*Por Noelia Díaz Esquivel

El sueño recurrente: que la comunidad no se extinga, pero eso implica contradicciones. Las Yshir tienen relaciones sexuales en la pubertad, no acceden a métodos anticonceptivos a tiempo y se embarazan. Sin embargo, aunque lo deseen, no se permiten tener más de 5 hijxs – sus ancestras daban a luz incluso 15 veces – porque la reproducción y la pobreza no pueden ser amigas.

«A los 15 años le tuve a mi primera hija, joven, pero a poro’u heta”(1), se ríe a carcajadas y continua diciendo «para que voy a negar que heta a vya’a»(2). Hoy tiene dos nenas y un nene de unos tres años. Relata que para parirlo la pasó mal. Tuvo complicaciones y Evangelina, la enfermera de la comunidad, debió organizar su traslado a Puerto Murtinho, Brasil. «Un milagro» hizo que en medio de la incertidumbre, de no saber cómo llevarla a un espacio seguro para parir, pasara una barcaza. Recuerda que ondearon un pañuelo blanco desde la orilla de Karcha Bahlut, y la embarcación se detuvo. En canoa llegaron hasta el capitán brasileño, le explicaron que había una embarazada en peligro de muerte y que necesitaban de combustible para arrancar el motor, de la única, lancha con la contaban. Es probable que el navegante se haya percatado que su decisión dependía la vida o la muerte del bebé y madre. Aceptó cederles la gasolina. La mujer aguantó hasta llegar al servicio de salud y al final, ambos sobrevivieron.

Rumilda Aquino Imagen: Mónica Bareiro

De fondo radio Filadelfia. A un costado de la silla de plástico verde, en donde está sentada, tiene un montoncito de fibras de caraguatá seco, de color crema. Toma una de las tiras del conjunto. Cada una de ellas mide unos cuatro centímetros de ancho y cuarenta de largo. Se moja los dedos con saliva, dice que para hacer este trabajo, hay que tomar mucha agua. Estira con fuerza utilizando las uñas y después la introduce en uno de los huecos del tejido. Con meticulosidad, sin esfuerzo, teje una vuelta, dos vueltas, pasa de nuevo la fina hoja por otro de los espacios y lo ata al punto anterior. Así una y otra vez hasta que el posa platos queda listo. La producción de esta pieza le lleva un día y medio. Lo pondrá a la venta por veinte y cinco mil guaraníes o reales. A veces la comercialización se da en Puerto Murtinho, otras en Asunción.

Imagen: Mónica Bareiro

Rumilda, estaba en casa de su abuelo, el chamán de los Yshir de Karcha Bahlut. El anciano está enfermo, acuciado por el dolor de próstata. Ésta y las demás viviendas de la comunidad están construidas con troncos de palma. La charla se inició enseguida. Quienes estaban en la casa acercaron más sillas y las colocaron en el corredor dispuesto en la parte frontal de la construcción. Finalmente accedieron a la entrevista y a las fotografías. El abuelo no habló.

 

Imagen: Mónica Bareiro

La artesa relata que actualmente las mujeres Yshir de Karcha Bhalut arrancan, precozmente, su vida sexual. Unos quince o veinte años atrás se iniciaban a los 15 años. Pero hoy muchas tienen relaciones desde los 13 años o menos. Rumilda dice que pasan los barcos y las nenas se van: «ahora ya no le podes aconsejar a tus hijos/jas porque la fiscalía ya no permite que les pegues porque vas a tener problemas. Ya no podemos controlarlxs, ndo penavei ore rehe”(3).

Según los reportes del centro de salud de Bahía Negra hay muchos casos de embarazos precoces. Se complican y es toda una odisea, una batalla que tiene como contrincante a la misma muerte. Aquí no se hacen cesáreas ni partos difíciles y cuando hay requerimientos de este tipo – más frecuentemente de lo deseado – empieza el vía crisis: primero por conseguir doscientos mil para el combustible de la ambulancia, luego se inicia el traslado a Fuerte Olimpo, si ahí no se soluciona, la paciente va con destino a Pedro Juan Caballero, lado brasileño. Cuando tampoco no hay salida se activa el plan «c» y buscan la forma de traerla hasta Asunción. Si llegan con vida madre y bebé fue porque «no era su hora».

Sus ancestras preparaban una infusión de Guaycurú y lo utilizaban como anticonceptivo natural. Pero el método, según relata Rumilda, o no era muy seguro o no todas sabían el modo correcto de preparación y ya hace tiempo dejaron de utilizarlo. Hoy la «industria farmacéutica de los blancos» les administra anticonceptivos inyectables, algunas también aceptan la colocación de dispositivos intrauterinos, pero no todas tienen acceso, mucho menos las más jóvenes. Recién después del primer embarazo les cuentan, más o menos, cómo cuidarse. Mientras que los varones se rehúsan a usar condones.

