*Por Danae Prado C.  

“(…)Al medio de Alameda de las Delicias,

Chile limita al centro de la injusticia

Violeta Parra

Santiago de Chile ardió el viernes 18 de octubre, y con esto reventó en llamas el corazón del pueblo chileno, en un grito de bronca y rabia de años de postergación de los derechos sociales

Una semana antes se habían iniciado movilizaciones de los estudiantes secundarios por el alza en el pasaje del tren subterráneo, Metro, disparadas por las indolentes declaraciones del Ministro de Economia, que había dicho frente a los primeros cuestionamientos al alza, que aquellas personas que quisieran pagar menos, podían simplemente salir mucho más temprano de sus casas. 

Autoconvocada, la juventud comenzó a movilizarse, ingresando al Metro de manera masiva sin pagar el pasaje, prendiendo la mecha que llegaría días después a prender a un pueblo dormido. 

Y pasaron los días, y las evasiones se hicieron más y más masivas. Una, dos, tres, 14 estaciones del Metro con manifestaciones de cientas de personas ingresando sin pagar, ejerciendo su derecho a rebelarse, gritando a todo pulmón “evadir, no pagar, otra forma de luchar” 

Los medios de comunicación, monopolizados por grupos económicos, se esforzaron por mostrar el repudio a las manifestaciones. Le costó a los reporteros en terreno encontrar personas que dieran su testimonio de repudio. La mayoría apoyaba, de manera consciente y sin tapujos.

Un mujer adulta mayor en un matinal, de manera elocuente explicaba “yo no estoy de acuerdo que este diciendo que esto es vandalismo. Esto no es vandalismo. La gente esta protestando porque ya no damos más con los robos. Nos roban de las AFP, del agua, la luz y mas encima los pasajes”

Chile es una olla a presión desde hace 30 años, cuando se pactó una democracia imperfecta, manteniendo una Constitución antidemocrática y las principales instituciones creadas por la dictadura, que transformaban derechos en servicios privados, como las AFP y las Isapres. 

Chile es un espejismo de país OCDE, un espejismo de país sin problemas sociales profundos, pero que no sale de la lista de 10 países más desiguales del mundo. Las mayorías de chilenos y chilenas saben a ciencia cierta que no es real esa estabilidad y ya se cansaron de mantener ese espejismo,una sociedad sobre endeudada y donde el 50% de personas gana un sueldo menor o igual a $400.000

El modelo neoliberal impuesto en Chile a sangre y fuego por la Dictadura Militar de Pinochet, cercenó la capacidad de soñar de las y los chilenos y nos enseñó la única manera de sobrevivir en esta sociedad injusta: evadir. 

Evadir nuestra desigualdad y nuestra pobreza con tarjetas de crédito que te entregan incluso si no tienes sueldo fijo, evadir la mala educación con colegios malos con nombre en inglés, evadir con clasismo entre la misma clase, con exitismo basado en triunfos de papel, con farándula, con redes sociales, con celulares de madera y carros de supermercado llenos solo para pasearse por el super, pero que no llegas a pagar. 

Resulta irónico que la misma forma que nos enseñó el modelo para sobrevivir a las injusticias, sea el mismo verbo que despertó la rebeldía de las chilenas y chilenos: evadir esta vez el pasaje que sube de manera arbitraria, evadir al Gobierno que no sabe escuchar el clamor del pueblo y responde con militares en las calles, evadir las injusticias.  

Después de una semana de movilizaciones, el Gobierno de Sebastián Piñera inició su reacción, una seguidilla de decisiones erradas, basadas en su menosprecio a las personas y su convicción frente a las injusticias. Primero invocaron la Ley de Seguridad Interior del Estado, con la que pensaron amedrentarían a los ciudadanos y ciudadanas movilizadas. Entonces, el Presidente se fue a comer pizza mientras Santiago ardía. 

Obligado por las redes sociales a volver a La Moneda, tras algunas horas de reunión anunciaron el Estado de Emergencia, que restringe la libertad de reunión y de locomoción y entrega la autoridad sobre la Provincia de Santiago a los militares. Por primera vez desde el retorno a la democracia, que se invocó el Estado de Emergencia como respuesta a un movimiento social. Piñera se corona así como el primer Presidente desde la Dictadura, que rompe la Democracia.

Este sábado las movilizaciones se expandieron al resto del país. Movilizaciones en las calles y cacerolazos desde las casas, llenan los rincones de Chile. Las redes sociales se repletan de apoyos y la valentía de las y los estudiantes secundarios que iniciaron el movimiento, se contagia ahora de manera transversal. 

El estallido social de octubre de 2019 encendió el corazón de Chile e hizo arder la capital del país de manera literal y figurada, evidenciando la rabia de un pueblo castrado en sus derechos más fundamentales. 

Terminamos el día con un toque de queda como en los peores años de dictadura. Se cuestiona la forma y la violencia de algunos manifestantes, pero no se cuestiona el fondo y la violencia estructural del modelo que llevo a este hastío.

Ahora queda no dejar que se apague la llama del corazón encendido de chilenos y chilenas, para caminar hacia un Chile nuevo. 

 

*Danae es Editora en Chile de Revista Emancipa, periodista feminista comunista y participante del Circulo de Acción Feminista Akelarre.

** Fotografías Paulina Aliaga.

 

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