*Por Natalia Ferreira R.

En Paraguay la aprobación histórica del salario mínimo para las  trabajadoras del servicio doméstico levantó, además de una alegría inmensa entre las trabajadoras domésticas, una variedad de escenarios truculentos, de guion de serie posapolíptica: hordas de trabajadores y trabajadoras desesperados limpiando como se pueda sus casas, niños deambulando sin cuidados y ancianas al borde de camas, tiradas durante 8 largas horas esperando el retorno laboral del familiar a cargo. Y además por supuesto mareas de mujeres trabajadoras domésticas desempleadas, desesperadas, víctimas de una trampa legal. El temor al cambio se levantó, y casi todas las dudas y miedos giraron en torno a cómo las mujeres resolverían este problema, y muy pocas preguntas se dirigieron al Estado y su rol frente a los cuidados.

Lo cierto es que el trabajo doméstico está saliendo del imaginario esclavo y se está instalando entre los servicios  y trabajos que se prestan y se contratan sobre bases de derechos y en el marco de la ley.  Nos tocará como sociedad cambiar ese chip, aprender de nuevas relaciones laborales y regímenes, y ajustarnos al formato que cada economía podrá pagar. Pensaremos más nuestra cantidad de hijos e hijas, nuestros acuerdos familiares de cuidado de la casa, nuestra relación con el tiempo y el dinero, y también, empezaremos a pensar en los servicios (y derechos) de cuidado que el Estado y las empresas deben ofrecernos. Los derechos que por ley están reconocidos, como las  guarderías  en espacios laborales de más de 50 trabajadores y trabajadoras,  y los existen de forma escasa y en el ámbito privado -sobre todo- como los  espacios de cuidado para ancianas y ancianos, los centros de estimulación, tratamiento y cuidado de las discapacidades, casas cunas, etc.

Así es como el cuidado y las políticas públicas en torno al mismo, van a pasar a ubicarse en un plano central, y van a ir adquiriendo mayor relevancia en los siguientes años en Paraguay.

Ya desde el 2016 en nuestro país se está trabajando por en una Política Nacional de Cuidados en el Paraguay (PNCP) y se han conformado el Grupo Impulsor de Políticas de Cuidados (GIPC), el Grupo Interinstitucional para una Política Pública de Cuidados (GIPPC), así como también la Plataforma Procuidados, donde el Ministerio de la Mujer, la Secretaría Técnica de Planificación (STP), ONU Mujeres Paraguay y el Centro de Documentación y Estudios (CDE), impulsan acciones y debates, y  trabajan de manera conjunta una hoja de ruta, acciones y bases institucionales para esta política.

Uno de los  países que acompaña nuestro proceso, y es un ejemplo en materia de políticas de cuidado es Uruguay, que desde el el 2015 cuenta con un Sistema de Cuidados, proceso donde se articularon ministerios, secretarías, sindicatos, academia, y la sociedad civil, que avanza en un esquema estatal de infraestructura, servicios, formación y comunicación política y ciudadana respecto al cuidado de niñas, niños, personas mayores con dependencia y personas con discapacidad con dependencia.

El Sistema de Cuidados está estructurado sobre la perspectiva de género, por eso trasciende la mirada asistencialista de prestar un servicio que resuelva una necesidad, sino que busca trasformar la mirada social hacia los cuidados, que interprete los mismos como derechos, y como una obligación no de las mujeres, sino de todos los miembros de la familias (hombres, niñas y niños), y como una responsabilidad estatal, asumiendo también que nunca la familia desaparece del plano de los cuidados. Por eso, otra pata importante, es la transformación de la valorización de las  tareas de cuidado y  su profesionalización.

Sobre esta experiencia y sus desafíos conversamos con  Patricia Cossani[1], adjunta de la Secretaría Nacional de Cuidados, que estuvo por Paraguay compartiendo  la experiencia uruguaya en el “Foro Construyendo una agenda política feminista y popular desde los territorios y municipios” organizado por el Fondo de Mujeres del Sur.

 

El Sistema de Cuidados, qué propone

 

El Sistema de Cuidados nace en el 2015 en Uruguay con una Ley,  que contiene los principios orientadores y las directrices del Sistema, eso es importante porque ahí ya se pone mucho hincapié en la perspectiva de género y en que el Sistema de Cuidados aporte a desarmar y desestructurar, de alguna manera, las desigualdades de género, y también crea la institucionalidad y la población objetivo. Para cumplir con el objetivo de mejorar las desigualdades de género, tiene que ser un Sistema, porque si tenemos políticas públicas aisladas y servicios aislados, este objetivo transversal no se logra.

