Ilustración: malsalvaje.com

*Por Jazmín Duarte

Cuando en un caso de una denuncia de abuso sexual, no se toma la denuncia con la seriedad necesaria, no se aplica ninguna medida para hacer sentir segura a la persona agredida, y el agresor sigue viviendo su vida como si nada, dándole el mensaje que puede abusar impunemente de otra persona, no hay justicia. Cuando este tipo de accionar ocurre dentro de una institución que debería velar por el bienestar de sus miembros, como una institución educativa, se llama negligencia.

Eso fue lo ocurrido en el Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos (ISEHF) de la Compañía de Jesús referente al caso recientemente relatado   por una estudiante que fue abusada sexualmente por su compañero de clase, un seminarista Oscar Javier Britez Figueredo, que hasta hoy sigue en carrera para ser sacerdote dentro de la Congregación Espíritu Santo (Espiritanos). Como si fuera que nunca pasó nada, como si fuera que tiene las cualidades para estar al cuidado de niños, niñas y jóvenes. Como si fuera que no lo va hacer de nuevo.

La publicación de este hecho de forma pública causó un gran impacto en toda la comunidad educativa de la institución , de la cual yo formaba parte como funcionaria en el año en que ocurrió el hecho. Por sentirme parte de la institución y porque considero que necesitamos mejores procedimientos para manejar y prevenir la violencia en las instituciones educativas, estos son los errores que identifico en el manejo puntual de este caso de abuso:

  1. No tomar una denuncia con la debida seriedad: La institución recibió la notificación de un posible abuso entre estudiantes antes que la víctima denuncie formalmente. La institución quiso investigar por lo que entrevistó a ambos estudiantes queriendo escuchar sus “versiones” del hecho. La víctima, mujer, se rehusó reiteradas veces a contar detalladamente su abuso frente al director de la institución, un hombre. El agresor no tuvo problemas de contar su versión, donde relataba que fue una relación consensuada. El director decidió creer esa versión. No se acudió a ninguna psicóloga, no se animó a la víctima a denunciar a la policía.
  2. Juzgar y no creer a la víctima: Cuando la víctima va junto con sus padres a denunciar formalmente el abuso sexual frente a la institución educativa, luego de ya haberla denunciado frente a la congregación del agresor, el director se negó a tomar medidas ya que no creyó que la denuncia de la víctima sea real, porque no había pruebas. Se asumió que la versión del agresor era la verdadera, aunque éste tampoco presentó ninguna prueba, pero se consideró era más lógico pensar que “las mujeres suelen hacer un alboroto cuando se arrepienten de tener una relación sexual o quieren llamar la atención” (dixit víctima).
  3. Reconciliación como solución en casos de violencia y abuso: La solución planteada a la víctima por su denuncia fue hacer una mediación entre ambas partes para que el agresor le pida disculpas y así se solucione el “problema”. La víctima no aceptó, su salud mental ya estaba muy deteriorada y estaba con medicación.
  4. Culpabilización de la víctima: Los responsables de las congregaciones fueron avisados del caso sin consentimiento de la víctima. Como resultado de no tomar enserio la denuncia y por la misma cultura machista, los compañeros de ella, la mayoría seminaristas, recibieron la directiva de parte de sus congregaciones de tener “cuidado al acercarse a la víctima” para “evitar problemas”. La víctima fue responsabilizada del abuso y aislada.
  5. Re-victimización: No hubo notificación formal a los docentes ni intención de dar un espacio seguro donde dar clases a la víctima. Se asignó una persona que haga seguimiento emocional y espiritual al caso, para ambas partes la víctima y el agresor. Pero las clases continuaron como si nada y la víctima tuvo que seguir asistiendo a la misma aula donde iba su violador como si fuera que todo estaba bien. Con el tiempo ella fue la que falto a clases y bajó su rendimiento.

 

El mayor error de la institución que puedo extraer de este recuento es no haber garantizado la seguridad de la persona que denunciaba. La primera acción necesaria frente a un caso de abuso es garantizar la integridad y el bienestar de la persona que denuncia. En ningún momento se tomó la denuncia de la víctima con la seriedad necesaria, en otras palabras, no se creyó que haya existido un abuso y se actuó de forma de dar más bien protección e impunidad a un violador que seguridad y justicia a una mujer que denunciaba una violación.

Si bien el abuso ocurrió fuera de la institución, el hecho que ambas partes se conocían por ser estudiantes dentro del instituto y tenían que compartir tiempo y espacio en el lugar exigía un accionar más contundente de parte de la institución. Aún si no correspondía a la institución juzgar de “culpable” al agresor sí correspondía garantizar que por la mínima sospecha que haya ocurrido un abuso sexual entre estudiantes, o entre otros miembros de la institución educativa, ellos no tendrían que compartir más la misma aula o espacio. No se puede obligar a la víctima a contar con detalles un proceso de abuso sin una psicóloga o de forma reiterada, ni considerar medidas de solución el “pedir disculpas” o aislar a la víctima de sus compañeros para “evitar abusos” haciéndole sentir en el fondo que fue su culpa lo que le ocurrió.

Una denuncia de abuso sexual no es un juego, es un tema serio que tiene que tomarse con la debida gravedad. Si una persona denuncia el primer paso es creerle, dejando de lado cualquier prejuicio o suposición que uno tenga al respecto. Un accionar acorde implica en estos casos ofrecer orientación jurídica y psicológica a la víctima, ya que el sufrir un abuso es un proceso doloroso difícil de enfrentar que muchas veces la misma víctima no puede reconocer. Animarse a denunciar ya es de por sí difícil , la estudiante del caso relatado contaba con síntomas de ansiedad cuando denunció el caso. Una orientación a tiempo permite además que la víctima pueda denunciar no solo a la institución sino a la justicia quien es la que tendría que investigar el caso, y más aún en casos como este de abuso sexual, el denunciar a tiempo es clave para poder presionar que nuestra justicia, también negligente, se mueva.

Hay suficientes razones y casos de violencia  en universidades de nuestro país para que se redacten y apliquen protocolos de actuación y prevención de casos de violencia y discriminación en todas las instituciones educativas de educación superior. Universidades de todo el mundo como esta y esta , como también las jesuitas de otros países ya cuentan con estos protocolos: e inclusive jornadas de prevención de la violencia y la masculinidad tóxica:

Si una estudiante sigue denunciando desde hace 6 años que sufrió una violación de parte de un compañero de clases, claramente hubo un abuso. Mientras la justicia de nuestro país brille por su ausencia es deber del ISEHF, como la institución de espíritu crítico, compromiso social y con los derechos humanos que siempre se caracterizó por ser, reparar el daño cometido con la víctima en lo que le compete y asegurarse que un caso como este nunca más vuelva a ocurrir entre miembros de la institución.

 

 

*El recuento se realizó por medio de conversaciones con la víctima, así como la misma experiencia dentro del proceso de la persona que escribe.

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