*Por Noelia Díaz Esquivel

Hasta para realizar algún tipo de deporte existen grandes distancias entre hombres y mujeres. Un porcentaje mayor de hombres 31,1% que de mujeres 13,6% practican deportes, además dedican en promedio más horas que las mujeres. “Es posible que esta diferencia tan grade entre hombres y mujeres tenga que ver con factores como la libertad de los varones para realizar actividades extra-hogareñas, frente a una mayor limitación de las niñas, o el incentivo para los hombres en la práctica de deportes, que comienza con la existencia de canchas de futbol en cada equina y con una socialización que facilita este tipo de prácticas”, señala Clyde Soto en el marco de su aporte en la publicación Usos del tiempo y desigualdades en Paraguay.

La asignación diferenciada de responsabilidades tiende a consolidar las condiciones que determinan un techo de cristal pata el desarrollo pleno, libre, feliz de la población femenina paraguaya. La división tradicional de los roles profesionales y sociales por razones de género sigue prevaleciendo en Paraguay. Las mujeres se ocupan predominantemente en el sector terciario de la economía y hablamos de un 75,9%. El servicio doméstico, el trabajo familiar no remunerado y el trabajo por cuenta propia ocupan al 60,1% de las mujeres económicamente activas, frente al 37,4% de los hombres.

“Usos del Tiempo Y Desigualdades En Paraguay” es una publicación del «Centro de Documentación y Estudios” que contiene una compilación de artículos escritos por distintas autoras y autores en los que se analizan datos obtenidos por medio de la Encuesta de Uso de Tiempo realizada en nuestro país en 2016. El objetivo principal de este trabajo se concentra en demostrar las desigualdades que se originan y reproducen a partir de una distribución desigual de los tiempos que dedican las personas, según el sexo, a actividades remuneradas y no remuneradas. El hallazgo común: En Paraguay la mayor carga de trabajo reproductivo recae sobre las mujeres, lo cual trae como consecuencia mayores dificultades para participar en el mercado de trabajo o involucrarse activamente en otros procesos sociales.

Algunos aportes relevantes de los estudios señalan que:

  • Las mujeres dedican más que el triple de horas semanales, unas 18,3 en relación a unas 5,3 que los hombres, al trabajo doméstico no remunerado.
  • Las mujeres más pobres dedican más horas al trabajo doméstico no remunerado que las mujeres más ricas. En Paraguay, las mujeres que forman parte del quintil con menos ingresos dedican un promedio de 20 horas semanales al trabajo no remunerado, mientras que quienes forman parte del quintil con más ingresos dedican un promedio de 15,8 horas semanales a la misma actividad.
  • El 57,1% de las mujeres de 14 años y más realiza algún tipo de actividad asociada al cuidado de miembros del hogar.
  • En Paraguay cerca de 1.500.000 personas se dedican a las actividades agropecuarias para el autoconsumo. De este total, más de la mitad 828.380 un 55,6% son mujeres y el resto son hombres es decir 661.240 haciendo un 44,4%. Las actividades agropecuarias para el autoconsumo tienden a la feminización.
  • El trabajo altruista como actividades no remuneradas para otros hogares y la comunidad, es asumido por mayor proporción de mujeres, se habla de 9,9% versus un 6,3%.

Por otro lado, en el capítulo “Desigualdades entrelazadas en el trabajo no remunerado” escrito por Claudina Zavattiero y Verónica Serafini Geoghegan, señalan que el aumento de la oferta de trabajo femenino no es correspondido por la demanda del sistema económico, siendo la tasa de desempleo femenina 5,9%, mientras que hablando de hombres es de 4,7%. El desempelo de las mujeres jóvenes, de 18 a 29 año, es todavía más alto, 11,2%, demostrando una acumulación de desigualdades por sexo y edad.

Zvattiero – Serafini también nos recuerdan la brecha que existe entre el salario de un hombre y una mujer quien sigue ganando alrededor del 25% menos que un hombre en la ocupación principal, con cifras que no alcanzan al salario mínimo en el caso de ella. Esta diferencia representa 645.000 guaraníes menos mensualmente para las mujeres y la brecha se acrecienta en el caso de las trabajadoras independientes. Además, la brecha se amplía en el sector rural, 42% menos, y la distancia al salario mínimo es mayor. Esta situación empeora durante la vejez, las mujeres perciben haberes jubilatorios cuyos montos son 36% inferiores al percibido por los hombres, 2.445.000 guaraníes y 3.809.000 guaraníes respectivamente.

Entre las conclusiones señalan que desde hace unos años se empieza a notar una menor reducción de la pobreza en el caso de las mujeres, lo cual puede estar significando un proceso de feminización de este fenómeno. La incidencia de la pobreza aumenta en los hogares con jefatura femenina y en el grupo de mujeres en edad reproductiva/productiva de 15 a 49 años.

Además de las brechas presentadas respecto a los hombres, también existen desigualdades entre grupos de mujeres. En general, las condiciones actuales son peores para las mujeres jóvenes o mayores, las que viven y trabajan en zonas rurales, las que tienen niveles de educación formal bajos, las que pertenecen a estratos económicos bajos o las que encabezan un hogar.

Escapar de este entrenado por medio de estrategias familias no es tarea fácil. Los ingresos mensuales del 80% de los hogares son inferiores al salario mínimo, por lo que no alcanzan a pagar servicios privados de cuidado, ni tercerizar trabajo doméstico que sustituya sus necesidades, por lo que se deberá recurrir a políticas públicas que armonicen los roles de trabajo e las mujeres y los hombres en los ambiros público y privado.

 

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