Por Daniela Poblete Ibañez*

¿Viste cuando te dicen que en el amor y en los sentimientos no intervienen la política o las ideologías? Crecemos pensando que el amor es algo íntimo, individual y puro. Y bajo ese discurso, muy bien elaborado por el heteropatriarcado, soportamos y vivimos las más grandes tristezas, sometimientos, discriminaciones, etc.

Vivimos pensando en la construcción de vínculos sexo-afectivos (parejas, chongues, cruch, tinderfrieds, etc) bajo una idea de amor hegemónica que se presenta como perfecta y placentera, pero que esta tremendamente cruzada por los preceptos del consumismo, clasismo, xenofobia, patrones de belleza, binarismo, etc. Es decir, la idea de amor que conocemos es una perfecta construcción de la alianza del capitalismo y el heteropatriarcado que esconde, detrás del velo del romanticismo, dispositivos de disciplinamiento y control como; monogamia, heterosexualidad, culpa, entrega, celos, etc. Estos dispositivos los vivimos como naturales. Muches ni siquiera se los cuestionan y dependiendo del lado que toca ejercerlo  te transformas en controlador o contralade, en violento o violentade y en el peor de los casos en femicida o en victima de femicidio. Asi es como el amor ha justificado históricamente grandes atrocidades, acciones de violencia extrema, individuales o colectivas.

Entonces, pensar que nuestros sentimientos no están politizados es otro de los mecanismos de control que no nos permite cuestionar nuestra forma de amar, o de cómo vamos forjando vínculos sexo-afectivos que tanto gusto nos traen. Cuando conocemos ha alguien y creemos sentir aquello llamado amor u atracción, se nos activan una serie de mitos que nos conectan con la romantización de dichas dinámicas de control. La fantasía del príncipe azul, la media naranja, el amor de la vida, el amor que duele, el sacrificio y la exclusividad sexo- afectiva nos ponen limites a las inmensidad que nos puede entregar conectarnos con un otre.

El feminismo ha llegado para cuestionar estas ideas y en esa senda estamos muchas y muches, queremos deconstruirnos y en la experiencia vamos desandando cada una de esas estructuras impuestas. Pero es necesario ir más allá, no es suficiente con comprender y reflexionarlo, también tenemos que militarlo y sacar el amor del closet para dejar de verlo como algo del ámbito privado y traerlo al ámbito público. Necesitamos que todes, todas y todos, en especial todos, cuestionen sus estructuras para abrir el abanico de posibilidades y no provocar esa otra frustración que nos hace sentir que chocamos contra una muralla cada vez que conocemos a alguien, cuestión que sucede sobre todo en los vinculos heterosexuales pero que en los vínculos no binarios también podemos encontrar.

El amor es un sentimiento cultural, social e histórico por lo tanto es dinámico y cambiante y se va entramando según los criterios y pensamientos de época. Hoy es indiscutible que el feminismo y la perspectiva de género ha ganado su lugar a la hora de pensar la sociedad que queremos, por lo tanto;  deconstruir y redefinir el amor es una tarea de la sociedad que, como todo lo que respecta a este tema, también es urgente.

Reinvindicar una nueva o nuevas formas de amor es un desafío colectivo que delega responsabilidades individuales a cada une de nosotres. El respeto, reconocer limites hacia el otre, ser un par, no  exigir renuncias, exclusividad, ni abnegación, entre otras cosas, es una meta que todes nos debemos poner.

Reaprender  amar y amarnos supone en primer lugar aceptarnos. Ser consciente que no somos ni el cuerpo perfecto, ni el engranaje perfecto para esa historia de amor idilica que sólo vemos en las películas. Tratar de conseguir ese ideal nos hace olvidar al otre y exigirle que esté al servicio del cumplimiento de una satisfacción personal. Lo que sucede es que, en general, las mujeres son las que renuncian a sus expectativas y terminan aceptando cuestiones que no desean en nombre del amor. A esto nos referimos cuando hablamos del sentido capitalista del amor, a esa relación asimétrica y desigual que somete y que vulnera.

Construir amor emancipado es una posición política que se decide adoptar, el feminismo te invita a ello. Amar de otra forma nos transforma, no le temamos a ese mundo desconocido de la libertad y militemos cada día ese hermoso camino de la deconstrucción que tanto hablamos.

*Daniela es editora en Argentina de Revista Emancipa. Integrante de la Red de Abogadas  Feministas y del Observatorio Contra el Acoso

 

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El amor que nos gusta

El amor que nos gusta (parte dos)

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