Por Daniela Ansaldo*

El temor al contagio así como el encierro, la cuarentena y el aislamiento social son experiencias que pueden llegar a ser desestabilizadoras para la mayoría de nosotros, pero el foco en las mayorías a veces quita visibilidad a la particularidad de algunos casos. El  que nos mueve en estos días es el caso de los trabajadores de la salud, un colectivo mayoritariamente conformado por mujeres, que merecen una especial atención.

El “trabajo de cuidado”, que realiza el personal de salud, es una labor exigente y falta de reconocimiento y que porta la posibilidad de causar sufrimiento psíquico incluso en tiempos sin Covid. En esta actividad se deben poner en juego capacidades y esfuerzos importantes para poder afrontar lo relacionado al dolor y a la contingencia, estos esfuerzos pertenecen al campo de lo subjetivo, no se ven.

Una crisis sanitaria no es algo nuevo para estos trabajadores, sin embargo, lo inesperado, y la magnitud de esta pandemia es lo que nos pone en alerta respecto al aumento de las demandas y el costo que esto podría tener en su salud. Muertes de pacientes y sobrecarga por las carencias de dotación angustian a los trabajadores de forma mucho más intensa, además de no contar un tiempo y espacio para elaborar y dar sentido. Es justamente el sentido del trabajo lo que entra en crisis,  su compromiso por cuidar, asistir y perpetuar la vida, es puesto a prueba por la falta de protección y de recursos para hacerlo. Los trabajadores de la salud se juegan en esta pandemia algo más que su salud física.

Por otra parte, la exposición al contagio produce miedo ya que los trabajadores se ven confrontados a su propia vulnerabilidad. La psicopatología del trabajo ha dedicado varios estudios evidenciando que las y los trabajadores requieren generar estrategias para poder sobrellevarlo, destacan aquí los estudios con perspectiva de género de Pascale Moliniere en Francia o de Miriam Wlosko en Argentina, que dan cuenta de importantes diferencias.

El miedo en el trabajo es una vivencia compartida y requiere de formas colectivas para ser elaborado, a esto denominamos estrategias de defensa colectiva del trabajo, sin ellas simplemente habría labores que por su peligrosidad no podrían ser realizadas. Las estrategias de defensa colectiva son diversas, encontramos ahí por ejemplo las novatadas, el recurso al humor colectivo, acciones creativas y performance, pero también lamentablemente nos ha tocado asistir a equipos donde el sadismo, las rivalidades y malos tratos permiten evadirse de los temores que les genera su sistema de trabajo.

El trabajo de cuidado requiere también de defensas ante el malestar, dijimos anteriormente que es un rubro feminizado y sin hacer una apología a la mujer, podemos enunciar que la cooperación es una estrategia que se encuentra con frecuencia en este sector.  En nuestro país, por ejemplo, hemos visto el despliegue de ingenio en la producción de mascarillas o vestuarios de protección, dramatizaciones y performance durante los turnos, o la identificación con el valor del heroísmo,  el aplauso ciudadano ha sido respuesta a ello. Sin embargo, este aplauso que reconoce el esfuerzo también hace alianza en la negación del miedo y a consecuencia de dicha negación pueden darse excesos, tanto del cuerpo como de los afectos para dar continuidad a la actividad.

Si no hay mecanismos  que hagan de límite, las estrategias defensivas también pueden colapsar, dando paso a problemas psicológicos y/o psicosomáticos: angustia, depresión, trabajolismo, parálisis, anestesias o desmayos fulminantes, problemas sexuales, además de nefastas salidas como el consumo de drogas, la transgresión moral o el suicidio. En estos días ya hemos sido advertidos de consecuencias gravísimas en los países que llevan mayor avance del virus.

¿Cómo se puede colaborar con el personal de salud?

La ficción subjetiva que promueve el neoliberalismo nos había hecho olvidar que la fragilidad es parte de nuestra condición humana, tenemos límite, y pareciera que esta pandemia ha sido un tremendo recordatorio de aquello.

Los trabajadores de la salud merecen reconocimiento pero no es nada bueno poner sobre ellos la trampa del heroísmo, los trabajadores del cuidado requieren de nuestra atención y cuidado hacia ellos, sobre todo de las autoridades sanitarias. Para ello no basta con quedarse en las formas y hacer responsable a cada trabajador de su bienestar, es cierto que cada uno debe cuidarse, pero la vorágine de la sobreactividad suele nublar el autocuidado por tanto será fundamental el cuidado mutuo, autoridades, jefaturas y compañeros(as) tienen un rol fundamental en generar un marco de cuidado para este desafío.

En nuestra experiencia es justo allí donde en diversos lugares de trabajo observamos enormes problemáticas: pasividad de jefaturas y silencio de compañeros(as) ante las dificultades de un trabajador(a). Nuestro objetivo es recordar lo importantes que somos cada uno para el bienestar no solo propio sino también del otro. Recordar también que desde la Institucionalidad se requiere más cuidado y menos burocracia, hay detalles que son necesarios: agua disponible, comida (nutritiva), condiciones para el descanso, gratitud y buen trato son asuntos que hoy marcarán una enorme diferencia.

Fuentes y apoyos a la reflexión

Escucha clínica principalmente a trabajadoras de la salud ambulatorio y hospitalario público y privado.

Christophe Dejours e investigadores(as): Psicopatología del Trabajo (2014), Trabajo Vivo Tomo I y II (2012), Trabajo y desgaste mental: ensayo de psicopatología del trabajo (2000).

Pascale Molinier (2005): “Le care à l’epreuve du travail. Vulnerabilités croisées et savoir-faire discrets”, en Laugier, S. y Paperman, P. (dir.) Le souci des autres. Éthique et politique du care. Paris: Raisons Pratiques, EHESS.

Reportajes de noticieros: https://www.eluniversal.com.mx/mundo/enfermera-se-suicida-por-miedo-infectar-otros-de-covid-19-en-italia ; https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/temuco-los-costos-de-una-guerra-silenciosa/LLU3LR7UK5D3HJ4ZZABETECJGE/ ; https://www.eldiario.es/internacional/Italia-coronavirus_0_1009999840.html

 

*Daniela Ansaldo Ibarra, psicóloga, directora Trayectos Vivos. Contacto: clinica@trayectosvivos.cl

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