Imagen: Mónica Bareiro

Datos oficiales dan cuenta que en el 2017, se registraron 79 nacidos vivos de niñas indígenas de 10 a 14 años; mientras que en el 2018, según datos preliminares, hubo 71 nacidos vivos.

«Gracias a Dios nunca tuvimos casos de sida» dice Evagelina. Cuenta que siempre hay casos de sífilis, generalmente el virus lo traen los hombres. Pero logramos controlarlos a tiempo.

Evangélina Barras.

Su cama, ubicada en la única habitación de su casa, es también la camilla de la sala de urgencias de la comunidad Karcha Bahlut. En un armario tiene medicamentos básicos como analgésicos, anti inflamatorios, antibióticos, jarabes contra gripes y tos y algunos otros insumos para primeros auxilios.

Ella tiene un rubro del Ministerio de Salud y cada cierto tiempo le entregan los remedios. Es de profesión enfermera. Recuerda que su madre no quería que venga a Asunción a estudiar, pero su papá, Bruno Barras, obstinadamente consiguió que sus 6 hijos accedan a la universidad.

Evangélina podría ser descripta como la chamana moderna de la tribu. Ella practica la medicina de “los paraguayos”, sin embargo, es una incansable defensora de la cultura de la nación Yshir. Dice que no quiere que su comunidad se extinga, desea que las mujeres tengan muchos hijos e hijas y que el linaje indígena sea cada vez más próspero, pero está muy consiente que la extrema pobreza y la natalidad, no controlada, no son buenas amigas.

Karcha Bahlut sustentado por mujeres.

“Después de muchos días volvemos a ver, claramente, el sol” dice Rumi. El humo, a causa de la quemazón, tiñó de gris el cielo y todo el ambiente. El aire es denso, hace mucho calor y el viento norte no da tregua. No cocinan el almuerzo al medio día porque la comida se llena de arena. «A nosotrxs el humo del ambiente no nos hace mal, estamos acostumbrados”, aunque admite que esta vez se siente mucho más que en años anteriores.

Lxs Yshir son recolectorxs, también pescan. La comunidad constituida por 45 familias está construida a orillas del Rio Paraguay, pero no hay pique y tampoco pueden entrar al monte porque todo está quemado. Así la artesanía es oportunidad de renta.

“Yo aprendí sola, mirando a mi madre, abuela y tías” relata, mientras siguen tejiendo el posa plato de fibras de caraguatá. Este trabajo es lento y necesita de práctica. Actualmente está preparando varias piezas de artesanía porque prometieron traerla, este octubre, hasta Asunción para una feria. De todas formas, si este viaje no se concreta, tiene pensado ir con sus productos a Brasil, específicamente Puerto Murtinho, que les queda al otro lado del río y allí no faltan turistas que los compran a un buen precio.  Resalta la necesidad de caminos de todo tiempo para que las artesanías puedan llegar a la capital y el negocio sea rentable.

Imagen: Mónica Bareiro

Rumilda: “yo no me fui a la escuela, no se leer ni escribir, pero se hablar” y es verdad, ella se comunica en su lengua Yshir, en guaraní y en español y su cautivadora capacidad de relacionarse le ayuda a comercializar sus productos.

Pero las mujeres no sólo hacen artesanías, ellas además salen a pescar con sus esposos y participan de la comercialización. En medio de esta cultura patriarcal, las mujeres son quienes se encargan de sostener la economía de Karcha Bahlut, sobre todo en tiempos de crisis, es decir: casi todo el año.

Karcha Balut: 500 años de existencia.

Karcha Bahlut o 14 de Mayo tiene 10.500 hectáreas, la tierra está titulada por el Estado. Yshir significa “hombre verdadero, nativo”. Se dividen en Ishyr yvytoso e Yshir tomaraho y provienen de la familia lingüística Zamuco. Ésta comunidad que pertenece a los Yshir yvytoso se mantiene una población de más de 1.800 habitantes, según el último Censo Indígena (2012). Pertenece a la nación Yshir, llamados Chamacocos por “la nación paraguaya”. Según la historia este pueblo data incluso desde antes de que Paraguay se constituyera como Estado; es por ello que los Yshir se autodenominaron una nación, bajo sus propias políticas, normas y costumbres. Para esta etnia, los habitantes de Paraguay que no pertenecen a su pueblo son «paraguayos o blancos».

El modesto pueblo está ubicado en Bahía Negra, a más de 800 kilómetros de Asunción, pero para llegar a Karcha Bahlut se debe viajar unos 18 kilómetros más. Está en la ribera del río Paraguay, a donde se puede llegar por un solo camino de tierra, cruzando bosques, o por agua, a través de los cauces.

En Bahía Negra, el 70% de la población es indígena y hay siete comunidades: Puerto Diana, Puerto 14 de Mayo – Karcha Bahlut, Puerto Pollo, Puerto Esperanza, Virgen Santísima, Abundancia y Puerto Caballo.

 

  • poro’u heta = tuve mucho sexo
  • heta a vya’a» = disfruté, gocé
  • ndo penavei ore rehe = ya no nos escuchan

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