*Por Emancipa Paraguay

En el discurso que dio Mario Abdo el día que ganó las elecciones dijo: “acá se acabó el debate”. Así empezaba a recordarnos de dónde viene, cuál es su historia y cuál es la cultura política que reproduce.

Mario Abdo Benítez es hijo de quien fuera el secretario privado de Alfredo Stroessner, dictador del Paraguay durante 35 años. Es miembro de una de las familias que más se enriqueció durante ese período. Él es una persona que creció sin prohibiciones, cuando el resto del país lo tenía todo prohibido, que a nada le teme, porque el miedo lo sentían los otros y que al vivir en esa burbuja, lo que el pueblo le produce no es respeto sino indiferencia.

El 15 de agosto de 2018 asumía la presidencia del Paraguay, en medio de una gran marcha impulsada por el movimiento feminista junto a organizaciones estudiantiles, LGBTIQ+, campesino y político partidarias: Abdo y su gabinete tenían que saber que el pueblo estaría presente en las calles cada vez que fuese necesario.

En abril de este año, apenas 8 meses más tarde, Abdo Benítez se burló de Bartola Fernández, concejala de la ciudad de Presidente Franco. El mensaje de ella fue claro: “si usted se para y se divorcia de su pueblo y sus necesidades, no va a cumplir sus 5 años de gobierno, señor presidente”; la respuesta del presidente, sin la menor dignidad, fue la que da un niño malcriado cuando un adulto, respetuosamente, le llama la atención: “¿vos me vas a echar? ¡Qué miedo tengo!”

Desde el inicio de su gobierno, estuvo más preocupado por llevar, personalmente, la ayuda humanitaria a Venezuela, junto al autoproclamado Guaidó, que en atender los asuntos del país.

Pero sin duda, el peor momento de su gestión ha sido la crisis generada por la firma de un acta secreta, el 24 de mayo, sobre Itaipú. En julio de 2019, después de que a raíz que el presidente de la Administración Nacional de Energía (ANDE), Pedro Ferreira, presentara su renuncia, salió a la luz pública la información sobre el acta bilateral, firmada a espaldas de la ciudadanía, en la que prácticamente se entregaba la soberanía energética del Paraguay.

En medio de este conflicto la población tomó conciencia del valor de la hidroeléctrica y de la importancia de su defensa como parte del patrimonio nacional.  Más allá del desenlace, quedó claro que si la ciudadanía no se involucra en el proceso para la renegociación del Tratado,  resultará complicado defender Itaipú.

La participación ciudadana no solo significó la toma de conciencia e interés por conocer mejor el tema, además propició, desde diferentes sectores de la sociedad, una condena moral y simbólica a  los responsables y la adopción de medidas que podrían revertir el pacto. La actitud asumida por el pueblo, habitualmente al margen de los grandes debates nacionales, brinda una sensación de optimismo.

Por otra parte los y las estudiantes de instituciones públicas también se manifestaron en contra del gobierno de “Marito” e incluyeron en la agenda pública la cuestionable gestión de uno de sus ministros preferidos: Eduardo Petta.

Desde varias organizaciones de estudiantes, a nivel nacional, vienen denunciando que el sistema educativo está sufriendo una de sus peores crisis.

En datos oficiales:

1)     Cerca del 50% de los niños, niñas y adolescentes viven en situación de pobreza,

2)     en promedio, ocurren en nuestro país 2 partos diarios de niñas de entre 10 y 14 años,

3)     en 2018, cada mes, 7 niños, niñas y adolescentes fueron diagnosticados con VIH,

4)     117.000 niños, niñas o adolescentes en edad escolar están fuera del sistema educativo

5)     y por, si fuera poco, el Ministerio Público recibe en promedio 7 denuncias diarias de abuso sexual a niños, niñas y adolescentes.

Además, la falta de maestros, las huelgas, las desvinculaciones masivas, la casi nula inversión en infraestructura, hacen que dentro del propio Ministerio de Educación y Ciencias se perciba  cierto clima de inestabilidad. Sin embargo, y a pesar de las pruebas de la inoperancia del Ministro Petta, éste sigue viviendo en  su burbuja y califica su propia gestión de “exitosa”.

Cómo si fuera poco, él es, además, el principal vocero del discurso antiderechos del Gobierno. Habla de soberanía pero los contenidos de su agenda son los mismos de la campaña regional de grupos de iglesias y sectores ultraconservadores. Bajo el slogan “Con mis hijos no te metas”  impiden que niñas, niños y adolescentes accedan a una educación sexual integral en escuelas y colegios, para que puedan tener conocimientos básicos que les permitan distinguir un afecto de una agresión sexual; mientras, los datos preliminares del Ministerio Público (año 2018, enero a octubre) registraron 4.409 denuncias de hechos punibles contra niños, niñas y adolescentes (abusos sexuales, estupro, maltratos, proxenetismo), 5.967 casos de incumplimiento del deber alimentario y 18.574 hechos punibles de violencia familiar. Violencias, agresiones sexuales, abusos y violaciones en la familia. ¿Es esa la familia que Petta defiende?: hipocresía que mata y niega derechos a personas.

Según el presidente, necesitamos vernos como un país serio que no necesita migajas (hablamos de miles de millones de dólares). Y, acto seguido, con la misma desfachatez declara en un acto oficial que le emociona que Bolsonaro le llame Marito.

Y cuando partidos de la oposición y la sociedad civil  exigen el juicio político al presidente, por su incompetencia y su servil complacencia ante el Brasil, en respuesta, el partido colorado se abroquela y cierra filas alrededor de Mario Abdo con un pacto de impunidad, sin importar, la entrega de Itaipú. Sin importar el retroceso en cuanto a derechos de las mujeres, niños, niñas y la comunidad LGBTIQ. Sin importar absolutamente nada que tenga que ver con hacer del Paraguay un país serio, con instituciones democráticas que velen por las políticas públicas que este pueblo, cansado de los abusos y las persecuciones, se merece.

El pueblo que tanta indiferencia le produce, no permitirá que los corruptos, hipócritas y traidores se salgan con la suya, el pueblo está cansado, y hará sentir su voz, su cuerpo y su rabia.

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