Imagen: Oaxaca digital

*Por Cintia Aquino

Mucho se ha trabajado y luchado por la inclusión de las mujeres en el ámbito político, la necesidad de que las mujeres ocupen espacios de liderazgo políticos siempre y eternamente  ocupados por los hombres, es una necesidad inmediata indiscutible. Existe todo un sinfín de barreras que obstaculizan los avances de las mujeres en el escenario político, principalmente esas barreras son impulsadas por una sociedad que debe beneficiar a un sistema económico que educa a las mujeres al servicio de los quehaceres domestico  colocándolas así,   en una posición de subordinación y de sumisión a través del cuidado y la reproducción, privilegiando de esta manera a  los hombres que pueden dictar y torcer todo un sistema judicial, económico y de gobierno, enteramente a su favor.

Luego de todo el análisis que ya fuimos conociendo por medio de los años de lucha y trabajo por la inserción de las mujeres en el ámbito político,  me surge una interrogante, ¿es la actual democracia una barrera más que nos impide posicionarnos en el campo político? La democracia que rige en Paraguay, está estipulada por innumerables requisitos que se explayan extensamente en cada uno de los artículos de la Constitución Nacional. Estos requisitos a los que hago referencia, también abarcan una cantidad de limitaciones para el acceso a los cargos públicos más importantes que nos competen a las mujeres.

En la actualidad  se puede distinguir cierta inserción de las mujeres al ámbito político, importante, pero sigue siendo desigual,  sin dudas la ley  de paridad puesta en ejecución en varios países de Latinoamérica, ha favorecido a que se produzca un  cambio que debería beneficiarnos a todas las mujeres, sin embargo considero que existen aún mucha disgregación de pensamientos e ideologías en las mujeres que hacen política de estado y públicas, en el presente.  Creo de vital importancia apelar al debate del análisis en el que  los movimientos feministas deberían buscar un mecanismo de fortalecimiento de las ideas de lucha colectiva que incluya a todas las mujeres, atendiendo a las necesidades más reales de las mujeres más desclasadas y marginadas del sistema democrático actual. No se puede seguir pensando que la academia y los títulos universitarios son sinónimos de liderazgo, conocimiento y determinación  política, no se puede olvidar el territorio y  la diversidad de necesidades por las que transitan otras mujeres,  el conocimiento no debería ser  calificado sólo desde  lo académico, entendiendo, sobre todo, que el sistema académico fortalece sus bases en la tecnocracia  impartida en las aulas para servir a un sistema económico que nos pone en constante  competencia, otorgando de manera selectiva , privilegios que  nos hacen confrontar a mujeres contra mujeres.

En el cuadernillo Modelos de Democracia (2011) la abogada y compañera,  Selva Etcheverry, explica los modelos democráticos en Latinoamérica, los conceptos parten, desde el análisis de la politóloga Corina Echavarria y hace referencia a tres modelos democráticos:

–          La democracia minimalista o legal, es el principio del poder mayoritario de personas soberanas y un gobierno que debe circunscribirse a la ley como principio de justicia. Es decir, supone el imperio de la ley con una intervención mínima del Estado en la sociedad, y ciudadanos y ciudadanas orientados por sus propios intereses particulares. Este modelo democrático tiene las siguientes características: la reducción al mínimo de las posibilidades de control e intervención del Estado en las relaciones socioeconómicas que se dan en un territorio y la limitación de la intervención de sectores sociales o grupos de interés en la agenda del Estado.

–          El modelo pluralista integrativo, según Echavarria, plantea la necesidad de que diversos sectores se encuentren representados para garantizar el principio de igualdad y de alcanzar la concertación social para aumentar la eficiencia de las decisiones gubernamentales. En este modelo, se realiza un esfuerzo por incluir a la gran mayoría de los sujetos en los procesos de formulación de políticas. Las personas convocadas delegan su autoridad a instancias de representación, confiando en el principio de colaboración del Estado.

–          La democracia deliberativa o participativa, parte del principio de que la igualdad de derechos solo se puede alcanzar con la participación directa de los ciudadanos y ciudadanas en la construcción de las instituciones y  de las políticas públicas. Este modelo requiere que el funcionario público se constituya en un servidor o servidora en la función pública, responsable de un sistema abierto de información que garantice la toma de decisiones informadas y conscientes. Además, adquiere importancia la función política del gobierno como ámbito de concertación de los intereses de la comunidad y la ciudadanía en general.

Este modelo no defiende solo un conjunto de procedimientos, sino también una trasformación en la toma de decisiones políticas, donde la gente ejerce su derecho a la voz en la formulación de políticas públicas.

Una vez descritos los modelos democráticos  ya  podemos distinguir el modelo democrático que rige en Paraguay, un modelo minimalista basado en un sistema legal vulnerable y corrupto.

Para finalizar, destaco la importancia del cambio de modelo democrático a una democracia participativa,  para que a través de este modelo,  todas las mujeres seamos capaces de cubrir los espacios políticos de poder.

No podemos desacreditar el trabajo minucioso político que realizan las mujeres campesinas e indígenas desde el interior del país , mujeres que han sido olvidadas por un sistema escolar y  académico que las margina y las aleja de brindarles conocimientos básicos de lectura y escritura y aun así, ellas en su lucha,  se encuentran sostienen toda una estructura que han sabido liderar y organizar en sus espacios y comunidades,  enfocándose en las diferentes necesidades con las que han debido enfrentarse para subsanar las carencias y abusos que han sufrido colectivamente por parte del estado.

En la ciudad también se pueden observar a mujeres organizadas liderando desde las zonas ribereñas, las mismas, guían a  grupos de personas que viven una realidad mucho más sufrida a la cotidianidad del resto de los citadinos.

Un sistema democrático no debería excluir de lo político, de sus bancadas, a las mujeres antes mencionadas. Es muy difícil pensar en políticas de estado si solamente atendemos a una lista de requisitos impuestos por una democracia minimalista que encasilla en lo académico el conocimiento y la sabiduría de las mujeres, es muy difícil cumplir con los requisitos de una Constitución Nacional que no garantiza la educación para todas las mujeres, pero que selecciona sus  altos rangos políticos para mujeres que han tenido el privilegio de haber recibido todos los niveles educativos ,  olvidando así a aquellas que hoy están desarrollando políticas públicas en base a la necesidad y padecimiento de su pueblo.

Por último, que el feminismo sea el medio para fortalecer las ideas de lucha colectiva y el empoderamiento de las mujeres dentro de sus colectivos, movimientos u organizaciones políticas, para construir un sistema democrático inclusivo y dejar atrás el modelo democrático selectivo.

1 comentario

  • Y si complejizamos la participación política de las mujeres y le sumamos la condición de discapacidad? Nos evidencia casi una invisibilidad total en este plano. Si de por ahí existiese alguna, sería una mujer con discapacidad física, en un segundo plano una mujer ciega o talvez tímidamente una mujer sorda (aunque dudo por la barrera de la lengua de señas) pero definitivamente no veríamos aún una personas con discapacidad intelectual. Que rico y bello seria ver también este bloque!

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