El cuidado es la atención pero también es la función social,  siempre que hay una función social implica que hay dos personas,  la “otra persona” generalmente somos las mujeres, en todos lados es así, es mentira que en las generaciones más jóvenes cambia eso. En la Encuesta del Uso del Tiempo, queda marcado que las mujeres seguimos dedicando más tiempo al cuidado y a los quehaceres del hogar que los varones.

Entonces el Sistema lo que trata es de crear servicios para poder disminuir la carga de cuidados de las familias, por lo tanto de las mujeres, pero también tiene otros componentes.  El Sistema está dedicado a los niños y niñas, a las personas mayores con dependencia y a las personas con discapacidad con dependencia, que son quienes reciben cuidado. Por otro lado, están también quienes brindan cuidado.  El despliegue de servicios es para estas tres poblaciones y después tenemos acciones que van directamente a las mujeres cuidadoras.

El cuidado lo dividimos en cuidado no remunerado y remunerado, el que hacemos en la casa es el no remunerado, pero dentro del remunerado también las que trabajamos en esta tarea somos mujeres generalmente, en todos nuestros países en América Latina, es un trabajo mal remunerado, no valorado, con muchas tasas de informalidad. En ese sentido el Sistema de alguna manera busca profesionalizar esta tarea, no es que las mujeres sabemos cuidar porque traemos incorporado alguna habilidad especial o alguna sensibilidad especial, por lo tanto se profesionaliza.

El cuidado pretende fomentar la autonomía tanto en los niños, en las niñas, en relación al proceso de desarrollo infantil, pero también en las personas en situación de dependencia, por ejemplo si trabajamos con una persona con discapacidad, y  se le da de comer en la boca, porque le dificulta comer solo, seguramente pierda esa habilidad que todavía tenía, entonces ahí el fomento de la autonomía es muy importante, para estas dimensiones la profesionalización es indispensable.

La formalización de la tarea de cuidado, el trabajo de cuidar

Allí entran los derechos laborales, en esto de que es una tarea no valorada, de que hay mucha informalidad. ¿Cuáles son los derechos laborales de las trabajadoras del cuidado? También generar la categoría laboral, ahí todavía estamos en ese proceso, porque así como el trabajo doméstico en su momento generó en Uruguay la Ley 18.065  que generó derechos laborales, en el cuidado también tenemos que ir por ese camino, tenemos millones de desafíos por delante y eso también es importante decirlo, o sea el sistema es muy nuevo.

La profesionalización de la tarea implica generar una trayectoria educativa, que además tenga su correlato en la trayectoria laboral. Empezar a exigir desde la regulación de los servicios, empezar a exigir la formación de las cuidadoras,  empezar a exigir diferentes niveles, para garantizar la calidad, ahí estamos mirando países de Europa que están como más desarrollados en estos temas.

En Uruguay teníamos mucha diferencia en lo que es la formación para la atención a la primera infancia y la formación para dependencia, había cursos tan diversos como personas se habían puesto a hacerlos. Ahora hay una curricula certificada por el Ministerio de Educación y Cultura, o sea que se formalizó la formación, es un nivel básico todavía y eso tiene que continuar, en este momento estamos intentando ya dejar diseñada la siguiente etapa de formación.

Pero por ejemplo ahora todas las entidades privadas que quieran dar el curso de atención a la dependencia tienen que certificarse por el Ministerio de Educación y Cultura y tienen que brindar el diseño curricular que aprobó el Sistema de Cuidados. Empezás, de alguna manera, a estructurar cuál es el modelo de atención y en ese modelo de atención, en ese diseño curricular transversalizamos género, diversidad sexual, o sea hay muchos temas que la sociedad, desde la perspectiva de derechos humanos tiene que poner sobre la mesa.

Las personas en situación de dependencia,  siguen teniendo derechos, ponerlos en el centro es muy importante, siguen perteneciendo a la sociedad, o sea que no es solamente la atención, que en muchos países se visualiza como la atención más sanitaria, el alimentar, si le cuesta comer, la higiene, el confort,  nosotros intentamos darle una mirada más socio sanitaria y que esté también el vínculo con la sociedad, o lograr que esas personas sigan siendo parte de la sociedad y eso es  otra cuestión importante.

