*Por Zeudi Ibarra

Es fría la tarde y apacible.

La galería Pablo Ávila Arte Contemporáneo queda sobre la calle República Dominicana, en Asunción, a media cuadra de la transitada Avenida España. Es invierno, hay aura, una irradiación luminosa de la tarde y un ligero zumbido sosegado en la ciudad.

Me atiende Pablo con la bienvenida de vení, pasá. Mientras Cristina, desde su taller dice: bajo yo.

Cristina baja y camina con una ligereza y gracia épica; muy serena. Se disculpa por la ropa que lleva puesta con restos de pintura, pero es hermosa, ella, en todas sus formas. Tiene las uñas pintadas, impecables. Sus rasgos, su apariencia poseen una belleza de las que no pueden repetirse.

Empecemos por el inicio, me indica.

Yo pinté y dibujé toda mi vida desde que tengo uso de razón -me cuenta- pintaba todos los pizarrones del colegio, también hacía unas muñecas de cartulina en biquini y después les ponía ropas y mis compañeras querían, entonces, yo las hacía y las vendía; el arte viene conmigo desde siempre. De hecho, trabajé desde muy temprano en Revlon como consultora, sin saber maquillar, pero aprendí y disfruté de ese trabajo.

Me casé joven, conocí a Pablo en la facultad, él me preguntó qué hacía allí ya que lo mío era el arte. Y mi suegra me propuso enseñar, nunca tuve miedo, me lanzaba nomás y terminé enseñando 20 años en el Juan Ramón Dalquis. Me dediqué a que los chicos conozcan el arte y les enseñé en las clases de taller cosas útiles, diseños agradables, cosas que podían regalar a sus madres.

Hice unos cursos de pinturas con Livio Abramo, él me enseñó a mirar y yo era una esponja para captar todo ese universo artístico y más tarde realicé técnicas pictóricas con Nicole Campos, una artista francesa que estuvo por Paraguay y de ella no solo aprendí técnicas, sino la humildad: mientras nosotros trabajábamos en la pintura ella venía y te servía un café, ¡ella! Pronuncia exaltada, una artista de la Escuela de Bellas Artes de Francia.  Y allí inició mi carrera, pero con la decoración, primero, mi primer trabajo fue decorar la recepción de canal 9.

¿Merendamos, me pregunta? Y nos acompaña Pablo por unos minutos que también aporta datos a este retrato.

Luego continua hablando Cristina, con una taza de café en sus manos perfectas; las mujeres tenemos un sexto sentido, nosotras podemos hacer dos o tres cosas a la vez, los hombres no, con algunas excepciones, claro. Me gusta ser mujer, me encanta que me traten como una mujer, creo que la mujer es lo más lindo que creó dios, porque todo es armonía en la mujer, es agradable a la vista ¿Por qué creés que en las portadas de revistas y en las publicidades son más mujeres las que aparecen? Por la consonancia en la armonía. Los hombres no tienen eso.

Me gusta todo lo que sea fantasía, pero sin embargo soy muy cerebral y también creo en Dios.

Mi cualidad es mirar, observar bastante, soy muy receptiva pero una vez algo me pasó de largo, y sucedió una situación que fue muy trascendente en mi vida, una traición que no lo vi venir, eso hizo que comience a pintar máscaras porque me dolió mucho y debía canalizar de alguna manera esa calamidad, entonces todo eran máscaras sin vida, disimulos de antifaces que debían trasmitir eso mismo. Después aparecieron las máscaras como parte de la cara pero vacías, hasta que  esas máscaras abrieron los ojos y creo que allí fue mi momento de liberación.

Más adelante llegan los maniquíes en forma de ángeles, ¿por qué ángeles?, porque estoy convencida de que existen. Eran de madera, un elemento natural, dúctil, flexible y resistente.

Luego las gemelas, gemelas que se miraban, algo así como el ego y el yo, una dualidad trasparente. Es que yo soy trasparente y quiero que mi trabajo sea positivo siempre, no sé si será, pero para mí sí lo es.

Actualmente pinto mujeres, rostros de mujeres pero sin darle importancia a lo de arriba, mis personajes mujeres no tienen pelo porque me parece que el cabello no llena mis expectativas, es una cosa simple que, claro, es importante para nosotras que vivimos, pero no para mis personajes que no tienen vida, que no se mueven; entonces, lo que quiero expresar a través de estos rostros son las preocupaciones, ideas, el pensamiento que tiene la mujer, ahí, muy adentro: la levedad, lo sublime; donde el rostro, en este momento, llega a ser solo un soporte del resto, pero no todas se parecen porque rutinaria no soy, ningún rostro es igual, eso es lo que quiero que se vea, no algo hiper realista, sino realista: Mujeres.

 

A Cristina no le gusta estar mal vestida, y aclara: siempre me quise mucho y por esa razón me trato bien y me mimo porque eso es lo que exteriorizas para que los demás te quieran también. Es que me encanta brillar, yo brillo sola, hago el bien y no espero nada a cambio y me agrada vivir del arte, es una satisfacción y además un mérito, un regalo que se me dio para compartir con los demás.

Cristina Paoli nació en Asunción, el 20 de junio de 1957, está casada con Pablo Ávila, que también es artista. Tiene tres hijos y es una mujer plena.

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