*Por Juana Casuriaga

El acoso es el permiso social que tienen los hombres, en una sociedad machista, para decir y hacer a las mujeres lo que a ellos en ese momento se les antoje, esta ocurrencia masculina, producto de lo que significan las mujeres en el mundo de los machos y que se reproduce en nuestras vidas incluso antes de nacer. El acoso es, entre otras cosas la prueba palpable del proceso de cosificación de las mujeres, en otras palabras la deshumanización del ser humano mujer.

El acoso es la materialización de que los hombres tienen derecho sobre las mujeres.
En el acoso está permitido todo, llamadas, visitas, gritos callejeros, mensajes, redes sociales, ere eréa. Mamita, mi reina, te chupo todo, rombovy`áta, que linda que sos, veni chúpame, te quiero romper, silbidos y una larga lista, que Kriskovich lo sabe. Este hecho es un ejemplo claro de que el mal llamado piropo, trasciende las clases sociales.

El acoso callejero, llamado piropo en su versión buena onda, no se cuestiona porque supuestamente no lastima a la que sufre, y es en realidad parte de las prerrogativas de nacer con un órgano sexual masculino.

Lo de Kriskovich es todavía más alevoso, él no solamente es varón, que goza de los permisos sociales de su masculinidad, él tiene una carrera universitaria, fue formado por la academia, Kriskovich no es un albañil que grita desde su obra en construcción con su cerebro semi quemado por el sol, a cuanta mujer pase, no solamente para acosar, sino para generar risas a su círculo de ayudantes.

Él sabe que tiene privilegios de hombre y de clase social, pero no solamente eso. Él es docente, tiene una responsabilidad ética, utilizó el poder que se le concede a un maestro por el hecho de serlo encima de sus estudiantes, él no solo es un hombre con dinero y responsabilidad ética que concede la docencia. Él tiene responsabilidad moral en el cargo que desempeña en la justicia, él es una vergüenza más para la tan desvergonzada justicia paraguaya.

Kriskovich es todo eso, es un hombre, con plata, con formación académica, con poder y con influencias. Hay muchos Kriskovich recorriendo este país, y somos muchas Belén resistiendo tanta violencia.

Ella que se animó a denunciar, no está sola. Ella es cada una de las mujeres que alguna vez fuimos víctimas de acoso. Ella es, las pequeñas acciones que se hicieron, ella es los mítines, los análisis, las posturas personales y colectivas realizadas denunciando tanto atropello. Ella es todas las mujeres que sostuvieron con el cuerpo las denuncias.

Ella, somos todas. Su coraje, va más allá de las mujeres, su coraje es también la denuncia de muchos varones contra esta sociedad que no nos trata de la misma forma; a los que no tenemos pene. Su coraje es la posición política de movimientos, sindicatos, partidos políticos y hasta la posición del parlamento.

Kriskovich ne retïri piko?

Kriskovich, te faltan los ovarios que tiene quien te denuncio.

*Juana es militante, secretaria de educación y miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Convergencia Popular Socialista, de profesión psicóloga.

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