*Por Noelia Díaz Esquivel

Relata que siempre tuvo vocación para la política pero en su adolescencia, mantuvo un perfil bajo y sólo llegó a presidenta de su curso en Concepción. En ese tiempo ella y su familia vivieron tiempos duros de represión y su padre, que hasta conoció cárceles, les pedía que se cuiden, que no se expongan. Pero su liderazgo natural siempre estuvo presente, dice que como la docencia, es inherente a su personalidad.

  • Papá me decía que desde mi vocación de maestra yo podía ayudar a abrir los ojos a la gente y que la política no es más que la lucha por el bien común y que no hay lucha posible por el bien común que pueda prosperar si el pueblo no está informado y no está despierto y para eso hay que hablar”.

Blanca Margarita Ovelar nació en la ciudad de Concepción, pero vive en Asunción hace 30 años. Es parte de una familia de 6 hermanxs, el único varón murió muy joven a causa de accidente. Hoy es senadora de la Nación, está casada y es madre de 3 varones. Con vehemencia dice que quiere volver a candidatarse y convertirse en presidenta del Paraguay. Asegura que en este siglo las mujeres deben poner todo el empeño para lograr la igualdad. En su experiencia como docente y luego como titular del Ministerio de Educación cuenta que la palabra género se trabajó desde los 90, que el enfoque de género es importante porque se lucha contra la discriminación y los estereotipos que provienen del género. Considera que el lugar que ocupa el hombre no va a ocupar la mujer y viceversa, que se pueden poner todos varones en la administración, pero el espacio de la mujer va a quedar siempre vacío, siempre habrá una omisión que no se logrará reemplazar. Asegura que las mujeres tienen derecho a ocupar cargos de decisión.

“Yo quiero ser presidenta de este país, quiero ser. Creo que hay muchas cosas que pueden hacerse por mejorar la igualdad. El sistema está bastante distorsionado, la cuestión del dinero es clave, movilizar la maquinaria política está absolutamente subalternizada al manejo de recursos y ya tenemos la experiencia de que cualquiera con plata puede ser presidente de este país. Pero a pesar de todo amo la política como el espacio de lucha por el bien público, de lucha o de voz del que no tiene voz”.

Curiosamente, relata, que jamás se imaginó siquiera ser Ministra. De maestra se recibió muy joven, empezó a trabajar en el Centro Regional de Concepción y después vino a Asunción. Ingresó como orientadora del Colegio Técnico Nacional en 1993. Pensó que ahí se iba a jubilar. Pero inesperadamente la llamaron a trabajar en el Ministerio:

“En el 93 cuando asumió como Presidente Wasmosy, lo nombran como Ministro de Educación a Nicanor Duarte Frutos, alguien le dio mi nombre, para que me entreviste para el cargo de Directora del MEC. A mí ya me habían invitado varias veces para ser supervisora, pero rechazaba porque estaba bien en el colegio, no había diferencia salarial significativa, además no quería porque yo tenía mis cuestionamientos al MEC, yo detestaba el MEC, era una orientadora rebelde y todo lo que el MEC me proponía me parecía arcaico, insuficiente, tenía mis prejuicios y rechazo. Hasta que en agosto del 93 hablo con Nicanor y le digo que aceptaría si me daba un cargo directivo, porque con un cargo así yo algo podía hacer. Y me ofreció la Dirección Nacional de Orientación Educativa. Un año después, por pedido de todo el Congreso Asesor de la Reforma, me pasan a Directora de Formación Docente. De ahí pasé a ser Directora de Educación Superior, luego en el 98, cuando gana Cubas me echan del MEC y en el 99 después del Marzo Paraguayo, vuelvo como vice Ministra de Educación. Ahí empezó mi carrera política”.

Segura de su liderazgo y capacidad llegó a Ministra de Educación y ante la pretensión de Duarte Frutos, presidente de la República, de apoyarla con un Vice Ministro Político, le dijo:

“De ninguna manera, necesito un vice ministro técnico, la política ahora soy yo, no voy a permitir decisiones políticas por debajo mío, yo soy la que tiene que tomar decisiones políticas. No voy a aceptar eso porque yo tengo el cargo político y debo tomar las decisiones políticas”.

