*Por Noelia Díaz Esquivel

Ella le pone palabras a un discurso político potente, sin perder la alegría y sin perder de vista que la batalla por la igualdad de derechos para todos y todas las paraguayas también se libra tomando es espacio público. Ganar su lugar le llevó tiempo pero la clave fue establecer sus objetivos individuales y colectivos. En el camino sobrevivió a la corrupción y la desigualdad de género. En esta entrega, un pedacito de la historia de una valiente dirigenta sindical del gremio médico de Paraguay, la doctora Rosanna González.

Gíneco-obstetra, madre, esposa, amiga, hermana, hija y en medio de los muchos otros roles que solemos desempeñar las mujeres, ella es también una de las fundadoras del Sindicato Nacional de Médicos.

Relata que nació en 1976 en Puerto Presidente Stroessner, en plena dictadura. Su niñez y adolescencia la vivió en la misma ciudad que, tras la caída de régimen, fue bautizada como Ciudad del Este. Sin embargo a los 17 años decidió salir, buscar una beca y estudiar lo que siempre soñó:

  • Mis papas se separaron cuando yo tenía 13 años. Perdimos el respaldo paterno y pasamos por momentos que fueron muy difíciles. Yo estudiaba en un colegio privado, continúe con el sacrificio de mi mamá. Ella empezó a trabajar otra vez, porque nos quedamos con prácticamente nada, mi papá se quedó con todo y empezamos de cero. Éramos mi mamá y sus 4 hijxs. Cuando terminé el colegio tenía que optar por una profesión, siempre pensé en medicina y en quinto año del colegio empecé a buscar lugares a donde ir. Siempre pensando en el exterior. Pensé en el Japón, Brasil e Israel. Me presenté a las becas para Israel y no se pudo dar, entonces probé para Brasil y a los 17 años vine a Asunción. Intenté Brasil y no salió. Me choqué por primera vez con la corrupción en Paraguay y creo que eso sumó, entre otras cosas,  para que me convirtiera en lo que soy. Fui la mejor egresada de mi promoción, hablaba portugués, rendí el examen con muy buen resultado, pero perdí el lugar… en realidad me lo quitaron. Golpee puertas y llegué a la Embajada del Brasil y me dijeron que no me salió porque no hablé con tiempo, que si hubiera hablado antes, el lugar sería mío. Era el contacto el tema. Me decepcioné del país y ya no quise quedarme. Después surgió lo de las becas a Cuba, me presenté y en 1996 me fui con el primer grupo de paraguayxs a Cuba.

Estudiar en Cuba fue una muy buena experiencia porque le permitió salir de la sobreprotección de su madre. Allí estuvo 7 años, se convirtió en madre y aunque fue muy duro conciliar con el rol de estudiante, lo logró y regresó a Paraguay, en donde sus esfuerzos por salir adelante se multiplicaron:

  • Estuve sola con mi hija, ya sin los compañeros. Hice el último año de la facultad con las materias más grandes, ya con una hija bebé. Intercalaba mis estudios y los momentos que tenía para descansar y darle de mamar. Mi hija mamó hasta los 3 años. Terminé la facultad y regresé a Paraguay. Y me choco con un nuevo gobierno. Nicanor había asumido en el 2003 y nos encontramos con la pasantía rural. Tuve que cumplir con esa pasantía, 1 año, en Remansito – Villa Hayes. En ese entonces, en el 2003, estaban recién formando ese lugar y me asignaron un puesto de salud, tenía que caminar un 1 kilómetro para llegar. Yo no tenía auto y lo que hacía era tomar un colectivo, desde el barrio Hipódromo hasta el Botánico y de ahí tomaba otro colectivo y me iba en la Chaqueña, hasta Remansito. En la entrada de Remansito, caminaba 1 kilómetro para llegar al puesto de salud. Me iba todos los días.

Durante ese lapso de tiempo se lanzó la primera convocatoria de la Comisión Nacional de Residencias Médicas (CONAREM). Rindió el examen y logró un lugar como residente en el Hospital del Trauma. Luego consiguió su traslado al Hospital Materno Infantil San Pablo, donde hizo lo que le gustaba: su residencia en gíneco-obstetricia, durante 4 años.

