*Por Emancipa Colombia

En Bogotá, las esquinas nuestras vidas, los barrios nuestra decisión, la ciudad nuestra tranquilidad.

 Nos tomamos las calles, recorrimos las injusticias, gritamos por las que se fueron, clamamos por las que están, lanzamos granadas de furia, nos cuidamos entre nosotras.

Derrumbamos techos de cristal, cristalizamos la debilidad, encrucijamos  nuestro cohibir, empoderamos nuestra decisión y nos reivindicamos.

Crónica multiforme hecha a seis manos con uñas moradas de distinta tonalidad

8:30AM

Centro de memoria, paz y reconciliación.

Hace sol, posiblemente lloverá, pero el sol está bien a esta hora de la mañana. Las muchachas comienzan a llegar.

Se preparan para andar, inician con el rito hermoso de pintarse los labios, los ojos, las mejillas, los senos, los ombligos. ¡Qué fuertes se ven! No hay diente que no luzca más blanco enmarcado por una silueta morada. ¿Llegó la primavera morada y verde?

La primavera crece rápidamente. Antes de llegar al punto de salida, las mujeres ya se van encontrando en los repletos buses rojos. Se sonríen, saben que se dirigen al mismo lugar. El encuentro previo las alegra aún más.

Adentro, paredes de ladrillo dejan colar a través de pequeños cuadraditos perfectamente asimétricos lo que hay detrás: un lugar que guarda el anhelo de una memoria digna para las miles y los miles que han muerto en el marco de un conflicto armado que no cesa. El lugar se impone majestuoso para que quien lo vea, no olvide qué es lo que guarda.

Afuera, la primavera crece y el lugar en el que crece no es azaroso. Las guerras siempre han hecho de nuestros cuerpos un terreno de conquista, en Colombia por supuesto que no ha ocurrido una excepción. Este domingo en la mañana nos damos cita en ese lugar para honrar la memoria de aquellas víctimas de un conflicto que ha fracturado a nuestro país en miles de pedazos y esperamos que nuestra voz conjunta que se levanta, hable, grite y cante por aquellas a las que les quitaron la voz.

La calle comienza a ser nuestra. –Ahora que estamos juntas– Que suene el redoblante –Ahora que sí nos ven– y el bombo –Abajo el patriarcado–  miles de voces entonan –Se  va a caer–.

La primavera se encamina hacia el sur de una Bogotá desigual; en esas latitudes nos esperan otras compañeras que también cantan –Arriba el feminismo– con agogós y surdos  –Que va a vencer–.

10:00 am Santa Fe-

 

Si pasas por Santa Fe para conseguir Putas,

quiero decirte que:

 

Conmemoramos el 8M

Porque

Somos las putas, somos las trans, somos los trans, somos las maricas

Porque

soy una mujer, soy tía, soy hermana

soy PUTA

una mujer de la vida

soy calle y libertad

soy independiente

soy una mujer trabajadora social

Sí, así es

Trabajo, presto un servicio y recibo remuneración

y grito el 8M

porque

soy PUTA

porque

Merezco derechos laborales

Condiciones dignas

Salud integral

Garantías plenas

Porque

Tengo derecho a ser reconocida como trabajadora sexual

Porque

Quiero espacios libres de clandestinidad,

eliminar la vulnerabilidad

porque

busco la igualdad con mi cuerpo

y mi trabajo.

Porque soy PUTA y decido qué hacer con mi cuerpo.

Porque lanzo orgasmos de lucha y grito:

“Putas independientes”

Porque lamo discursos que dicen:

“La calles nos dio la libertad”

Porque mis tetas aúllan que:

“Siempre con la putería, nunca con la policía”

Porque:

“Las trabajadoras sexuales también trabajamos”

 

 

 

 

 

12:00 Restrepo

El amor es el opio de las mujeres, mientras nosotras amábamos los hombres gobernaban.

El 8 de marzo de 2020 fue la primera vez que una marcha feminista se tomó las calles de un barrio obrero y comercial en Colombia, después de habernos encontrado todas en un espacio común que rememora nuestra historia, de haber atravesado los espacios de una realidad que aún nos queda por conquistar, como lo es el reconocimiento y la dignificación del trabajo sexual femenino y de habernos enfrentado con furia y color a las instituciones religiosas y estatales que tanto nos violentan, llegamos por fin al punto final.

El barrio El Restrepo conoció la manifestación feminista de la ciudad, los y las trabajadoras, los y las residentes, los y las transeúntes del sector se juntaron todos en las aceras de las calles a observar las banderas, los carteles, los desnudos, las capuchas, las arengas, los mensajes, el mensaje. Desde adentro, nosotras nos enfrentábamos a sus distintas miradas, entre las cuales, además, se encontraban las de miles de mujeres trabajadoras que cumplidamente, un domingo en la tarde, aprovechaban la movida comercial para agitar sus negocios o los de sus patronos.

Que una marcha feminista haya pasado por un barrio obrero y popular no es un hecho de menor significancia, visitar esos espacios es un ejercicio necesario para el movimiento feminista, porque entre otras cosas, nos refresca y nos enfrenta con la realidad de algunas de las reivindicaciones que llevamos por bandera: la profunda desigualdad económica de un país que recarga con más peso a las mujeres, la feminización de la pobreza, la economía del cuidado, la brecha salarial, los pesos del género y de la clase.

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