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Por Leticia Ferro Cartes.

Desafiar el modelo binario y cisheteropatriarcal no es cosa fácil. Menos aún hacerlo desde una estructura tan rígida y formal como es la del mundo académico. Sin embargo, ella lo hace ver como algo sencillo.

Brigitte se lleva todos los aplausos de la sala luego de su ponencia en la Sociedad Científica del Paraguay, en el marco del Tercer Congreso Internacional Interdisciplinar Alexander Von Humboldt y Aimé Bonpland. Su entusiasmo y la claridez de sus ideas no dejan a nadie indiferente. Tuvimos el inmenso honor de hablar con ella en su paso por Asunción, en una charla franca y esclarecedora.

El trabajo de Brigitte es fundamental hoy para hablar de la cuestión queer. ¿Por qué? Simplemente porque, desde su mirada trans y su formación, convergen política y ciencia para darnos herramientas dialécticas prácticas para defender la diversidad. Su concepto de ecología queer es nada más que la refutación perfecta a discursos pseudobiologicistas que niegan la condición humana como diversa. Y nos acompaña a responder la premisa de por qué lo queer es natural -claro, si se encuentra en la naturaleza misma-.

La innovación como productora de diversidad

Para ella, la innovación es el punto de partida para hablar de diversidad (y biodiversidad, ¿por qué no?). “La innovación es la fuente fundamental de los cambios en los sistemas productivos. Lo que pasa es que en la sociedad contemporánea está capturada por los sistemas de patentes, los inversionistas, las trayectorias sectoriales. Entonces, no necesariamente estamos pensando en la innovación como un factor de adaptación para el bien común sino como un factor de empoderamiento de sectores particulares”, asegura y agrega que esta innovación la vemos a diario en la naturaleza.

Se presenta en distintas maneras de relacionamiento, como la simbiosis, el mutualismo, la sinergia, constituyendo relaciones empáticas y positivas. De acuerdo a Brigitte, esa narrativa que afirma que la evolución se construye en competencia o depredación es “patriarcal, sesgada, colonial”. No, la evolución es solidaria y colaborativa. Brigitte afirma que lo queer trata de reconocer la complejidad en la cual emerge la innovación, y vuelve a reclamar el papel de todas las diversidades y los mecanismos de producción de diversidad.

Además, hace un llamado a la necesidad de producir diferencia, como fuente de adaptación, para que realmente sea a favor del bien común, para sustraerla de los espacios de interés particular. En lo queer, la innovación está dada desde el deseo, produciendo diferencia por fuera de las estructuras de poder. “Lo queer puede ser lo raro, lo inapropiado, lo que cuestiona, pero además, apela a algo muy poderoso que es el placer, como fuente fundamental de innovación. También al goce sin permiso, el goce creativo, sensual: en lo queer radica el poder de la pasión”, asegura ella.

La evolución, además de cambiante, es una evolución lujuriosa. Y para Brigitte, lo más importante es que lo queer apela a la construcción de relaciones positivas desde la empatía. “Lo queer no amenaza a nadie. Lo queer es gozoso, es divertido, y eso también es importante en una historia de conflictos violentos en la tierra. Aunque tuviéramos el rayo homosexualizador, realmente no tenemos la capacidad de destruir nada.

Las versiones más conservadoras de la sociedad le tienen mucho miedo, dicen que se va a destruir la familia y las relaciones, pero eso es fake news; es propaganda falsa, y son discursos de conveniencia de ciertos grupos de poder, que polarizan. Lo que les da pánico es liberar la fuerza del erotismo, la fuerza de la creatividad, el poder gigantesco que tiene la biología de reinventarse todo el tiempo”, enfatiza. “¿Cuál es el problema de dejar que una parte de la humanidad se dedique a cosas distintas además de la reproducción biológica y contribuya más bien con el cuidado de la casa común y de los hijos de todos?”, se cuestiona, y continúa: “que todos los niños que traigamos al mundo sean queridos y cuidados.

Pero como no es el caso de muchas personas -que no los quieren ni los pueden cuidar- entonces lo que hacemos las parejas LTBGI es si no tenemos hijos biológicos, adoptamos, y si no adoptamos contribuimos a cuidar otros niños, con el descubrimiento que eso es lo que hacen las sociedades animales”.

El futuro no espera

Brigitte asegura que los estudios de género y el activismo LTBGI tienen que profundizar para encontrarse a fondo con el ambientalismo y con la responsabilidad con el planeta.

“Los estudios queer se están encontrando con la ecología profunda y con las ciencias ambientales de una manera natural, espontánea porque estamos reclamando nuestra posición en el mundo como seres sexuados, eróticos, gozosos, diversos; con perspectivas muy innovadoras y creativas y sin la responsabilidad obligatoria de la reproducción biológica. Hay que dar la bienvenida a esa mundo de diversidades que, además, no está diciendo a los demás «no te reproduzcas”. Sí te vamos a pedir más responsabilidad en todas las formas de cuidado de los hijos, porque son los hijos de la humanidad. También son nuestros, así como el ambiente: son un bien común”, asevera.

Parte de cuidarnos entre todos, y especialmente a las personas más pequeñas que están en etapa de desarrollo, es permitir el ejercicio al derecho a desarrollar nuestra personalidad como queramos. “Tenemos que asumir lo que somos: gay, trans, o lo que sintamos, y asumirlo con responsabilidad. Lo que no podemos permitir es que la educación reprima y restrinja ese derecho y legitime la violencia de género, que es lo que está haciendo en la actualidad”, dice Brigitte. Siguiendo la línea de lo que dijo Paul B. Preciado en una entrevista para la revista Icon, “el cuerpo infantil es el primer lugar sobre el que operan todas las técnicas de normalización.

Evidentemente este proceso se lleva a cabo en dos instituciones tremendamente violentas y normativas: la familia y el colegio”. Por eso, él considera que el colegio es un campo de batalla. Estos son, nada menos que territorios de disputa de poder. Esta es la última frontera donde la reproducción biológica ya no es indispensable, porque antes cada quien le instalaba su dogma adaptativo a sus hijos, o llegaba a acuerdos para que, en escuelas confesionales, instalaran a todos el dogma compartido.

“Donde hay una educación pública, donde hay una diversidad de perspectivas y donde la reproducción biológica no es central; no podemos permitir que nadie instale un dogma. Miren a ver los resultados de los colegios confesionales, ¡están llenos de enfermedades mentales! La lucha nuestra es por la salud mental de la humanidad”, concluye Brigitte. Y sí, es que esto tiene todo que ver con la aceptación de la identidad y con el respeto mutuo, porque la la violencia es producto de la represión de género que se ha involucrado en la escuela, en las familias y en la sociedad. ¿Qué necesitamos, entonces, como sociedad? Fortalecer la capacidad de adaptación, la innovación, la tolerancia y la empatía.

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