Foto: Coordinadora Feminista 8 Marzo Chile

*Por Daniela Fernández

Estoy cansada, estoy cansada y lloro. Cuando el cansancio me invade me pongo profundamente sensible, sensible y caliente. Es como si el cuerpo se resistiera a seguir siendo explotado y buscara estallar por algún lado. Porque eso ha sido, puro trabajo, los más de dos millones que colmaron las calles, las cerca de cuatro palos de humanidades que se levantaron en los territorios, no salieron de la nada. Estos dos días de Huelga General Feminista no nacen de la nada, nacen de nosotras, de nosotres. Este cuarto del país manifestándose al unísono se construye, porque decidimos gritar, porque juntas cuestionamos nuestras vidas precarizadas y queremos cambiarlo todo.

Las flores en el pelo dan paso a las banderas negras, los suvenires se vuelven íconos de resistencia y las calles gritan y hacemos y exigimos desde nuestras realidades. Escupo en quienes dicen que esta lucha no es política, léanse los programas, resistan las asambleas, llórense las calles, escuchen el rugir, cállense la boca. Vean esas reuniones que levantamos mientras cuidamos, ese construir mientras abortamos, el correr a la asamblea después de echar a lavar ropa pal trabajo que siempre olvido adentro de la lavadora. Las peleas a las que elegimos darles protagonismo en nuestras vidas, aunque no quepan en el currículum.

Como buena cáncer, mientras marcho, siento, trato de tomar distancia y procesar lo vivido. Ha sido una montaña rusa desde la revuelta. Tener miedo, perderlo, activar, activar, activar. Buscar la forma de demostrar que resistimos, que estamos enloquecidas y organizadas, que vamos como una ola desbocada que arremete y arremete y arremete hasta cambiarlo todo. Hasta botarles las estructuras de este sistema que se forjó en base a la explotación de nuestros cuerpos, de nuestros dolores y alegrías.

Y ahí estamos con mis compañeras de lucha, tratando de hacer lo que nos dicen imposible, un programa y una agenda totalmente feminista, revolucionar la vida hasta que valga la pena vivirla y volcarnos a las calles, porque juntas somos más, tienen que saberlo, se los gritamos a la cara mientras nos disparan. Las minas, les mines les haremos la huelga y la marcha más grande que han vista en su vida. Somos históricas y lloramos. Ni el Papa tuvo este nivel de despliegue ¿Y qué hacemos después de esto? Lo que el patriarcado bien nos enseñó, criticarnos y abrazarnos, buscar que salga todo perfecto ¿existen estallidos perfectos acaso? Nos vemos en esa, paramos y disfrutamos y admiramos lo que hemos hecho y así nos vamos.

Nos enrostramos nuestros privilegios con tanta vehemencia como el patriarcado nos enseñó a tener y nos defendemos como gatas acorraladas y lloramos algunas, otras mantienen la templanza que se supone tiene la política. Luego nos recogemos con cucharitas, con tanta vehemencia como el feminismo nos enseñó a tener. Se aprende tanto en ese cuchareo! Este construir viene de cucharones gigantes, esos de las ollas comunes.

Aprendo de todo, las observo y admiro profundamente. Agradezco a mis compañeras por este sentir. Cabras, como sea, la estamos haciendo y sí, no somos perfectas, somos históricas, a seguir creciendo juntas. Gracias por darle sentido a este transitar, sigamos peleándola✊.

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