Ilustración: Analú Lezcano @dibujos.analu

 

Por Daniela Poblete Ibañez*

La pandemia del coronavirus ha dejado al descubierto una serie de problemas estructurales que sostiene el capitalismo a nivel global. Por supuesto que el primer sector que entra en crisis es el de la salud pública y, en países donde el neoliberalismo es profundo y gobierna, las tensiones empeoran.

Pero otro factor estructural de la sociedad y cultura capitalista es la desigualdad de género que en tiempos de normalidad es durísima y en tiempos de crisis cruje exponencialmente poniendo en riesgo nuestra integridad física, psicológica, simbólica, económica, etc. Una situación que agrava la desigualdad en tiempos de pandemia son las condiciones de vulnerabilidad a la que somos sometides, siendo la pobreza una de las más tremendas, porque no es lo mismo ser pobre y varón que ser pobre y mujer.

Por ejemplo las tareas de cuidado. Con la explosión de la pandemia son las mujeres las que asumen principalmente las tareas de cuidado. Constantemente las feministas hablamos de la distribución desigual de las tareas de cuidado sometiéndonos, en muchas ocasiones, a doble jornada de trabajo o a trabajos precarizados por tener que hacernos responsables de estas tareas que, dentro de la estructura patriarcal, se entienden como naturales para mujeres, niñas, adolescentes y también gays, travestis y trans.

Pero no sólo realizamos las tareas de cuidados no remuneradas. También, en un alto porcentaje somos mujeres las que asumimos los trabajos de cuidados remunerados producto de la división sexual del trabajo que perpetúa estereotipos de género y vulnera derechos laborales.

Por eso se necesita, incluso en situaciones como ésta, implementar políticas públicas que tomen en cuenta cómo afecta el brote de estas enfermedades según el género, porque reproducir la desigualdad en estos casos extremos es  también vulnerar de manera extrema derechos y dignidad de las/les que siempre son postergadas/des, excluidas/es, violentadas/es o invisibilizadas/as por razones de género. Es urgente que se analice el impacto de las cuarentenas y aislamiento social a los diferentes géneros y de esa forma poder reconocer y atender las necesidades en igualdad de derechos entendiendo que no somos iguales en género. La perspectiva de género debe ser incluida en las variables de análisis para proponernos objetivos más acorde con la realidad de miles de mujeres que hoy están expuestas a situaciones graves como, vivir la cuarentena o aislamiento social con su agresor o abusador, abandonar jornadas de trabajo precarizado para cuidar niñes que no están asistiendo a las escuelas, exposición al virus por no contar con un trabajo que le permita quedarse en casa y estar a cargo del cuidado de mayores de 60 años, o mujeres que deben resolver a diario situaciones sanitarias como no contar con agua potable en sus casas.

Por otro lado, debido a que la naturalización de las tareas de cuidado sea realizada por mujeres, tanto en el ámbito productivo como reproductivo, es que estamos más expuestas al contagio de virus y bacterias que afectan la salud.

Estas cuestiones y otras deben ser tomadas en cuenta por los gobiernos en el diseño de medidas contra la pandemia y en el de políticas públicas destinadas a mitigar el impacto de la crisis en los sectores más vulnerabilizados. En ocasión de la situación provocada por el COVID19 (1); ONU mujeres realizó un informe que abarca estos puntos y recomienda, entre otras, lo siguiente:

  1. Asegurar la disponibilidad de datos desagregados por sexo y el análisis de género.
  2. Plantea que, “asegurar la dimensión de género en la respuesta requiere destinar recursos suficientes para responder a las necesidades de las mujeres y niñas”
  3. Implicar a las mujeres en todas las fases de la respuesta y en la toma de decisiones nacionales y locales.
  4. Asegurar la atención de las necesidades inmediatas de las mujeres que trabajan en el sector sanitario.
  5. Impulsar consultas directas con organizaciones de mujeres.
  6. Adoptar medidas para aliviar la carga de las estructuras de atención sanitaria primaria y garantizar el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluida la atención sanitaria prenatal y postnatal.
  7. Adoptar medidas directas de compensación a trabajadoras informales, incluyendo trabajadoras sanitarias, domésticas, migrantes y de los sectores más afectados por la pandemia.
  8. reconocer, reducir y redistribuir la sobrecarga de trabajo no remunerado que se produce al interior de los hogares por cuidados
  9. Promover estrategias específicas de empoderamiento y recuperación económica de las mujeres, considerando programas de transferencias monetarias.
  10. Asegurar la continuidad de servicios esenciales para responder a la violencia contra las mujeres y niñas,
  11. Tener en cuenta las necesidades diferentes de las mujeres y los hombres en los esfuerzos de recuperación a mediano y largo plazo.

Vivimos en Argentina

En Argentina, afortunadamente, se han tomado medidas sanitarias oportunamente que han evitado que el virus se propague. Hasta el cierre de este escrito el avance de la pandemia no ha superado la fase 1 lo que indica que las medidas adoptadas han sido acertadas y que el nivel de aceptación por parte de la sociedad ha sido exitoso.

Además de las medidas sanitarias el gobierno ha tomado una serie de medidas económicas, sociales y laborales. Algunas de estas impactan directamente al mundo a mujeres y otros géneros lo que afortunadamente nos pone en un buen punto de inicio para pensar la perspectiva de género en casos de crisis.

