*Por Jazmin Coronel Bejarano

Paraguay es un país donde se ha demostrado en innúmeras oportunidades que es una nación en constante y al parecer, eterna, transición a la democracia.
Desde que cayó la dictadura en 1989, hemos tenido caudillos que alentaban a un fascismo con discurso nacionalista como el fallecido Lino Oviedo, hasta “héroes” como Payo Cubas, sin más contenido que un cinto en la mano y una materia fecal en un escritorio (Que resultaría incluso poesía política si el héroe en cuestión propusiese una destrucción total del sistema actual y no solo pelearse a las trompadas en el parlamento). Riera, uno de los últimos ministros de educación, cuando los estudiantes pedían con claras consignas una mejor gestión respondió que necesitaban “cantar el himno”.
Así que el discurso unísono de los grandes medios y del gobierno, de nacionalismo y garra guaraní, huele a rancio y suena repetido.
Hoy, en plena crisis del coronavirus, tenemos al frente a un heredero directo del stronismo como presidente y a un ministro del interior que cada vez más hace dudar si estamos en los 70 o en el 2020.
En cada conferencia de prensa que da, Euclides hace una demostración de, si se quiere ser ingenua, su enorme ignorancia o, si se asume que es un hombre preparado intelectualmente para el cargo, su más peligroso fascismo. De todos modos, es llamativo que en pleno 2020, Acevedo siga creyendo que la violencia y los traumas son una buena herramienta pedagógica o que haya contribuido en desarrollo de una sociedad sana y conocedora de sus derechos y obligaciones. Tantos años de mano dura y autoritarismo demuestran que la violencia no es efectiva para combatir la corrupción o la ignorancia.
Lo preocupante de estas conferencias de prensa es que sus palabras de “garrotear” a las personas son en sentido literal y, coincidentemente, a personas de escasos recursos y en situación de calle, en donde no solo se los garrotea si no que se los humilla obligándolos a hacer ejercicios frente a cámara repitiendo “Ya no salgo de mi casa” (como si la tuviera) o se los persigue como psicópatas con picanas eléctricas.
Por otro lado, sabemos que a Euclides, la capacidad de diálogo no le falta. A empresarios pide “por favor” que cierren sus negocios, que “por favor” piensen en lo que perderán sin el capital humano. Prioridades y perspectivas de cómo y a quiénes pedir que se cumplan las órdenes sanitarias que el gobierno ha ordenado, también tiene el ministro del interior.
La garra guaraní no me convence, los guaraníes fueron y son violentados diariamente, y absolutamente ninguneados por el Estado. La garra guaraní solo es recordada cuando jugamos un partido en la copa, o cuando se la usa como excusa para violentar a los más pobres. La garra guaraní agrede a los compatriotas que quieren volver a casa. La garra guaraní en realidad cuenta una historia en donde los paraguayos salimos heridos siempre.

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