Por Danae Prado C. *****

La medicina placentaria llegó a la gestación de mi hija sin buscarla y sin ser una prioridad, pero hace una semana me entregó uno de los momentos más especiales de mi último tiempo(y eso que llevo dos meses conociendo a mi segunda hija)

Siendo una madre feminista de un niño hace 9 años, siempre he dicho que la maternidad no es ni tan terrible como algunes plantean, ni tampoco tan maravillosa como otres la pintan. 

La maternidad en un mundo de hombres es tan dura como otras experiencias que vivimos las mujeres, pero al mismo tiempo es tan especial como mujeres y maternanzas hay en el mundo. 

Así las cosas, el puerperio es un momento muy particular en la vida de las mujeres. Más allá de lo cultural sobre las maternidades y cómo seguimos avanzando en su deconstrucción desde los feminismos; biológicamente las puerperas estamos llenas de hormonas, cicatrizando, sangrando por días, somnolientas y adaptando nuestras existencias. 

Es también un momento de mucha soledad, en algunos casos obligada por el aislamiento social, pero en otros es simplemente necesaria para conocer a tu hije, para reubicar tus espacios y tiempos, rearmarse y entenderse en una nueva dimensión. 

En ese camino, y como siempre en los momentos que se requiere, el feminismo y la sororidad aparecen con su potencia para ponerte nuevas perspectivas a la vista. 

Entonces, conocí mi placenta. Sobre medicina placenteria yo solo sabía que había mujeres que se comían la placenta en cápsulas o batidos y que los pueblos originarios le daban un valor diferente y especial. 

Pero no imaginé la experiencia de ver frente a mí la biología que permitió que mi hija pudiera crecer y avanzar hacia el nacimiento. La placenta también es parida por las mujeres, pero durante años, en una nueva manifestación de violencia obstétrica, no fuimos siquiera consultadas sobre el destino de este órgano, el que la mayoría de las veces fue simplemente apropiado por la industria cosmética sin nuestro consentimiento. 

En Chile la placenta se entrega a las madres que las soliciten desde agosto del 2017, debido a una Norma Técnica del Ministerio de Salud, con lo que el país se pone a la altura de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud en lo que a salud reproductiva se refiere. 

Esta definición surge tras la solicitud de las mujeres de pueblos originarios para cumplir con rituales propios de su cosmovisión, con lo que se abre la puerta a todas las mujeres que deseen pedir su placenta lo hagan.

Biológicamente, la placenta es un órgano intermedio que se genera en la gestación “que se adhiere a la superficie interior del útero y del que nace el cordón umbilical. A su vez,  permite la absorción de nutrientes, la eliminación de residuos y el intercambio de gases a través de suministro de sangre”*

“Desde una perspectiva y cosmovisión indígena la placenta adopta varios significados y tiene prácticas culturales asociadas, las cuales varían según cada cultura.  Por ejemplo la importancia simbólica y ritual de la placenta en las culturas andinas, se basa en que la placenta es símbolo de la vida, del mundo materno ancestral. A su vez, la placenta, en el mundo andino, tiene muchas características de la wawa misma. Se dice que la placenta es la “cama” o “nido” de la wawa y que el cuidado y tratamiento de la placenta, se relaciona  con evitar el contacto con espíritus que pueden afectar la salud o el bienestar del recién nacido(a), permitir la recuperación de la madre e hijo (a) o evitar el sufrimientos de la madre e hijo(a) en todo el proceso post parto”**

 

Asimismo, desde un perspectiva mística se dice que “si usamos la metáfora de pensar en el humano como un planta de loto: La placenta son las raíces, el cordón umbilical es el tallo y el bebé es la flor/fruto. Es posible que vertiendo agua a las raíces de nuestros corazones podamos encontrar sentido a nuestras vidas. Nutriendo de dónde venimos, podemos encontrar pistas de a dónde vamos»***

Para mí, desde mi experiencia como mujer madre feminista, conocer mi placenta me entregó una nueva perspectiva sobre la forma en que ejerzo el puerperio y la maternidad.

Conocer mi placenta, recorrer sus venas, cavidades y su perfecta forma de árbol, me entregó una nueva perspectiva sobre los saberes ancestrales de las mujeres que han sido borrados de nuestra historia por la visión europeo- céntrica  que aún mantiene colonizada nuestra cultura. 

Es muy potente estar frente a este órgano que creó tu cuerpo, porque te obliga de manera imperiosa a volver a ti cuando estás embarcada en un momento de pura postergación: tus pechos ya no son tuyos porque están llenos de leche, tu tiempo ya no es tuyo porque es completo para permitir que un otro sobreviva, tu sueño no es tuyo porque está interrumpido por lo designios de un bebe.

Te obliga la placenta a volver a ti y a tu fuerza, a tus posibilidades y acciones, a poner de lado la postergación y comprender que tienes todas las herramientas para seguir adelante, más allá de los cambios, más allá del robo de tiempo y espacio propio. 

Parece contradictorio pero conocer el órgano que creaste para dar paso a la postergación de tu libertad, se me presentó como una pequeña y orgánica máquina del tiempo que me trasladó a  mis grandiosas posibilidades más allá de la maternidad y la crianza.

No diré que las mujeres todo lo podemos, ni que si lo queremos será posible cualquier cosa. No podría caer en una mayor falta de respeto hacia la realidad objetiva de que el patriarcado y el capitalismo se encargan de mantener limitadas nuestras posibilidades. 

Simplemente diré que cuando menos te lo esperas, llega un pedazo de tu cuerpo a decirte que veas las infinitas posibilidades que tienes de seguir peleándole al sistema para hacerte un lugar de alegría en el mundo. En este caso, quitándole una placenta a la industria cosmética, recuperando saberes ancestrales de las mujeres y permitiéndote la alegría rebelde de maternar diferente. 

*/** Se aprueba la entrega de la placenta 

*** Placenta: mito y magia 

**** Agradezco a mi doula Tamara Langer, como intermediaria en este proceso.

***** Danae es periodista feminista, Editora en Chile de Revista Emancipa y parte del Circulo de Acción Feminista Akelarre

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