En primer lugar cuando se determinó la suspensión del ciclo lectivo se determinó la entrega de licencias a todas, todos y todes las agentes del sector público y privado con trabajo registrado, que tengan hijes menores escolarizados. La licencia se otorga a una de las dos personas que ejerza la responsabilidad parental o sea el adulto a cargo del niñe. Esta medida, que parece ser en general, colabora con la sobrecarga de trabajo para mujeres, principalmente porque está naturalizado que son las “madres” quienes tienen que hacerse cargo del cuidado de niñes porque “con la madre siempre van a estar mejor”. Es probable que esto suceda, pero no porque las mujeres tienen un don mágico, sino porque socialmente a las mujeres se las prepara para el trabajo reproductivo y a varones para el productivo. De esta forma se confina a mujeres al mundo de lo privado y se las hace responsable del bienestar y salud del círculo íntimo con el que convive.

En Chile, por ejemplo, producto de esta pandemia un sector de las mujeres que trabajan tienen el privilegio de poder hacer el aislamiento social voluntario que ha solicitado el gobierno acordando con sus empleadores realizar teletrabajo. De esta forma se solucionó el conflicto del cuidado de les niñas, niñes y niños tras la suspensión de clases. Pero ahora tienen la responsabilidad de trabajar desde casa, estar atenta a sus hijxs y además son las responsables de pasar los contenidos obligatorios que envía virtualmente el Ministerio de Educación a las casas para que les chiques sigan recibiendo educación.

Por eso es que la medida de una licencia con goce de haberes para cuidar en casa cobra tanta importancia y podemos evaluarla como positiva desde el filtro de la perspectiva de género. Si bien, se debe cambiar la estructura patriarcal  que condena a mujeres y niñas a la obligación de las tareas de cuidado, este objetivo es una tarea que debe asumir la sociedad, el Estado, partidos políticos, medios de comunicación, etc. Mientras tanto y en épocas de crisis, alivianar la carga de tareas a un género que pasa del ámbito reproductivo al productivo y viceversa, es una medida positiva desde la mirada feminista.

Por otro lado, también el gobierno Argentino otorgó un bono de 3.100 pesos a beneficiaries de la asignación universal por hijo (AUH) y embarazo. Si bien la AUH es un derecho para niñas, niñes, niños y adolescentes, también es cierto que es tramitado y administrado por las y los adultos responsables de estos. Esta asignación es entregada en un 97% (2) a las madres, lo que se traduce en un ingreso que permite asumir parte de los costos que trae consigo el cuidado de niñas, niñes, niños y adolescentes. No es el objetivo de este artículo pero es interesante leer trabajos y reflexionar en torno a cómo estos aportes son una gran ayuda en lo económico pero refuerza aún más el rol de cuidadoras de las mujeres y no permite el desarrollo de la autonomía económica de estas, principalmente por la falta de políticas públicas que apunten hacia este objetivo. Sin embargo, esta medida ha significado un gran aporte para mujeres que estando embarazadas o teniendo hijas, hijes e hijos a cargo, están precarizadas en sus trabajos o tienen trabajos por horas, entre otras situaciones. La cuarentena voluntaria no fue opción para estas mujeres y la cuarentena obligatoria les significa no poder percibir los recursos que mes a mes consiguen en trabajos de explotación.

Una tercera medida que sí apunta directamente a mujeres es el refuerzo y la intensa campaña de difusión que se ha hecho para que se denuncie y se proteja a mujeres que por razones de la cuarentena hayan quedado confinadas a vivirla con su agresor. Esta medida es determinante en el resguardo de la integridad física y la vida de estas. Para esto el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad ha desplegado a través de medios de comunicación masiva y de redes sociales toda la información necesaria sobre números y mail de contacto en caso de que alguna mujer viva una situación de violencia. El llamado a es a comunicarse y denunciar.

Concebir la construcción del Estado con perspectiva de género es pensar las políticas públicas con la premisa de que no todes somos iguales pero que si tenemos igualdad ante la Ley y derechos. Suponer que la neutralidad es equitativa e igualitaria es un error que un género tiene privilegio sobre otros significa que el acceso a los derechos no es igual y por lo tanto una política neutral se vuelve también un privilegio para el género masculino.

En tiempos de crisis la perspectiva de género aporta. Las medidas tomadas y analizadas, entre otras que no estan nombradas en este artículo, probablemente no fueron pensadas con esta mirada pero es bueno reconocer que un gobierno que pone en el centro a los los derechos nos facilita la tarea. Cuando salgamos de esta crisis, o mientras la transitamos, el feminismo puede aportar con su perspectiva y de esa forma ayudar a que el impacto que esta tiene sobre la población no sea mayor en mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries.

Por último, quedémonos en las casas y démosle la pelea al virus!!

*Daniela es editora en Argentina de Revista Emancipa. Integrante de la Red de Abogadas  Feministas y del Observatorio Contra el Acoso

(1) file:///C:/Users/dpobl/Downloads/ONU%20MUJERES%20Y%20COVID%2019.pdf

(2) https://www.anses.gob.ar/informacion/datos-abiertos-asignaciones-universales

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