En medio de la entrevista, la senadora, reflexiona sobre el gobierno de quien considera su mentor y dice que la gestión de Nicanor Duarte Frutos fue muy buena en términos de previsibilidad si se tiene en cuenta los pasos que se dieron en la economía, la ley de re ordenamiento administrativo de la adecuación fiscal. Opina que mirando en el tiempo, se da cuenta que fue el tiempo de crecimiento sostenido. Recuerda que a finales de su gobierno, emerge la figura de Fernando Lugo y Duarte Frutos inicia un enfrentamiento contra sectores poderosos, los sojeros, que asegura no pasó de lo verbal, porque en la práctica seguían contando con todos sus privilegios.

“Aparece en el horizonte Lugo y el partido colorado revisa sus filas y no tiene una figura con quien enfrentarlo. Yo, en todas las mediciones, tenía siempre 70% para arriba de aprobación social de mi gestión como ministra y ese fue un elemento que tomó el establishment político de mi partido para jugarse con mi candidatura. De ninguna manera mi candidatura fue el producto de un reconocimiento a la militancia de la mujer, nada de eso, fue una coyuntura donde no se tenía con quien hacer frente al aluvión que significaba un obispo, con toda la aureola de santidad, que venía de la iglesia católica, de la lucha en favor de los pobres. Mi partido no tenía con quién enfrentarlo”.

Blanca Ovelar sostiene que su candidatura a la presidencia no se daba en las más mejores condiciones, porque tenía restringidas algunas posibilidades, pero ella venía planeando como sortear los obstáculos en caso de ganar esas elecciones, sobre todo en términos de cómo sostener su autonomía y hacer lo que creía se tenía que hacer por el país. Asegura que tenía y tiene muy claro todo lo que significa ser presidenta de un Paraguay con débil institucionalidad y profunda desigualdad, altos niveles de corrupción e impunidad, un poder judicial sometido y con alto grado de corrupción.

Recuerda que en ese momento había una tendencia en la región, teníamos Cristina Kirchner​ en Argentina, Michelle Bachelet en Chile y se escuchaba ya la voz de Dilma Rousseff como sucesora de Lula. En ese contexto, se pensó en su candidatura y soñó hacer algo por su país y aceptó y se jugó y asegura, también le jugaron:

“Cuando una enfrenta una carrera política, se enfrenta a su adversario de enfrente, en mi caso también yo los tenía a mi lado, los adversarios estaban en mi propio partido, en mi propio movimiento. Y yo era consciente de eso. El tema de la figura femenina tiene un enorme peso, el ser mujer era un punto enorme en mi contra. Algunos disimulaban más o menos y trataban de tener un discurso más progresista, que la mujer puede ser presidenta, pero el hecho de ser mujer era una gran desventaja. Por otra parte la incógnita que representaba para ellos, pensaban si podrían llegar a manejarme y eso les despertaba temores hacia mí y conspiraban permanentemente porque decían: ¿quién lo que es ésta? Esta nos va a meter presos a todos”.

Afirma que hay un afán de subestimación a la mujer aunque Paraguay tiene muchísimas mujeres competentes dentro de los partidos pero que no ocupan los lugares que se merecen. Para Blanca Ovelar es una cuestión cultural de larga data y que va a llevar mucho tiempo y esfuerzo desmontar. Denuncia que la mujer sufre muchísima discriminación, subordinación y violencia en todos los ámbitos

“Hay un afán de menoscabo al talento de la mujer, eso es indiscutible y se da en todos los ámbitos. Sin embargo, hay una nueva generación de jóvenes  que empieza a mirar de manera diferente. Yo le escucho hablar a mi hijo menor y veo que hay como un reconocimiento  diferente, una actitud diferente de esta nueva generación. Pero la generación media para arriba, en el Paraguay, tiene ese afán de sojuzgar a la mujer y lo ven como natural dentro de las relaciones. Nosotras tenemos que luchar muchísimo más para emanciparnos intelectualmente, moralmente y muchas veces por culpa de la subordinación económica aguantamos la violencia y sobrellevamos la discriminación y hay mucha injusticia contra la mujer”.

Totalmente de acuerdo con la Paridad Política testifica que hay muchas mujeres brillantes en su partido y en todos los demás, pero que no han podido llegar. Cree que existe un rechazo a esa ley porque modifica el status quo de la política machista y patriarcal. Está convencida que una sociedad que no tiene el protagonismo activo de la mujer en la administración y la política pública necesariamente sus logros quedarán por debajo de otros países que sí lo tienen.

“Nosotras, las mujeres, exigimos y nuestro pueblo tiene el derecho de contar con nuestro liderazgo, ese liderazgo mucho más cercano a la gente, más horizontal, más compasivo, más consiente del sentido de urgencia que tiene atender las cuestiones sociales”.

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