Cambio cultural, la gran apuesta

En nuestras sociedades hay como una ola de lo políticamente correcto, aunque no es lo mismo hacerlo desde el discurso, que desde la práctica, pero hay cosas que se van moviendo en el plano cultural. En Uruguay es muy fuerte por ejemplo en los productos de limpieza aparecen mujeres limpiando, y los regalos, lo rosado y el celeste, como la muñeca y la pelota. Hoy eso está cambiando de a poco.

Ahí hay una cuestión importante a trabajar, que es un desafío y son las nuevas masculinidades y como los varones pueden disfrutar de la cuestión del cuidado y cómo se están perdiendo. Porque este cambio debe darse por la positiva, porque o sino es que siempre hay reproche, y tenemos como que salir de ese lugar y construir juntos y juntas una nueva visión de lo que implica esto de socializar los cuidados.

En la literatura antes se utilizaba el término desfamiliarizar, nosotros intentamos empezar a usar el socializar, porque en realidad no es que la familia deja de tener responsabilidad. Por más servicios que haya, todos los servicios maravillosos que se te ocurran, hay un tiempo que sigue siendo al interior de las familias, y eso si no lo dividimos mejor entre los varones y las mujeres no vamos a cambiar nada.

También debemos pensar en sujetos distintos, en este primer período nos concentramos en los niños  y niñas 0 a 3 años, pero después hay toda una cuestión de lo escolar que también tiene que existir en niños y niñas más grandes. También empezar a pensar en los adolescentes, que en el sistema de Uruguay no está incluido, pero también lleva un tiempo, sobre todo de la gestión, bueno de dónde están, cómo están y eso es cuidado también.

La comunicación, esa gran aliada

El componente de comunicación, es clave para todo lo que es el cambio cultural.

En esta línea lo primero que hicimos fue dar a conocer el nuevo derecho, en Uruguay el sistema de protección social estaba muy claro que están: la educación, la salud está, la protección social, como los pilares, bueno esto de alguna manera viene a ser como el cuarto pilar, que es el cuidado, que tiene toda la complejidad que tiene el sistema educativo, el sistema de salud y el sistema de seguridad social y que de alguna manera viene a completar el sistema de protección social.

Pero además de reconocer el derecho también hay que reconocer la tarea y como ha sido invisibilizada a lo largo de la historia, las mujeres hemos asumido este rol, hemos asumido la culpa también, porque cuando nos movemos del lugar asignado y somos mujeres que trabajamos, mujeres que viajamos, mujeres que hacemos otras cosas, bueno eso viene con culpa. Yo estoy acá en Asunción, tengo un hijo que está allá en Uruguay y eso también implica a las mujeres movernos y salirnos de esos lugares.

Hay una cuestión que es muy importante visualizar, que es la gestión del cuidado, hay mujeres que muchas veces tenemos la posibilidad de tercerizar, o de pagarle al mercado o de pagarle a otra mujer para que cuide, igualmente tenemos mucha carga de gestión, ahí hay una gráfica muy clara que es un varón trabajando en la oficina y una mujer trabajando en la oficina y la mujer tiene como miles de globitos arriba con pensamientos de cosas que tienen que ver con el hogar.

Creo que ahí también nosotras tenemos que tener mucho cuidado con las afirmaciones que hacemos, con esto de que podemos hacer muchas cosas, que somos re genias, y en realidad lo que  estamos haciendo es llenarnos de contracturas y auto exigirnos, y después castigarnos si no lo hacemos bien, o si no lo hacemos como está socialmente visto como bien.

Comunicacionalmente estamos trabajando muy fuertemente, en abril, que fue el mes de los cuidados, fue dedicado a la Corresponsabilidad de Género, sacamos una campaña fuerte que está en el canal de youtube,  que son 8 spots[2] que lo que hacen es deconstruir frases cotidianas, que las tenemos muy incorporadas. Todas son frases cotidianas,  y que las escuchamos en las familias, en la campaña intentamos de alguna manera dar vuelta esas frases y decimos “las mujeres dejamos de trabajar para cuidar, las mujeres tenemos jornadas de trabajo mucho más largas, las mujeres tenemos proyectos de vida que se truncan por la necesidad del cuidado”. La campaña se llama “No se nace, se hace” e intentó, de alguna manera generar debate en la ciudad con instalaciones[3] y en las redes. Todas estas movidas que hacemos, intentamos apostar por el cambio cultural, ahí hay una cuestión muy importante para nosotros y que en eso intentamos también ser como muy enfáticos y es en la educación, en lo que es  la primera infancia y lo que son los niños y las niñas, obviamente todos tenemos que movernos de algún lugar, pero tratar de construir desde otro lugar.

