Por Casiana Gatica*

 

La memoria de nuestros pueblos, está plagada de secuelas ante las violencias políticas de una historia de dictaduras y gobiernos neoliberales. El desdibujamiento del Estado como garante, o mejor dicho, el Estado como perpetrador, trae consigo innumerables consecuencias subjetivas, no sólo a nivel social, sino también a nivel vincular y afectivo.

La incertidumbre que genera comer hoy, y no tener para mañana; las pérdidas laborales y la desocupación; la represión de las manifestaciones populares; el gatillo fácil, el vaciamiento de las instituciones, el avasallamiento a nuestra diversidad cultural, en fin, la pérdida de derechos, son ejemplos de las violencias que los modelos neoliberales llevan adelante desde hace décadas en nuestros territorios y que hacen a las distintas manifestaciones de padecimiento subjetivo que encontramos en nuestros pueblos.

En esta nueva avanzada de las derechas imperialistas, donde los escenarios de abusos y represión se vuelven cotidianos, este pasado se presentifica con fuerza y su persistencia se convierte, en un trauma psicosocial que de forma patológica puede apresarnos en lógicas individuales y desterrarnos del tejido comunitario necesario para nuestra salud mental y la transformación social.

Las mujeres y las disidencias, históricamente hemos resistido en las trincheras de los estallidos sociales. Sin embargo, hoy la resistencia tiene otra característica, y es que el movimiento feminista en toda la región sale de forma organizada a resistir, tomando el protagonismo en las luchas y movilizaciones.

Pero también, es en nuestras cuerpas donde la represión y el horror cobra vida, sólo basta con explicitar los últimos sucesos para entender este recrudecimiento. Les feministas están encabezando las luchas y movilizaciones tanto en Chile, Bolivia y Colombia. Si bien, son muestras de que la agenda feminista no se encuentra aislada de la necesidad imperiosa de un nuevo sistema político, anticapitalista, antipatriarcal y antimperialista, es justamente por este motivo, que los viejos métodos de coerción y disciplinamiento, se reciclan y aparecen de manera encarnizada sobre nuestras cuerpas.

Las torturas y la violencia política sexual en la región ya suman miles de víctimas, en su mayoría mujeres, que han sido manoseadas, desnudadas, torturadas, violadas y asesinadas, por las fuerzas de represivas de los distintos países.

La actualidad de nuestra patria grande, plantea diversas aristas para pensar las formas de violencia política que puede adoptar el Estado y cómo desde esos escenarios, construimos colectivamente recursos que nos permitan afrontar y significar el horror y la desidia desde las acciones colectivas.

Indudablemente, reconocernos en la trinchera de las luchas que se nos presentan y las que se avecinan, como sujetas protagonistas, capaz de participar y dar batalla ante la avanzada imperialista, reformula los sentidos de tanta violencia perpetrada, y nos ayuda a reconstruir los tejidos sociales necesarios para sostenernos, desde la solidaridad, sororidad. Es allí, junto a otres, en lo colectivo, donde el padecimiento subjetivo encuentra la salida hacia la resignificación de una vida digna con un futuro más justo e igualitario para todes.

*Casiana es Licenciada en Psicología. Referenta de la Corriente Nacional Lohana Berkins Arg.
Ilustracion de Libertad Cuko García@libertadfree

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