Por Andrea Ugalde*

Ciertamente, pensar y escribir hoy es hacerlo a partir del 18 de Octubre. En este irrenunciable gesto, es fundamental reconocer que esta revuelta se ha nutrido de un contenido político específico dado por los movimientos feministas. Si hoy lo político pasa por la disolución de las fronteras de lo esperado, por la inauguración de una temporalidad otra, por la denuncia de la implicación entre civilización y barbarie, por la potencia de los cuerpos que se juntan para quebrar la inercia neoliberal y la expropiación cotidiana de la energía vital, y por la actualización de la memoria de los pueblos para la re construcción de su genealogía, los movimientos feministas de Chile y Latinoamérica del último tiempo han sabido estar a la vanguardia. En el contexto nacional, se cuentan entre sus hitos más importantes el mayo feminista del 2018 y la Huelga General del 8 de marzo del 2019 (la marcha más multitudinaria post-dictadura de que se tenga registro). Dentro de las conclusiones del Segundo Encuentro Plurinacional de las que luchan 2020, figura categórico el hecho de que “la Huelga General Feminista del 8 de Marzo y el programa que defendimos en ella fue un hito que prefiguró los contenidos de la revuelta actual, dando al feminismo un rol catalizador de la movilización tanto en sus orientaciones como en los nuevos repertorios de protesta”.

Fuente: Memorarte

De esta manera, los movimientos feministas no sólo se inscriben en el registro de lo político al ritmo de estos agenciamientos, sino que también incitan a lo político mismo a proliferar en la diversidad de la experiencia concreta y atender a la multiplicidad de dimensiones en las que se desenvuelve la existencia humana. Así lo han demostrado las luchas contra la precarización de la vida, el endeudamiento y la explotación, contra el extractivismo y el saqueo de las riquezas naturales, contra la violencia sexual y la (in) justicia patriarcal, el racismo y la discriminación, y las luchas por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Estas son algunas de las dimensiones en las que se despliegan los feminismos, transitando y resistiendo también las paradojas propias de cada una. Esta semana, inaugurando el esperado mes de marzo y ad portas de un nuevo 8M, rodeado por sus mujeres, la ponzoñosa labia de Sebastián Piñera arremetió nuevamente. Esta vez, tenemos que escucharle decir, en medio de la promulgación de la ley Gabriela, que “a veces no es solo la voluntad de los hombres de abusar, sino también la posición de las mujeres de ser abusadas”, agregando que “tenemos que corregir al que abusa y también tenemos que decirle a la persona abusada que no tiene que permitir que eso ocurra”. Lo sabemos, las palabras de Piñera no resuenan en cualquier contexto. Por si fuera poco, además de ser el responsable de hacer sangrar cientos de ojos, el mandatario incursiona también en la estrategia de hacer sangrar nuestros oídos. Tras un poco más de cuatro meses desde la revuelta, con un 6% de aprobación y la peor crisis de DD.HH desde la dictadura (Informe Amnistía Internacional del 27 de febrero), el día anterior a esta declaración (1 de marzo), el presidente insiste en mostrarse como un bastión de la democracia. Tras asegurar que no dudará en utilizar la fuerza dentro de la ley y el Estado de derecho, sostiene que “si hay algo que ha caracterizado mi vida es un compromiso permanente, siempre, lo heredé de mis padres por la democracia y con el respeto a los derechos humanos”. Y aunque nuestro sentido común se sienta ultrajado, la coherencia de lo que dice salta a la vista gracias a lo que han dejado en claro los movimientos feministas.

Fuente: Memorarte

En las calles y en los libros se han enunciado de manera contundente la complicidad entre la democracia como sistema político y la violencia sexual. En 1988, la teórica feminista CarolePateman explica que la política, tal como la hemos conocido hasta ahora, está constituida sobre las bases de una ficción que una larga tradición de pensamiento se ha dedicado a consolidar: “la historia política más famosa e influyente de los tiempos modernos se encuentra en los escritos de los teóricos del contrato social”. Esta piedra angular de las teorías políticas modernas lleva inscrita a fuego la complicidad entre contrato y patriarcado. En efecto, el carácter de un contrato se decide en la capacidad de seres en igualdad de condición para asentir o disentir. En los sistemas políticos modernos esto significa, entre otras cosas, tener voluntad y libre albedrío para asentir el hecho de que nuestra libertad individual devenga obediencia, a cambio de la seguridad, protección y administración de nuestras vidas en pos de un ‘bien común’. Pero lo que no nos ha sido dicho en esta historia, según Pateman, es que este contrato social se basa en un contrato sexual que, además, explica la génesis de las democracias paradigmáticas occidentales. El contrato originario es para ella un pacto entre hombres que se unen en lazos de fraternidad y que consigue tener cohesión por medio del status que se adquiere por medio de la subordinación de las mujeres y la manipulación de su fuerza (re)productiva. Al referirse a este punto en el ya clásico Las Estructuras elementales de la violencia (2003), Rita Segato sostiene que “la violación es un acto de fuerza originario que sella un pacto entre hombres”.

Además de la lucidez con que ya varias pensadoras han visibilizado la implicancia entre política y violencia sexual, las luchas feministas han dado lugar a estrategias de visibilización y comunicación de estas intrincadas cuestiones, para que no quede lugar a dudas de su potencia transformadora y la urgencia de sus demandas. Este es el caso de la mundialmente replicada perfomance de Las Tesis El violador eres tú, que sintetiza magistralmente la complicidad entre la democracia que hoy vivimos, parangón de la civilización occidental, y su reverso de barbarie basado en la violencia sexual.

La necesidad de mostrar la complicidad entre el sistema político imperante y el pacto sexual que lo sostiene es urgente, más aún en el contexto constituyente en el que nos encontramos. Si es preciso, con peras y manzanas, y la imaginación política de los feminismos, ha de ser dicha, traducida, performada y vociferada. Porque sin nosotras, nunca más.

Andrea  estudió filosofía en la Universidad de Chile. Vivió 7 años en Argentina, y actualmente realiza estudios de doctorado en la Universidad de Barcelona sobre filosofía feminista.

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