El diálogo interinstitucional vía sistema de información y el compromiso de investigar 

El otros componentes son la investigación y el de sistemas de información, todo lo que es conocimiento y sistemas de información. El sistema de información básicamente lo que estructura es el diálogo de sistemas de información ya existentes, muchas veces el Estado tiene sistemas de información en diferentes organismos, pero no se conectan entre sí, y el Sistema de Cuidados, por ser interinstitucional y por las características que tiene, requiere ese dialogo, por ejemplo el Ministerio de Educación y Cultura habilita, pero nosotros somos finalmente quienes tenemos el registro de cuidadores habilitados, pero el Ministerio de Trabajo es quien aporta a la formación, entonces todos esos organismos tienen que reconocerse entre sí.

Después generar lo que tiene que ver con investigación y con nuevos conocimientos. En Uruguay cuando arrancamos con el sistema no sabíamos cuantas personas en situación de dependencia existían. Todavía estamos en ese proceso, que las estadísticas nacionales empiecen a relevar la dependencia y no tanto la discapacidad que quizás se conoce más. Esta es una categoría nueva, el instrumento de medición de la dependencia también es todo otro tema, estamos bueno tomamos el modelo español, ahora España está en un proceso de revisión y por lo tanto nosotros nos vamos a ir atrás también en ese modelo de revisión. Es importante el baremo[4] porque lo que hace es valorar los niveles de dependencia y de acuerdo a los niveles de dependencia son los servicios que existen.

La página web del Sistema está súper completa y ahí se encuentra toda la información

El desafío de la continuidad 

El despliegue de servicios también es muy importante y ahí el último punto es tener presupuesto, y  ha sido una decisión del Gobierno uruguayo priorizar este tema y por lo tanto poder desplegar nuevos servicios y poder tener una cobertura amplia.

Hay un montón de desafíos por delante pero fue un período que ya lo estamos terminando, donde ampliamos muchísimo la cobertura de los servicios pero queda camino por hacer y ahí se nos viene como una gran discusión que tiene que ver con el financiamiento del sistema, hasta ahora ha sido un financiamiento que lo ha brindado el Estado, por rentas generales, pero es real que no se puede llegar a expandir el sistema y hacer llegar a todas las personas por ese medio, o sea que hay que empezar a pensar en conjunto si hay que hacer co pagos, si hay que hacer un fondo, buscar la forma que sea para poder seguir ampliando el sistema. Estamos muy contentos, muy contentas, por el proceso y dejando por sentado todos los desafíos que hay por delante y esperando este año que culmina para  ver cómo sigue la cuestión.

Hay una garantía y es que todos los partidos políticos votaron la Ley y eso no es menor, obviamente para nosotros, que nos toca estar en este momento, no es lo mismo quien lleve adelante el proceso, pero tenemos la garantía de que es un derecho adquirido y los derechos adquiridos van para adelante.

 

 

 

 

[1]               Licenciada en Ciencia Política de la Universidad de la República. Trabaja en el Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de la República Oriental del Uruguay desde el año 2007. Entre 2010 y 2015 estuvo a cargo de la Coordinación General de la Dirección de Políticas Sociales de dicho Ministerio, teniendo a su cargo los inicios del trabajo desde el Gobierno entorno a la creación de un Sistema de Cuidados en Uruguay. A partir de 2015, se desempeña como Asesora de la Dirección, en la Secretaría Nacional de Cuidados.

[2]     Spot de la Campaña “No se Nace, se Hace” https://www.youtube.com/watch?v=zDE5L3yh1OQ&list=PL2iYaWHuQRQRBwXEP5i88xtxFFu71Ageu

[3]     Instalación urbana. Mes de los cuidados.  https://uruguayeduca.anep.edu.uy/videos-destacados/3162

[4]     Instrumento de valoración de dependencia asociada a las limitaciones de las  funciones psíquicas y/o físicas, esto implica definir criterios estandarizados y comunes a fin de establecer el ingreso al Sistema de Cuidados y por ende hacer uso de los servicios y/o prestaciones que el Sistema comprenda, así como para otros fines que requieran determinar el grado de dependencia de determinada persona.  http://www.sistemadecuidados.gub.uy/innovaportal/file/99818/1/construccion-de-baremos-para-valoracion-de-dependencia.pdf

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