la sociedad tiende a llenar de culpa y revictimizar a las niñas y adolescentes víctimas de la violencia sexual; peor aún, las obliga a sostener embarazos que son resultado del abuso.

Ante esta problemática social con sus múltiples aristas de desigualdad, se creó hace varios años el Movimiento contra la violencia sexual hacia niñas, niños y adolescentes, integrado por organizaciones y personas que trabajan por la defensa de los derechos y protección efectiva de la niñez y la adolescencia en nuestro país.

Este espacio de articulación social convoca anualmente a una marcha en el marco del Día Nacional de lucha contra el abuso y la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes, que se conmemora el 31 de mayo, en memoria de Felicita Estigarribia, de 11 años, quien fuera hallada muerta y abusada sexualmente en la ciudad de Yaguarón. Se cumplen 15 años de aquel crimen que sigue impune.

Bajo la consigna “Mi cuerpo, mi territorio” “Ni usen, ni abusen”, se realizará la edición 2019 de esta marcha este sábado 1 de junio, a las 9 horas, desde la Plaza Uruguaya hasta el Panteón, en Asunción.

Es una convocatoria abierta a las personas que se sientan tocadas por esta problemática, indignadas y con ganas de exigir que las instancias de decisión actúen eficazmente, que se trata de la adopción de políticas públicas y de destinar recursos para la prevención y atención. Y que la Justicia responda con celeridad.

Nos encontramos ante la urgente necesidad de un cambio radical en la manera de pensarnos como sociedad, como Estado, porque lo que menos se garantiza hoy es una vida digna a niñas, niños y adolescentes; una vida libre de toda forma de violencia.

 

Movimiento contra la violencia sexual hacia niñas, niños y adolescentes

ASOCIACIÓN CALLESCUELA, ASOCIACIÓN PANAMBI, ASOCIACIÓN MIL SOLIDARIOS, ASOCIACIÓN ENLACE CDH, BASE EDUCATIVA Y COMUNITARIA DE APOYO (BECA), CENIJU, CONNATs, GRUPO LUNA NUEVA, KUÑA ROGA,  PRESENCIA JOVEN, SOMOS PYTYVÕHÁRA.

Este año nos apoyan: UNEPY, Good Neighbors y CAFA –  Movimiento Vuela Libre

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