  • Terminé la residencia en 2009. Durante esos años vivís tu mundo de burbuja, sos estudiante, trabajás tanto que lo único que querés es llegar a tu casa y descansar el poco tiempo que tenés. A parte también trabajaba en un sanatorio porque lo que percibíamos era casi nada. Del sanatorio a residencia no me sobraba tiempo ni para pensar. El vivir tan intensamente o con tanto trabajo no te deja razonar o pensar en tu entorno. Pero al terminar la residencia empecé a chocar la realidad laboral, en donde me percaté que había demasiadas injusticias dentro del ámbito médico, empezando por el propio sueldo, las diferencias de las cargas horarias, etc. Justo me tocó un grupo de compañeros, en la misma guardia, de la misma generación y con quienes empezamos a preguntarnos: ¿por qué teníamos que estar en este sistema? ¿por qué el sistema no funcionaba y por qué nos daban a nosotrxs tan poco valor pagando un sueldo de 2 millones de guaraníes. Éramos médicos especialistas y trabajábamos haciendo 3 guardias de 24 horas, por semana, además de los dominicales, de forma gratuita. Nos fuimos a hablar con la jefa de recursos humanos y le dijimos que todxs lxs de esa guardia íbamos a renunciar. Y nos pidieron que nos tranquilicemos. Nos ofrecieron ganar 2.300.000 y ahí surge la pregunta: ¿por qué si nosotros vamos a ganar más, otxs quienes estaban en nuestra misma situación van a seguir ganando menos? Empezamos a razonar que si existía 200 mil más para nosotrxs, tenía que haber 200 mil más para todxs. Después nos empezamos a revelar contra el sistema y reclamamos cómo era posible que trabajemos 24×3 y ganemos 2.100.000. La mayoría de nosotrxs teníamos hijxs chicxs y no estábamos nunca para ellxs porque trabajábamos todo el día.

Así se iniciaron las reuniones. En poco tiempo se conformó un movimiento nacional y se funda el Sindicato Nacional de Médicos, cuya primera medida de fuerza fue la renuncia masiva de médicos del sistema de salud pública, el 2011. La doctora Rosanna cuenta que ya durante la gestión de la Ministra Esperanza Martínez se logró disminuir la carga horaria y se suprimieron los dominicales. Además se consiguió el aumento salarial en un 200%. Hasta hoy siguen los reclamos ante la falta de infraestructura, déficit de medicamentos, pago de horarios nocturnos, doble pago para días feriados y el escalonamiento, que aún no se logró.

Desde esa época que la doctora Rossana González es una de las principales voces del gremio de médicos. Sin embargo, aún no llegó a la Secretaria General del Sindicato:

  • Me dieron la oportunidad hace dos años. Pero cuando sos mujer existen cosas en tu vida que debes colocar en la balanza. Los roles, a veces chocan, y le di prioridad a mil rol de madre. En ese momento tenía una hija adolescente que me necesitaba demasiado. Yo creo que en algún momento le dejé muy sola y necesitaba más atención y tuve que priorizar ser mamá. Y yo creo que la pasa a muchísimas mujeres. Para el hombre es fácil. Vivimos en una sociedad machista donde es fácil levantarse, prepararse e ir a trabajar. Y después terminar el trabajo, regresar a tu casa, cenar, bañarte y acostarte a dormir. No quiero generalizar, porque existen las excepciones. Existen los hombres que sí hacen, comparten los roles. Pero la mayor parte de las veces la mujeres tenemos que despertarnos, ordenar toda la casa, organizar a los hijos, repartirle a los hijxs, cumplir con tu papel dentro del propio trabajo, estar además en conexión con lo que está sucediendo en tu país y participar de las reuniones con tus pares. Así todo se vuelve muy complejo.

Ella asegura que jamás renunciaría a su papel como mamá, pero considera indispensable el equilibrio a través de la corresponsabilidad de roles entre hombres y mujeres. Remarca que a  las mujeres se las necesita en los lugares de decisión porque tienen una forma diferente de encarar la vida.

  • Yo creo que nos necesitan para trabajar y resolver ciertos problemas del país. Cuando nos dan nuestro lugar creo que lo hacemos exageradamente bien. Me decepciona cuando no nos dan los espacios que nos corresponden solo por ser mujeres y por no pertenecer a una línea política partidaria. Yo creo que puedo aportar mucho más y espero que se pueda dar esa oportunidad, mientras seguiré capacitándome.

 

 

Deja un comentario