*Por Noelia Díaz Esquivel

La “semillita” la plantaron cuando los y las niñas tenían tan sólo 6 años. En el libro Semillita del primer grado los niños «hablan fuerte, dicen palabras fuertes, son violentos en sus juegos» y las niñas «hablan suavemente y no pronuncian palabras fuertes, les gustan los juegos quietos». Hoy se cuestiona ¿por qué muchas mujeres dejan que se les pegue, por qué son sumisas?

En Estrellita, del tercer grado, se enseñaba sobre los deberes con la patria se instruía sobre la obediencia absoluta hacia las autoridades. En el mismo libro le instaban a los niños a ser valientes como los infantes de la Batalla de Acosta Ñu. Otro punto que no debe pasar desapercibido es que en este “material educativo” los modelos de niños y niñas son rubios rozagantes y sin duda esas no son características que corresponden a los/las paraguayas, en general.

Ambos libros entre otras cosas enseñaban que las mujeres se dedican al hogar, muy especialmente a la cocina y los hombres son los únicos proveedores. Solo basta con hacer memoria para tomar conciencia que todos los estereotipos se plantaron desde muy temprana edad. ¿Cómo esperar ahora que la sociedad, que la gente grande no discrimine, que no sea machista? si eso fue lo que se enseñó desde siempre.

Sin embargo, hace unos días se lanzó la edición limitada de los libros de lectura Semillita y Estrellita, en conmemoración a los 50 años de la aprobación vía resolución ministerial. “Con esta edición celebratoria de los 50 años de su primera aparición se rinde homenaje de gratitud y valoración a las autoras y con ellas, a tantos maestros que utilizaron con amor estos hermosos materiales”, explicaron desde el MEC.

“Traer un texto de 50 años tras, como la panacea educativa es muy grave”, dice la socióloga Ana Portillo. Reflexiona que la re impresión de dos libros de texto escolar estronista tiene todo que ver con la ausencia de una economía del cuidado de Paraguay. Ambos libros son aparatos ideológicos para instalar en las mujeres la creencia que el deber del cuidado es un sacrificio hecho con amor y que no debe ser retribuido y distribuido igualitariamente entre los géneros, sino que es una tarea natural de las mujeres.

Ana agrega que estos textos y muchos otros, incluso aún vigentes en la escuela actual, tienen un impacto impresionante. Recordó que tanto Semillita como Estrellita hicieron parte de la alfabetización de varias generaciones: “ambos textos se utilizaban en dos grados claves: el primero y el tercero, siendo el primer contacto de muchos y muchas con un libro de texto. Fueron instrumentos a través de los cuales se instalaron valores ideológicos y particularmente la idea de distribución de roles por sexo en el contexto de un régimen dictatorial”.

Sin embargo, hoy en otros países se cuestiona pedagógicamente dejar de lado aquellos sistemas educativos que giran en torno a la idea de un texto único. La escuela debería ser el espacio para un contraste de libros, de investigaciones, de posturas ideológicas, tendría que brindar un abanico de expresiones culturales y momentos históricos diferentes, donde el estudiante acompañado del docente pueda construir una mentalidad crítica, entender que existe diversidad de ideas y a partir de ello construir su forma de pensar.

 

*Ana Portillo fue entrevistada por el programa de radio feminista #LaBuenaYunta y sus palabras sirvieron de insumo para este artículo.

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