Por Vane Mari*

Como todos los años hacemos un paréntesis para re-pensar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer que se conmemora cada 25 de noviembre pero este año en particular nos obliga a reflexionar desde otra perspectiva, con una mirada más amplia, más crítica y más integral.  Los estallidos sociales que se están sucediendo en la región nos atraviesan, nos interpelan y nos conmueven ver a América Latina de pie, a sus pueblos resistiendo desde las bases, desde donde nace la patria. 

Desde hace un tiempo el neoliberalismo viene arrasando en todos los territorios del continente, no disimuló ni un poco su odio y su desprecio a los pueblos y sus derechos conquistados, incluyendo los nuestros y no es casual que cuando las crisis sociales se recrudecen, somos las mujeres las que nos llevamos la parte más difícil, no sólo porque en contextos como estos, de represión y violencia, no nos permiten mencionar y avanzar en la búsqueda de nuevos derechos, sino que también quedan en retirada y sin garantías los que ya hemos conseguido.  Sin embargo, nadie recuerda que a través de los cuerpos femeninos se ganaron batallas, se extendieron ciudades, se procrearon los pueblos y pareciera ser que ese abuso y control del cuerpo femenino estaba justificado, el fin era la reproducción y evitar la extinción de los pueblos, por lo tanto, con el control de los cuerpos femeninos se garantizó la dominación y la estructuración social. 

Estos antecedentes nos ayudan a entender de manera histórica que la violencia sexual fue una de las primeras violencias en ser reconocida como tal.

El uso y abuso de los cuerpos femeninos claramente a los ojos de hoy es violencia y no hay discusión sobre ello, en palabras de Rita Segato, se puede entender a la violencia sexual  como el uso y abuso del cuerpo del otro sin que el otro participe con intención o voluntad comparable, es decir, que alguien se apropia del cuerpo de otro, de un cuerpo que no le pertenece.

Con estas definiciones y re-pensando el rol de la mujer a largo de la historia y de los pueblos, nos queda en claro por qué el cuerpo femenino fue y sigue siendo un campo de disputa, de lucha y posteriormente de conquista.

En todos estos años hemos dado pasos agigantados y la clave fue dejar de entender a la mujer como una extensión del hombre para empezar a mirarla como individua, como sujeta de derechos, incluidos los que son necesarios para juzgar algún tipo de violencia, para calificar de delito toda práctica que genere un atentado contra la integridad de la mujer, siendo el Estado el primer garante de esos derechos.

Pero si volvemos a mirar el contextos, podemos darnos cuenta que el neoliberalismo avanza y el estado se aleja, y por lo tanto ya no sólo no  responde por los derechos ganados sino que tampoco acompaña a los quedan por conquistar, tampoco genera políticas públicas destinadas a mejorar la calidad y el desarrollo de vida de las mujeres y en este sentido seguimos estando en un continum de dominación, ya no solo por el patriarcado sino también por los organismos del Estado, por los gobiernos de derecha cuya única función es profundizar con su incapacidad la ausencia de derechos, de llenar de consecuencias negativas todas las políticas de género vigentes , las cuales genera una doble violencia porque la retira del estado provoca efectos psicológicos adversos en la violencia contra niñas y mujeres.

Ampliando nuestra mirada y continuando con nuestro espíritu de lucha y convicciones no podemos pasar por alto cada 25 de noviembre, que en conmemoración a los asesinatos de las hermanas Mirabel en 1960 en República Dominicana,  se decretó en sus memorias desde 1981 el Día Internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres y en 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas definió a la violencia como “Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada.” 

La violencia no tiene fronteras y el feminismo tampoco, en cada pueblo, en cada injusticia nos abrazamos, nos consolidamos y seguimos batallando. 

 

*Vane es  Licenciada en Comunicación Social Universidad Nacional de Quilmes, Argentina.

 

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