Imagen: Alvar Fañez

*Por Noelia Díaz Esquivel

El cuerpo y los movimientos que hacemos son sólo nuestros. Decidimos cómo movernos. Es nuestro derecho disfrutar de cada parte de nuestro cuerpo. A ella el baile le permite expresar que su cuerpo le es exclusivo y lo disfruta con cada movimiento y lo comparte sobre las tablas para disfrute de todxs. Ella crea a través de él.

Bethania Joaquinho baila desde que tiene memoria. Su madre tiene mucho que ver en eso, ya que es bailarina y profesora de danza clásica. Betha dice que ella también enseña porque es muy difícil sostenerse económicamente sin ese ingreso. El arte es mal pagado en Paraguay. Sin embargo, a lo largo de su carrera formó parte de varias compañías de danza nacional e internacional. Hoy no solo es bailarina profesional, maestra y abogada, también es creadora, productora y directora de sus propias obras.

“Yo antes del 2016 había trabajado en producciones independientes de creadores jóvenes, pasé por eso proceso pero nunca estuve enfrente dirigiendo todo. Y desde ahí me picó el bichito como se dice y ya no pude parar más hasta ahora”

Este camino de creación surgió a partir de la obra «Mujer de Agua» una producción que dialoga a través del lenguaje de la danza contemporánea sobre las violencias en los cuerpos de las mujeres. Betha relata que para esta producción investigó, llegó hasta un registro de feminicidios del 2018, año de creación de la obra, y le impactó tanto que no pudo terminar de leer el documento, pero lo dejó a disposición de lxs bailarinxs que formaron parte de la producción.

«Mujer de Agua fue en el 2018, tenía ganas de hablar de la mujer, me parece muy importante que cada persona, desde el lugar que ocupa en la sociedad, haga estas denuncias. Yo sentí la necesidad de aportar a esta lucha en contra de la violencia hacia las mujeres. Pedí estadísticas de casos de feminicidios. Pero cuando tuve en las manos no pude leer, me dieron como un resumen, donde decía los nombres y las circunstancias en las que fueron asesinadas. Leí dos o tres veces y no pude continuar porque me eché a llorar y me afectó demasiado y no pude seguir leyendo, me quedé en los números. Como artistas nosotrxs somos personas muy sensibles y yo en Mujer de Agua estaba bailando, coreografiando y produciendo algo por primera vez con otra gente, entonces le dije a lxs bailarinxs que estaban conmigo que tenía las estadísticas si querían. Les dije que yo decidí no hacerlo porque necesitaba mi energía para la creación de la obra. Armé tres cuadros, el primero sobre abuso y acoso laboral del jefe a la empleada. El segundo cuadro, la violencia intrafamiliar. El tercero fue sobre acoso callejero y me hizo tomar conciencia incluso a mí de las violencias en la calle, hicimos un momento más teatral, donde nosotrxs le acosamos a una de las bailarinas en escena. Pero no voy a contar el final de la obra, no quiero ser spoilear, porque este 24 y 25 de agosto volvemos a subir en escena en el teatro del CCPA”.

«Mujer de agua» fue todo un éxito. Sala casi llena en las 4 funciones y además recibió buen retorno por parte del público a pesar de ser una obra de contenido muy fuerte.

«Mujer de Agua termina con una pequeña conmemoración a la vida de las víctimas de casos reales que yo tomé y los más emblemáticos: Felicita, la niña de la mandarinas, Mainumby la niña madre y el caso de Sabrina. Así que el final inicia con esos tres nombres y luego una lluvia con los nombres de todas las víctimas. Los ensayos fueron muy fuertes, porque lxs bailarinxs van sintiendo, se va tejiendo una energía alrededor de la obra a medida que crece y va teniendo su propio espíritu y energía. Hablando de estos temas no había forma de no sentir cosas, era una obra pesada, igual el público la recibió súper bien, fueron 4 funciones con muchísima audiencia y el feedback del público también fue súper bueno, les pareció fuerte pero bien»

Bethania regresó hace sólo unos meses de Alemania, donde vivió los últimos años. Está casada y con su esposo acordaron un pacto que tiene una única cláusula «las realizaciones profesionales no tienen que ser sacrificadas en nombre del amor». Es así que ahora regresó a Paraguay con el objetivo de entregar su talento, poner su granito de arena para esa dura cruzada de darle valor al arte. No decidió quedarse, pero ahora está creando.

Imagen: Udo Johann Kemper

“Paraguay es a fin de cuentas el país que me crió, me formó, me educó en danza y arte. Creo que si voy a retribuir o crear cosas, el país que se merece, eso es Paraguay. Está muy bien salir, yo soy partidaria de que la gente tiene que salir, tiene que viajar y tiene que aprender, pero me gustaría que así como yo pude salir y pude ver otras cosas, que vuelvan y que nos ayuden a crecer. Hace años tenemos una migración increíble de artistas, se forman acá, se ve que tienen un poco de cualidades y talentos y afuera, afuera ya, y eso es terrible. Pasa también que vos terminás en tu academia, te recibís y te quedas en la puerta de la academia con tu título en la mano y ¿ahora qué hago? Hay una deuda con la dignificación del arte en este país.

Estos lo últimos meses prepara una co-producción el ballet de la UNINORTE.

«Este fin de semana estreno Carmen, con la música original que es de Bizet, es música original de la ópera. La versión coreográfica es mía cien por ciento. Para esa obra están 4 chicxs que trabajan conmigo pero también de UNINORTE. Pasa que llegué un día a UNINORTE, como siempre la loca que sueña cosas y les presenté la idea de Carmen y me ofrecieron una co-producción y acepté porque era con una compañía consagrada aquí en Paraguay. Armamos un programa que incluye una noche doble porque funciona muy bien, se ofrece al público variedad. Entonces organizamos un programa de una hora quince minutos de espectáculo en el que la primera parte es un repertorio clásico, se hace fragmentos del Lago de los Cines, de Romeo y Julieta y la Muerte del Cisne. La segunda parte si se viene el estreno de la versión mía de Carmen, en la que estamos Cía Danza Bethania Joaquinho en la que somos cinco con invitados del ballet UNINORTE, en total en escena somos 13 personas”

El ambiente del baile también es muchas veces un espacio muy hostil, violento. Ella no quiere perpetuar ese estilo de enseñanza. Quiere y practica ingresar al salón de clases y de ensayo, siempre, con una sonrisa, con palabras amables, respetando su cuerpo y el de todxs lxs demas bailarinxs. Al baile hay que disfrutarlo con cada parte del cuerpo y con toda el alma… El baile es para seres humanos, no para robots.

 

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