Ilustración: @jazminvarela_

 Por Vanesa Mari

Quebrar la cultura machista, patriarcal  y  androcéntrica no fue fácil y tampoco lo es ahora a pesar de los esfuerzos que hacemos desde los movimientos de mujeres, desde las teorías interdisciplinarias, desde el trabajo y la concientización en los territorios.  Constantemente señalamos las desigualdades de género, debatimos, argumentamos y construimos nuevas miradas de manera colectiva porque entendemos que la palabra género es una construcción social y cultural basada en una diferencia sexual en donde sólo es posible contemplar la existencia de hombres y mujeres donde  cada uno ya tiene roles asignados o impuestos. Por lo tanto, el término género está ligado a las creencias, a los discursos, a las prácticas sociales, a las relaciones de poder que se fueron naturalizando a lo largo de los años, las sociedades y las culturas. En este sentido, la perspectiva de género vino a cuestionar la desigualdad desde todos los ángulos posibles  y  los medios de comunicación, aunque no fue fácil filtrar la lucha feminista por ahí,  han ayudado bastante a desmontar prejuicios y estereotipos muy arraigados en la sociedad.

A través de sus diferentes formatos –escrito, radial, televisivo, online, publicitario – los medios de comunicación son grandes constructores de la realidad, por ellos circulan hechos sociales reales convertidos en noticia pero con la particularidad que ellos deciden qué mostrar y cómo mostrar, incluyendo las desigualdades entre hombres y mujeres y en consecuencia, estos medios pueden ser grandes aliados o sostenedores de esas inequidades. Si bien es cierto que sin la colaboración de los medios, los comunicadores sociales, los voceros institucionales  no podríamos poner en agenda las cuestiones de género, también es cierto que deberíamos contar con más espacios de comunicación neutrales, espacios que nos habiliten el debate para luego construir nuevos valores y actitudes que pongan a la mujer en condiciones de igualdad ante la sociedad. Los mass media poseen una dimensión descomunal en todas las sociedades, irradian poder, condicionan las conductas y las formas de pensar  de todos los sujetos sociales, por lo tanto, fue indispensable el trabajo que tuvieron hacer los medios de comunicación para poder informar con perspectiva de género.

Uno de los ejemplos más clarificadores eran, hasta hace poco tiempo, los titulares de los femicidios donde se los disfrazaban de “crímenes pasionales”, mucho costó hacer entender que a las mujeres no las matan por amor porque el amor es otra cosa, las noticias de los femicidios debieron pasar de la naturalización al horror y al repudio. Otro ejemplo es el tratamiento que le dan a una mujer cada vez que asume un rol político, por ejemplo:  asumió la esposa, la viuda, la novia, la amante y muchas otras etiquetas más que le quitan mérito y capacidad individual a la mujer, dejándola en la sombra de quienes le “permitieron” acceder a esos cargos. También podemos hablar sobre las coberturas de las marchas de “Ni Una Menos”, de la justicia patriarcal, el tratamiento que le dan al acoso callejero, a las movilizaciones y los acampes a favor del aborto, sólo por mencionar algunos aspectos.

Y si a su vez observamos los roles y los lugares que ocupan las mujeres en los propios medios de comunicación, nos daremos cuenta que son muy pocas. Los noticieros de los horarios centrales están al mando de los hombres, los programas de debate político también están conducidos por hombres y ni hablar de los programas deportivos. A las mujeres les otorgan la franja horaria de la tarde para que hablen de los chismes del espectáculo, para que hablen de moda, de belleza y de cocina porque dan por sentado que esos contenidos nos corresponden y que  en ese horario las mujeres estamos en casa con la tarde libre para consumir ese tipo de programas y por si estos no alcanzaran,  aparecen las publicidades que nos marcan la tendencia sobre estereotipos de belleza y también de limpieza, los “súper productos” encarnados por hombres que nos vienen a solucionar la limpieza del hogar, negando el trabajo doméstico e invisibilizado que llevamos adelante muchas de nosotras.

Sin embargo, y a pesar de las falencias de los medios, no podemos negar su influencia en nuestras culturas, por eso es necesario asumirlo como aquel instrumento que hoy nos permiten transformar esas condiciones estructurales que hacen a la desigualdad de género porque  reproducen esas representaciones sesgadas y estereotipadas de las mujeres a través de todas sus formas y en ese sentido, como portadoras de todos los derechos, incluidos el de la información y comunicación, donde abogamos la multiplicidad de voces debemos ocupar y construir espacios que nos permitan cuestionar, argumentar y objetar todo lo que se pone en la agenda, impidiendo la manipulación y la desinformación. Desde el feminismo no debemos regalar los espacios de comunicación y difusión, por el contario, debemos apropiarnos de la herramienta para sumar cada vez más la perspectiva de género y así colaborar con las transformaciones de las estructuras patriarcales sino nuestros derechos, nuestros reclamos  y nuestras batallas ya ganadas seguirán siendo invisible a los medios.

*Vane es  Licenciada en Comunicación Social Universidad Nacional de Quilmes, Argentina.

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