*Por Mirta Moragas Mereles

“No hagamos de una piedrita una montaña”, le escribió Monseñor Edmundo Valenzuela a un grupo de jóvenes en enero de 2017. La “piedrita” era el caso de Alexa. Ella había denunciado al sacerdote de la Parroquia de San José Obrero por acoso sexual. Este caso llegará a juicio oral el viernes 7 de junio a las 10.30 horas en el juzgado de San Lorenzo.

En setiembre de 2016 Alexa era coordinadora de la pastoral juvenil y había ido a la casa parroquial a redactar y presentar un permiso para la realización de un campamento juvenil. La recibió el cura párroco Silvestre Olmedo quien -de acuerdo con documentos que constan en el expediente judicial- le habría invitado a pasar e indicado donde estaba la computadora para redactar la nota. De pronto, Alexa sintió que el sacerdote le empezó a acariciar la espalda y luego los senos y le dice en guaraní que “luego haría la nota”. Asustada, corre, se encierra en el baño y se comunica con sus compañeros de la pastoral. Luego de un rato, se va muy asustada y en shock.

Este hecho se sumaba a situaciones anteriores donde el sacerdote le había hecho comentarios sobre su cuerpo y su belleza, que ella ignoró pero que la dejaron sumamente incómoda. Luego de hablar con sus compañeros, presentó su renuncia y denunciaron el hecho en el ámbito de la Iglesia. Luego de varias gestiones fue recibida por el Monseñor Edmundo Valenzuela quien se limitó a decirle que debía pensar “en la dignidad del sacerdote”. Sus compañeros fueron a hablar con el sacerdote para exigirle que se alejara de la parroquia, habida cuenta que habrían existido otros casos que no fueron denunciados por temor a represalias. La conversación fue grabada y difundida por medios de comunicación. En la misma puede escucharse que el sacerdote ni siquiera intenta negar que el hecho haya existido. Viendo que su iglesia, a la que le había dedicado años de su vida como feligresa y voluntaria le había dado la espalda, denunció a la justicia el hecho y el caso será juzgado pronto.

La iglesia realizó una investigación en el ámbito interno, donde de acuerdo con un informe que remitieron a la fiscalía, habían encontrado que Olmedo habría realizado un “gesto inadecuado no especificado”. Resulta difícil comprender cómo puede calificarse de inadecuado un gesto que ni siquiera está especificado. Para explicarnos esto, tanto Valenzuela como los demás sacerdotes que participaron de este proceso, serán citados como testigos.

Este es un caso más que demuestra la manera en que los poderes fácticos apañan y utilizan su estructura para encubrir casos de violencia contra las mujeres. En este caso, de manera muy parecida al caso de Kriskovich, ni siquiera hay un intento de negar los hechos ya que la defensa se basa en controvertir la existencia de los elementos del tipo penal de acoso. En este caso también, los poderes de la Iglesia Católica han hecho de todo para minimizar el hecho. “No hacer de una piedrita una montaña” es la expresión que resume ese intento. Por ello, desde el Consultorio Jurídico Feminista asumimos el caso, pues creemos que una condena podría enviar un mensaje claro a la sociedad de que el poder no puede usarse para encubrir el acoso sexual. La expectativa de pena para el tipo penal de acoso sexual es de hasta dos años, lo que procesalmente significa que, aunque Olmedo fuera condenado no cumplirá pena privativa de libertad efectiva. Más allá del quantum de la pena y la posibilidad o no de una privación de libertad, lo importante en este caso es que una institución tan poderosa en Paraguay como la Iglesia Católica entienda que sus integrantes no pueden estar por encima de la ley. Alexa no está sola.

Mirta Moragas Mereles es abogada feminista, especialista en derechos humanos y género. Como integrante  del Consultorio Jurídico Feminista asumió junto con Sonia Von Lepel la querella adhesiva en representación de Alexa.

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